Andrés Manuel López Obrador, el abanderado a la Presidencia de la República por la coalición Juntos Haremos Historia, logró la victoria en su tercer intento. La tercera es la vencida, dijo una y otra vez desde que inició la construcción de su partido en 2013, enfilándose a contender en el que sería su último esfuerzo por alcanzar el triunfo.

Este 1 de julio lo logró y el tabasqueño le dio, por primera vez en la historia del país, el triunfo a la izquierda mexicana.

El hombre que vivió con los chontales, el hijo de Tepetitán, Macuspana, Tabasco; el mesías tropicaltan temido y odiado por sus detractores y adversarios políticos consiguió ayer una contundente victoria, pero el camino no fue fácil. Estuvo lleno de piedras desde que era joven y se inició en la política por allá en 1977.

SinEmbargo presenta  un perfil sobre el hombre que encabezará el destino de México durante los próximos seis años. Un líder con claroscuros, con amigos y enemigos. El hombre que para unos es un dictador comparable a Hugo Chávez y para otros es la esperanza de un cambio radical para el país, severamente dañado por los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y del Partido Acción Nacional.

Ciudad de México, 2 de julio (SinEmbargo).-“A Palacio o a La Chingada”, sonríe, hace una pausa mientras señala con su dedo Palacio Nacional en el Zócalo de la Ciudad de México. Luego aclara: “a Palenque, Chiapas, pero yo creo que va a ser a Palacio porque la gente quiere que haya un cambio verdadero. Aquí vamos a estar despachando desde el 1 de diciembre de 2018 para servir al puedo de México”.

Es la entrada del documental autobiográfico “Esto soy”  que presentó Andrés Manuel López Obrador en diciembre de 2017, siete meses antes de ganar las elecciones de este 1 de julio y un año antes de sentarse en la silla presidencial.

La pesadilla para unos y el sueño por la conquista del poder para otros se cumplió: el tabasqueño, originario de Macuspana, Tabasco es el Presidente de la República electo en los comicios más importantes de la historia de México. López Obrador, quien contendió por la Presidencia en 2006 y 2012 y que logró entre las dos elecciones más de 30 millones de votos, obtuvo la victoria tan acariciada después de casi 40 años de lucha social, de un infarto, de construir un partido después de la derrota frente a Enrique Peña Nieto y andar una y otra vez por los pueblos y caminos del país.

“Este es mi plan B, porque ya no competiré para ningún cargo, voy a quemar mis naves”, asegura en su documental al hablar de un hipotético caso de no ganar la elección.

El candidato de Morena inicio la jornada electoral de ayer depositando su voto en una casilla cercana a su domicilio de Copilco en la Ciudad de México. Votó, dijo, por Rosario Ibarra de Piedra para Presidente. Horas más tarde confirmó que la mayoría de los mexicanos votó por él. Foto: Cuartoscuro

Pero la hora de quemar las naves para Andrés Manuel López Obrador aún no llega y le esperan seis años por recorrer como jefe del Ejecutivo de un pueblo que este domingo decidió entregarle la banda presidencial con una arrolladora mayoría.

Andrés Manuel, el “Peje”, aseguró una y otra vez durante sus tres campañas presidenciales: “soy Peje, pero no lagarto” y a su pegajoso eslogan le agregó que sus principales valores son: “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.

Su reto y misión ahora, dice en entrevista Antonio Solá, quien fue el principal estratega de la campaña del miedo en su contra en 2006 con la frase “AMLO es un peligro para México”, es cumplir lo que prometió sin importar si las medidas son populares o no.

En 12 años López Obrador evolucionó, considera el estratega político, y la sociedad mexicana también.

“A efectos de percepción pública López Obrador ha ido progresivamente corriéndose al centro y tiene una actitud más moderada”, dice en entrevista con SinEmbargo.

Entre 2006 y 2018 Andrés Manuel también convenció a Solá de que su llegada a la Presidencia de la República, no representa ningún peligro.

El estratega español ahora afirma: “AMLO ya no es un peligro para México”, y asegura que las elecciones de 2018 fueron decididas por la ira, en contraste con la de 2006, en donde el miedo fue la emoción que movió a los mexicanos que acudieron a las urnas, así como una estrategia de campaña equivocada del tabasqueño.

“Lo que tiene que hacer es gobernar y gobernar bien, y para eso no tiene que gobernar con las encuestas; tiene que hacer lo que ha prometido y cumplirle a los mexicanos. Que sea su Gobierno el principio del fin de la inequidad de la pobreza y la corrupción. Eso es lo que tiene que hacer. Si eso le da popularidad muy bien, si no le da que pena. Que gobierne bien, que para eso los pueblos ponen a los mandatarios en ese lugar”, dice el estratega.

Sus detractores aún siguen convencidos de que López Obrador representa un peligro. Que con su personalidad “mesiánica” y “autoritaria” llevará a los electores mexicanos a arrepentirse de inmediato de haber votado por él el 1 de julio, mientras que sus amigos aseguran que el tabasqueño jamás ha sido el dictador que pintan sus adversarios, que es un líder genuino que tiene como defecto y virtud la terquedad.

Andrés Manuel López Obrador en una imagen tomada el 21 de noviembre de 1999, cuando ya era candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Foto: Inti Vargas, Cuartoscuro

I

MACUSPANA

La casa en donde nació Andrés Manuel en Tepetitán, Tabasco el 13 de noviembre de 1953 está en ruinas. De paredes roídas, sin puertas y ventanas en pie, guarda en su interior los ecos de la numerosa familia del tabasqueño. De su padre Andrés López Ramón, la de su madre Manuela Obrador y la de sus seis hermanos.

“Manuela, Manuelita Obrador, se embarcaba en un cayuco, se metía en los arroyos, en las lagunas y en todas las orillas vendía mi madre mercancía. Se iba hasta una semana, 10 días con el cayuco lleno de mercancía”, cuenta Andrés Manuel en su documental autobiográfico y luego viaja hasta el río en donde se bañaba con sus hermanos y sus amigos para escuchar de nuevo la voz –y recrearla– de su madre gritándoles al caer la tarde desde la  puerta de la tienda de abarrotes y novedades que tenían: “Andrés Manuel”, “José Ramón”.

López Obrador muestra Tepetitlán, el origen y la cuna de los siete hijos que tuvieron sus padres, de los cuales él fue el mayor: Andrés Manuel, José Ramón, José Ramiro, Pedro Arturo, Pío Lorenzo, Martín Jesús y Candelaria Beatriz y Martín Jesús.

Seis hombres y una mujer, criados entre la mercancía de la tienda, los arroyos y el verdor del paisaje de una comunidad de un poco más de 500 viviendas.

Los abuelos maternos de López Obrador eran originarios de España y los paternos de Veracruz.

“Corría por sus venas sangre blanca, india y negra. A mucho orgullo, jarochos de la cuenca del Río Papaloapan”, narra Andrés Manuel en su autobiografía “Este Soy”.

En Tepetitán el entonces niño Andrés estudió en la escuela primaria Marcos E. Becerra.

Desde pequeño López Obrador fue aficionado al beisbol, deporte que practicaba con sus hermanos y amigos de la primaria.

Simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador festejan en las calles de la Ciudad de México, luego de que José Antonio Meade y Ricardo Anaya reconocieran su derrota en las urnas. Foto: Cuartoscuro

En la biografía “Andrés Manuel López Obrador y su Morena” publicada en el libro “Los Suspirantes”, el periodista Jorge Zepeda Patterson narra que el tabasqueño para poder estudiar la secundaria tuvo que desplazarse dos horas de distancia de esa época y caminar una brecha de 15 kilómetros “entre lodazales” para poder llegar a su casa.

Zepeda cuenta la vida de Andrés Manuel a través de los apodos: “El Molido”, “El Monaguillo”, “El Americano”, “Piedra”, “Lesho”, hasta llegar a “Peje”.

Cada uno enmarcado en un momento importante en la trayectoria del tabasqueño y narra –cuando le apodaban “El Americano” y era un jovencito de 15 años – cómo López Obrador vio morir a su hermano José Ramón, luego de que a éste último se le disparara una pistola que le habían dado a su padre en prenda por una deuda.

“Ramón, de 14 años, cortó cartucho pero quitó el cargador, con lo cual se creía a salvo para hacer piruetas de pistolero. En el proceso el arma escapó de sus manos, cayó al suelo y disparó el tiro que quedaba en la recámara: entró por el cuello del joven y salió por la sien en trayectoria de abajo arriba. Murió en el acto. Andrés Manuel estaba a cinco metros, en la caja, y vio la escena pasar ante sus ojos”, escribe Zepeda.

A raíz de la tragedia, el joven López Obrador se volvió taciturno, cuenta. Ya para 1973  obtuvo una beca para estudiar Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se vio en la necesidad de trasladarse de Tabasco a la Ciudad de México e instalarse en la Casa del Estudiante Tabasqueño, en donde compartió hospedaje y alimentación con otros 80 muchachos.

Hasta la UNAM llegó un día Manuelita, recuerda Andrés Manuel en su autobiografía, para cerciorase de que estuviera estudiando.

Manuela Obrador se paró frente a la ventana del aula en donde su hijo tomaba una clase y lo observó.

“De repente estaba yo en clases y la veo viéndome en la ventana. Volteo y salgo rápido […], la abracé y ella se dio cuenta que sí estaba estudiando de milagro, porque para los estudiantes de escasos recursos es muy difícil terminar una carrera”, cuenta Andrés Manuel.

Aunque López Obrador reside en la Ciudad de México en la actualidad, el campo lo atrae como cuando era niño y gusta de irse a “La Chingada”, su rancho en Palenque, Chiapas, a meditar entre los árboles y a ejercitarse.

“Muy pocos saben esto: se llama ‘La Chingada’ por Genevevo de la O, un dirigente zapatista que tenía un rancho y le puso así. Que cuando pasaba le decían: ‘¿a dónde va Don Genovevo?’, y él contestaba: ‘ya me voy a La Chingada’. Por eso le puse así”, confiesa en su autobiografía.

El tabasqueño fue electo Presidente de la República en los comicios más importantes de la historia de México. López Obrador, quien contendió por la Presidencia en 2006 y 2012, y quien logró entre las dos elecciones más de 30 millones de votos, obtuvo ayer la victoria después de casi 40 años de lucha social. Foto: Cuartoscuro

II

LA CHONTALPA

En 1977 Andrés Manuel regresó a Tabasco e ingresó a las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y se sumó al equipo de la candidatura para Senador de la República del poeta Carlos Pellicer. Tenía 23 años. Andrés también impartió algunos cursos de pedagogía en la Universidad Autónoma de Tabasco, donde conoció a quien fuera su primera esposa y madre de sus tres hijos más grandes: Rocío Beltrán Medina.

Ese mismo año el tabasqueño fue designado delegado del Instituto Nacional Indigenista (INI) para La Chontalpa, Tabasco a la par que colaboraba en la campaña de Enrique González Pedrero por la gubernatura de la entidad.

El joven político se instaló en Nacajuca y empezó a trabajar con los chontales y, al mismo tiempo inició la conquista de Rocío, quien vivía en Villahermosa. Se casaron en 1980 y la joven pareja se instaló en una pequeña vivienda en La Chontalpa donde nació su primogénito un año después: José Ramón López Beltrán.

“En las comunidades indígenas me formé como luchador social. En la zona maya chontal tomé conciencia de los que es trabajar desde abajo y con la gente pobre”, dice Andrés Manuel en su reciente autobiografía elaborada para el documental que le produjo Epigmenio Ibarra.

Lorenzo Meyer Cossío, historiador e investigador de El Colegio de México (Colmex), afirma que no se podría explicar a López Obrador sin su experiencia con los chontales.

El joven, argumenta el investigador, hizo en sus inicios todo lo contrario a lo que un aspirante de la política hubiera hecho: tomó un trabajo de poca importancia para el resto de los políticos y se fue a La Chontalpa a vivir con los indígenas.

“Andrés Manuel hace una carrera desde lo opuesto. Nunca alguien que quiere llegar a ser un político importante en México, hubiera hecho una biografía como la de él. Hubiera hecho una como la [José Antonio] Meade o la de [Ricardo] Anaya. Le hubieran dicho: ‘oiga no se meta usted con los indios, déjelos en paz. No se meta cinco años ahí y si por su mala suerte le encargan los grupos chontales, no viva usted con ellos, vállase usted a Villahermosa y viaje una vez por semana’. Todo lo que no debía hacer lo hizo y en ese empeño por irse por el camino empedrado se le fue formando el carácter”, dice Meyer.

En La Chontalpa López Obrador y su familia vivían con las precariedades de los chontales y el joven se convertía en un liderazgo importante entre los indígenas. Conversaba con los más viejos, conocía y saludaba a todos los lugareños por su nombre.

“Se llevó a cabo un programa integral. Fueron créditos a la palabra, se compraron ranchos, las mejores tierras y se entregó esos terrenos a los chontales, a la gente pobre que vivía en las zonas más bajas, más pobres, se hicieron viviendas, se alfabetizó”, narra López Obrador.

El tabasqueño fundó “los camellones”, una chinampa en donde los chontales podrían sembrar, un invento que hasta la fecha funciona. También editó libros en lengua indígena y abrió la radio comunitaria bilingüe XENAC “La Voz de los Chontales”.

“Tabasco es una planicie, estamos a nivel del mar. Son tierras bajas; si haces drenes corres el riesgo de que se meta agua salada. El trabajo del camellón es ahondar más para que el agua esté en los canales y lo que sacas del fondo del pantano, lo subes y haces la chinampa y puedes sembrar aquí y en el canal puedes meter peces”, explica Andrés Manuel en su documental.

López Obrador camina por las tierras en donde inició su liderazgo como luchador social. Se encuentra a un chontal que viene de la siembra con un machete en la mano y con los pantalones arremangados hasta las rodillas. Se abrazan, se saludan, pues al principio el lugareño no lo reconoce. Ha regresado con el cabello blanco y con más de 60 años a los orígenes de lo que se convertiría tiempo después en un político de altos vuelos e impacto nacional como figura de oposición.

“Aprendí la democracia indígena, el consenso: uno representa a todos en la Asamblea y expresa lo que está sintiendo la gente. Aquí no se vale la imposición, todo es consenso”, dice.

El tabasqueño vivió cinco años en La Chontalpa, de 1977 a 1982.

Mientras que sus amigos aseguran que el político tabasqueño jamás ha sido el dictador que pintan sus adversarios y que es un líder genuino, sí reconocer que tiene como defecto y virtud la terquedad. Foto: AP

III            

EL ÉXODO

El trabajo de Andrés Manuel en La Chontalpa lo catapultó a la arena política, en especial con Enrique González Pedrero, quien se interesó en los camellones para sembrar que ideó el tabasqueño. López Obrador se sumó a la campaña a la gubernatura del priista y después, cuando éste llegó al poder asumió en 1983 la presidencia estatal del PRI en Tabasco.

Sin embargo, el joven López Obrador se enemistó con varios alcaldes y González Pedrero terminó removiéndolo de la dirigencia del PRI. Pero la carrera política del joven apenas iniciaba. En 1984 regresó a la Ciudad de México y se instaló con su familia en un departamento en Copilco. En la capital mexicana nació su tercer hijo con Rocío mientras trabajaba como director de Promoción Social del Instituto Nacional del Consumidor bajo las órdenes de Claudia Jusidman. En la ciudad conoció a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, con quien simpatizó para unirse en 1988 a la corriente Democrática encabezada por el ingeniero.

Ese año obtuvo la candidatura a la gubernatura de Tabasco por el Frente Democrático Nacional y compitió contra Neme Castillo, pero perdió y López Obrador acusó por primera vez un “fraude electoral”.

“Cuando decidí enfrentar al régimen, el trabajo que había hecho en la zona indígena me permitió contar con el apoyo de la mayoría de los chontales. No es cierto lo que dicen algunos insensatos de que el pueblo es mal agradecido. Los indígenas fueron los primeros en respaldarme en 1988”, escribe López Obrador en una autobiografía de su autoría.

Después de esa derrota, dos años después, en 1991, se renovaron las presidencias municipales en Tabasco y el naciente Partido de la Revolución Democrática (PRD) al que se había sumado Enrique González Pedrero, el primer mentor de Andrés Manuel, peleó el municipio de Cárdenas aduciendo fraude electoral. Lo peleó a través del primer “Éxodo por la Democracia” que organizó y encabezó López Obrador.

“Caminamos 50 días de Tabasco a la Ciudad de México. Tuvimos la fortuna, porque en política sí cuenta la suerte, que por esos días se iban a firmar en el Castillo de Chapultepec los Acuerdos de Paz de El Salvador  y el Gobierno de México no podía quedar como candil de la calle y oscuridad en su casa”, cuenta López Obrador al narrar que gracias a ese éxodo le fue reconocida la victoria al PRD en Cárdenas.

“El éxodo lo que va haciendo emerger, que estaba ahí contenido, era una gente religiosa. Lo que desarrolla es una gente planteándose con un cierto liderazgo carismático religioso. Él es Moisés sacando a los esclavos de Egipto. Eso es muy bíblico, ahí va la formación religiosa de López Obrador”, cuenta Marco Rascón Córdova, quien conoce a López Obrador desde 1988 y quien recientemente participó en la contienda electoral como candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México por el Partido Humanista.

Rascón es un detractor del tabasqueño. Ambos coincidieron en el PRD cuando López Obrador era presidente nacional de la fuerza política y a decir de Marco el entonces dirigente se encargó de cerrarle las puertas del partido por no “obedecer”, por lo que sostiene que hay en el liderazgo del morenista una personalidad “mesiánica y autoritaria”.

En su documental autobiográfico López Obrador narra que en el éxodo había tres grupos: “los que pensaban que el éxodo era como una peregrinación, los rebeles  y los jóvenes”. Él, Andrés Manuel, se consideraba un rebelde.

Moisés Sinuhé García Bartolo narra en El Cotidiano, dossier de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y en  “La Construcción de un liderazgo: esbozo biográfico de Andrés Manuel López Obrador”, que el tabasqueño salió de Villahermosa con 150 personas y llegó al entonces Distrito Federal con cinco mil.

“Otras 20 mil ya lo esperaban en el Zócalo. Manuel Camacho Solís era regente del Distrito Federal y Marcelo Ebrard colaboraba con él”, relata el sociólogo.

En 1994, Andrés Manuel López Obrador compitió de nuevo por la gubernatura de Tabasco, en esa ocasión contra Roberto Madrazo Pintado. El PRI se erigió ganador de la contienda y el tabasqueño impugnó 1,100 de las 1,774 casillas debido a que el programa de conteo rápido de la entidad se cayó en tres ocasiones.

En protesta López Obrador organizó un segundo éxodo al que llamó “La Caravana por la Democracia” en abril de 1995, la cual no logró quitarle la gubernatura a Madrazo, pero sí afianzarlo como un político de talla nacional.

“Su agenda se extendía hacia la privatización de Pemex [Petróleos Mexicanos] a la cual AMLO se opone. Ya no protestaba por un asunto local. El dirigente supo dar a su marcha una dimensión nacional. Desde entonces ha sabido posicionarse en la política nacional a través de la política local”, escribe García Bartolo.

Era 1996 y en los siguientes cuatro años a López Obrador le esperaba la dirigencia nacional del PRD, el triunfo de la izquierda en la Ciudad de México y su candidatura a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. 

IV  

LA CONQUISTA DE LA GRAN TENOCHTITLÁN

El éxodo fue el inicio. El joven López Obrador para 1996 estaba enrolado en las movilizaciones sociales. Ese año recibió un macanazo al apoyar una movilización de chontales al cerrar sus caminos en protesta por los malos manejos de Pemex.

Andrés Manuel cuenta que por aquellos caminos de las comunidades indígenas pasaban las empresas contratistas de Pemex hacia los pozos petroleros. Lo hacían sin dejar beneficios y sí contaminación de las tierras, agua y aire.

“Me tocó llegar a uno de esos caminos bloqueados, en el poblado de Guatacalca, Nacajuca, en el preciso momento en que estaban frente a frente quinientos militares y como mil chontales. Es un bordo o terraplén rodeado de pantano y tan angosto que literalmente no hay ni para donde hacerse. Al verme, la gente se alegró y me puse hasta adelante”, narra el tabasqueño en su autobiografía.

Los chontales y AMLO cantaron el himno nacional y al concluir los federales avanzaron con sus escudos y macanas sobre los manifestantes.

Andrés Manuel recibió un macanazo y con el golpe, su fama se acrecentó. En la Ciudad de México entonces le esperaba un nuevo reto: la dirigencia nacional del PRD –que disputó a Heberto Castillo y a Amalia García Medina– y la primera elección de Jefe de Gobierno en la Ciudad de México enmarcada en las elecciones federales de 1997.

El PRD bajo las gestión de López Obrador ganó la primera Jefatura de Gobierno de la capital del país de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y el partido desplazó al PAN en el Congreso de la Unión con 125 legisladores. Ademas conquistó las gubernaturas de Baja California Sur y Zacatecas.

López Obrador dejó la dirigencia del PRD en abril de 1999 y ese mismo año publicó su libro “Fobaproa, expediente abierto: reseña y archivo”, pues el caso del Fondo Bancario de Protección al Ahorro que sobrevino de la crisis económica de 1994 era una de sus banderas de lucha. Instalado en la opinión pública y al interior del PRD ya como un político de estatura nacional y de resultados, pues su gestión al frente del partido había sido la más exitosa, el tabasqueño contendió por la candidatura del Sol Azteca a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal contra Pablo Gómez Álvarez y Demetrio Sodi, y la obtuvo.

En la elección del 2000 Andrés Manuel fue postulado por la coalición Alianza por la Ciudad de México conformada por el PRD, el Partido del Trabajo (PT), Convergencia por la Democracia y el Partido de la Sociedad Nacionalista (PSN) y Partido Alianza Social (PAS). En ese entonces Marcelo Ebrard Casaubón, quien era el abanderado del Partido Centro Democrático (PCD), declinó su candidatura a favor del tabasqueño por primera ocasión.

En la jornada electoral del 2 de julio del 2000, Andrés Manuel ganó los comicios con 37.7 por ciento de los votos en una elección cerrada con Santiago Creel Miranda contendiente del PAN quien obtuvo el 33.4 por ciento de los sufragios. 

En esta imagen del 1 de marzo del 2000, López Obrador, entonces candidato perredista al Gobierno del Distrito Federal, y Claudia Sheinbaum Pardo, también perredista en ese momento y quien ayer fue electa para gobernar la Ciudad de México, participan en un foro sobre energía. Foto: Cuartoscuro

V

JEFE DE GOBIERNO  

El 5 de diciembre del 2000 López Obrador tomó posesión como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Con 47 años de edad, el tabasqueño había dejado de ser el joven que vivió con Los Chontales y, que a pesar de que fue, de acuerdo con los analistas, el momento clave de su vida política, aquel muchacho que no representaba una amenaza para nadie, dos décadas después estaba al frente de la capital del país y con todo lo que ello significaba: era presidenciable. A la par de la llegada de López Obrador al poder en la Ciudad de México había arribado a la Presidencia de la República Vicente Fox Quesada, abanderado por el PAN y quien había conseguido por primera vez en la historia del país el triunfo a nivel nacional de un partido distinto al PRI.

Así que eran tiempos de cambios y López Obrador introdujo en el Distrito Federal programas sociales como la pensión para adultos mayores y programas asistenciales para madres solteras, productores rurales y microempresas, útiles escolares gratuitos para estudiantes, medicamentos para las familias sin seguridad social.

El tabasqueño además sometió su cargo a consultas públicas en dos ocasiones, en donde los capitalinos en su mayoría opinaron que debía continuar con su administración.

Lorenzo Meyer considera que uno de los principales aciertos de López Obrador, además de los programas sociales, fue la conferencia de prensa que ofrecía diariamente a las seis de la mañana.

“Mandaba un mensaje, madrugando desde temprano, como muchos mexicanos que madrugan para ir a sus trabajos. Dejó la imagen de alguien que está metido de sol a sol en su responsabilidad, que está dando información a la ciudadanía”, explica el historiador.

Meyer Cossío añade que otro plus que ofreció Andrés Manuel fue la “honestidad personal”, debido a que desde la presidencia de Lázaro Cárdenas del Río se “acabó la honestidad personal de las grandes figuras políticas”. Además de presentar a los capitalinos una forma de vida austera.

López Obrador se propuso construir un viaducto elevado gratuito sobre el Anillo del Periférico del Valle de México, mejor conocido como el “segundo piso”.

La obra recibió críticas de diversos especialistas, pero pese a los cuestionamientos el mandatario se empeñó en su construcción.

“Lo hizo, lo entregó a tiempo y el segundo puso sigue bien, ha habido temblores y no se ha caído, no ha habido socavones”, argumenta Meyer.

En 2003, Rocío Beltrán, la primera esposa de López Obrador y madre de sus tres hijos mayores, falleció víctima de lupus, lo que significó un duro golpe a nivel personal para el Jefe de Gobierno al que se le sumaría a principios de 2004 otro, pero ahora desde la arena política.

Fue el golpe más importante, antes del desafuero, y ocurrió en 2004 con el escándalo político de los “videoescándalos” en donde sus colaborases cercanos fueron exhibidos recibiendo fajos dólares del empresario argentino Carlos Ahumada Kurtz.

Un primer escándalo mostró, el 1 de marzo de 2004 en el noticiario de Joaquín López Dóriga, a Gustavo Ponce Meléndez, Secretario de Finanzas del Distrito Federal, apostando en un casino de Las Vegas, Estados Unidos. Lopez Obrador lo destituyó del cargo y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) giró una orden de aprehensión.

Luego, al día siguiente de difundida esa grabación, Víctor Trujillo, el payaso Brozo, dio a conocer en el noticiario El Mañanero un video en donde René Bejarano Martínez, colaborador cercano de López Obrador y presidente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), recibía fajos de billetes en un presunto acto de corrupción.Desde entonces a Bejarano le quedó el mote de “El señor de las ligas”, mientras que para el Jefe de Gobierno significó un golpe certero.

Bejarano argumentó que ese dinero se lo había entregado a la presidenta del PRD de ese momento: Rosario Robles Berlanga, quien terminó renunciando a la dirigencia del partido en medio del escándalo.

SinEmbargo buscó a René Bejarano para entrevistarlo para esta entrega. Se le dijo que se trataba de un perfil sobre López Obrador y su respuesta fue: “no me gustaría hablar al respecto”.

El 4 de marzo, con dos golpes al hilo, Andrés Manuel aseguró que el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari estaba detrás de las filtraciones a los medios, pero el escándalo no se detuvo.

Un tercer video alcanzó a Carlos Ímaz el 8 de marzo. El delegado de Tlalpan y esposo en ese momento de Claudia Sheinbaum Pardo. ímaz fue grabado recibiendo dinero de Carlos Ahumada. El entonces Delegado argumentó que el recurso era para Rosario Robles.

Al día siguiente se reveló una reunión realizada el 20 de febrero del 2004 –unos días antes de que se dieran a conocer los videos– en el hotel Presidente Intercontinental  entre Diego Fernández de Cevallos, entonces Senador, Ahumada, José Luis Valles, delegado del CISEN, el agente del Ministerio Público José Carlos Villareal y Juan Collado, abogado de Raúl Salinas de Gortari.

Una década después de los videoescándalos, en 2014, Carlos Ahumada le dijo en entrevista a Ciro Gómez Leyva que recibió 68 millones de pesos de Carlos Salinas y de Diego Fernández de Cevallos por filtrar los videos para golpear al entonces Jefe de Gobierno capitalino. Salinas le dio 35 millones y Cevallos 33.

De los colaboradores de López Obrador que se vieron envueltos en la tormenta política desatada por los videos, sólo René Bejarano permanece cerca del tabasqueño.

Bejerano fue encarcelado y cuando salió en 2005 continuó con su vida partidaria. Su corriente al interior del PRD, Izquierda Democrática Nacional (IDN), fue una de las más fuertes, hasta la más reciente crisis del Sol Azteca –que data de 2012 a la fecha–cuando hubo un reacomodo  de “tribus”  e IDN perdió fuerza. En 2017 Bejarano renunció al PRD para sumarse al proyecto de Gobierno de Andrés Manuel rumbo al proceso electoral de 2018.

VI

LOS QUIERO DESAFORADAMENTE

El escándalo por los videos aún no se disipaba cuando Lopez Obrador recibió un segundo golpe fraguado desde Los Pinos. Vicente Fox Quesada, de acuerdo con algunos biógrafos del tabasqueño, entre ellos Zepeda Patterson, se había tomando muy en serio su rivalidad con el tabasqueño y constantemente pedía medirse a través de encuestas con él.

“Hacia el 2004, López Obrador era ya la gran sombra del gobierno panista, en buena parte provocado por ellos mismos. El intento del desafuero hizo el resto”, escribe Zepeda en “Los Suspirantes”.

Los detractores de Andrés Manuel opinan lo mismo. El proceso de desafuero le dio a López Obrador los reflectores que necesitaba para fortalecerse y opacar el escándalo de corrupción de sus colabores.

Fernando Belaunzarán Méndez, líder actualmente de Galileos, una de las “tribus” del PRD, afirma que los enemigos de López Obrador fueron quienes le ayudaron a construir el personaje que se convirtió en un fenómeno durante los últimos 12 años. Un fenómeno que lo llevaría a la Presidencia de la República.

“Andrés Manuel ha creado su personaje y algunos adversarios le han ayudado ha crear ese personaje: el auténtico representante del pueblo, contra las fuerzas que lo oprimen. La verdad que el desafuero le sirvió mucho para afianzar esa narrativa y darle credibilidad. Le ayudaron a crear esa imagen. Siempre ha tenido esos arranques mesiánicos y ese asunto victimista que le gusta explotar. El desafuero le dio credibilidad y le ayudó a salir de la crisis de los videoescándalos. Porque hizo que tuviera sentido que los videoescándalos eran parte de lo mismo, para quitarlo de lado. El desafuero fortaleció la teoría del complot y de que todas las fuerzas del mal lo atacan y que él es único que defiende al pueblo”, dice Belaunzarán, quien se asume actualmente como un detractor del tabasqueño.

López Obrador era ya el candidato natural de la izquierda para la elección de Presidente de la República de 2006. Vicente Fox, al echar andar toda la maquinaria política para sacar al tabasqueño de la jugada y de paso meterlo a la cárcel, se topó con la condena de millones de personas que no sólo salieron a marchar y a inundar el Zócalo capitalino, sino que lloraron y gritaron de rabia por el desafuero de su líder.

Andrés Manuel encarnó, dice Lorenzo Meyer, a todas las víctimas de la injusticia y las emociones se desbordaron.

“El Zócalo se llenó al punto de que nos estábamos asfixiando mi esposa y yo[…], no lloraron por López Obrador, sino por la tremenda injusticia que se vive a diario en México”, recuerda el historiador que estuvo en el mitin de Andrés Manuel en el Zócalo el 24 de abril de 2005, luego de la Marcha del Silencio.

El pretexto para el desafuero fue un conflicto por un predio llamado El Encino, ubicado en la delegación Cuajimalpa, que fue expropiado por Rosario Robles en el 2000 para construir el acceso a un hospital, pero el dueño en desacuerdo llevó la decisión a un litigio.

El tribunal otorgó una suspensión provisional de la construcción de los accesos, pero el Gobierno capitalino continuó los trabajos.

La Procuraduría General de la República (PGR), bajo las órdenes de Rafael Macedo de la Concha, atrajo el caso y acusó al Jefe de Gobierno de desacato de una orden judicial. El 18 de marzo solicitó a la Cámara de Diputados iniciar un juicio de desafuero en contra de López Obrador.

“En una decisión absurda, ridícula, los foxistas tomaron la decisión del desafuero por abrir una calle, que no se abrió, para un hospital. No derribó ninguna casa, nada; pero Fox y su Procurador y el absurdo presidente de la Suprema Corte, en una muestra de autoritarismo increíble, porque el Gobierno de la ciudad no quitó las máquinas y ‘¡Dios Santo esto nos llevará al infierno!’. Todos los poderes apoyaron eso”, dice Lorenzo Meyer.

El 7 de abril de 2005 Andrés Manuel compareció ante el Pleno de la Cámara de Diputados y dio un discurso que causó furor entre sus seguidores.

“Ahora resulta que en el país de la impunidad, en el país del Fobaproa, de los Amigos de Fox , del Pemexgate y otros latrocinios cometidos, permitidos o solapados por los que ahora me acusan y juzgan, a mí me van a desaforar, me van a encarcelar, me van a despojar de mis derechos políticos por haber intentado abrir una calle para comunicar un hospital. Repito: por intentar abrir una calle para comunicar un hospital”, dijo Andrés Manuel.

Y siguió: “Ahora resulta que los Defensores del Derecho Supremo del Privilegio han convertido en un grave delito, una supuesta infracción jurídica que amerita despojarme del cargo que legal y legítimamente me fue otorgado por los ciudadanos del Distrito Federal. ¿Ése es el Estado de Derecho que pregonan?, ¿cuál Estado de Derecho puede haber si en México los encargados de impartir justicia, en vez de proteger al débil, sólo sirven para legalizar los despojos que comete el fuerte?”.

En el Zócalo capitalino se colocaron megapantallas para seguir el juicio de desafuero. Antes de su comparencia, Andrés Manuel dio un discurso ante cientos de miles de capitalinos que se dieron cita para apoyarlo.

El 7 de abril de 2005, el Zócalo de la CdMx lució pletórico de seguidores de AMLO, entonces Jefe de Gobierno capitalino, quien lo cobijaron en un mitin
previo a su juicio de desafuero en la Cámara de Diputados. Foto: Nelly Salas, Cuartoscuro

“Decidí primero estar con ustedes, antes de comparecer en la Cámara de Diputados, porque siempre he sostenido que el presente y el futuro de nuestro movimiento depende, sobre todo, del pueblo, depende sobre todo, de la voluntad popular. Los diputados del PRI y del PAN van a cumplir el encargo, la consigna que les dieron desde Los Pinos, con la complicidad de Carlos Salinas, y la mediación de los dirigentes de esos partidos”, dijo López Obrador.

El tabasqueño llamó a una resistencia civil pacífica e informó su decisión de no ampararse ni solicitar su libertad bajo fianza, y no permitir que nadie pagara la pagara, y afirmó que cuando se girara la orden de aprehensión en su contra, se entregaría por su voluntad al reclusorio donde sería juzgado.

“Entiéndanme, no quiero dar motivo a otro acto de prepotencia ni quiero dar pretextos para la provocación. Les pido que no traten de impedir esta decisión”, les dijo a las mujeres y hombres de caras largas que lo escuchaban con angustia y que terminarían llorando esa tarde cuando finalmente se consumó el desafuero.

Andrés Manuel llamó ese día a la Marcha del Silencio para el 24 de abril del Museo de Antropología al Zócalo, una movilización que sería histórica al reunir a un millón 200 mil personas en protesta contra el desafuero.El hijo de Tepetitán mostró músculo y sorprendió a sus detractores, principalmente a los que lo observaban desde Los Pinos.

Pero el 7 de abril, López Obrador, cerró su discurso en el Zócalo con una frase que con el paso de los años, los capitalinos no han olvidado.

“Les quiero decir que he dado instrucciones para que no falten los servicios en la ciudad, para que sigan todos los programas sociales. No olviden que somos un equipo, que el gobierno no es nada más un solo hombre y todo ese equipo va a seguir trabajando, va a seguir sirviendo a la ciudad. Los quiero desaforadamente”.

Los legisladores del PAN y del PRI votaron y López Obrador fue desaforado. Dos semanas después fue consignado en medio del rechazo de los capitalinos.

El 20 de abril se fijó una fianza de 2000 pesos, que fue pagada por la entonces Diputada Gabriela Cuevas –quien 13 años después del proceso de desafuero renunció al PAN para sumarse al proyecto de López Obrador en los comicios de 2018–y el Diputado Jorge Lara, ambos panistas. Los legisladores argumentaron que trataban de evitar que López Obrador fuera a la cárcel para que no se “hiciera la víctima”. Pero el tabasqueño y los asambleístas del PRD argumentaron que todo se trataba de una maniobra para que Andrés Manuel no pudiera participar y ser testigo de la consignación del expediente y enfrentar el proceso personalmente para descartarlo como aspirante a la Presidencia de la República. La fianza fue cancelada y se llegó así el 24 de abril, cuando los capitalinos marcharon en masa hacia el Zócalo acompañando a López Obrador.

Ese día la ciudad se paralizó y millones arroparon y le gritaron al tabasqueño una y otra vez: “¡No estás solo! ¡No estás solo!”.

Porfirio Muñoz Ledo, Elena Poniatowska,  Carlos Monsiváis y Alejandro Encinas Rodríguez lo acompañaron en el templete. Así como colaboradores clave en la construcción posterior de Morena como partido: Martí Batres Guadarrama, quien fue el primero en tomar la palabra en el mitin posterior a la Marcha del Silencio. Lo acompañaron y apoyaron Amalia Garcia Medina, Graco Ramírez Garrido Abreu y quien fuera su coordinador de campaña en 2006–y ahora uno de sus grandes detractores –Jesús Ortega Martínez “El Chucho” Ortega. Estuvo con él hasta la polémica actriz y actual Diputada federal Carmen Salinas.

La ola de rechazo hacia el desafuero llegó a los medios internacionales y la presión para Vicente Fox Quesada creció.

Tres días después de la Marcha del Silencio Rafael Macedo de la Concha renunció como Procurador General de la República y Daniel Cabeza de Vaca lo sustituyó en el cargo para anunciar que la PGR desistía de la acción penal en contra de Andrés Manuel.

“Demostró López Obrador su capacidad de movilización, que obligó al Presidente a echarse hacia atrás”, dice Lorenzo Meyer.

Fox, derrotado en su intento de quitarle el fuero, reculó y Andrés Manuel logró la candidatura de la izquierda a la Presidencia de la República en los comicios de 2006. 

Marcha por la avenida Reforma, en la Ciudad de México, en contra del desafuero del político tabasqueño, orquestado por el Gobierno del entonces Presidente Vicente Fox Quesada, así como panistas y priistas en la Cámara de Diputados. Foto: Cuartoscuro

VII

LAS DOS CAMPAÑAS FALLIDAS

Después del desafuero, los siguientes seis años fueron agitados para López Obrador. Estuvo muy cerca de la victoria y de la acariciada banda presidencial en 2006. Para los expertos en discurso político el contraste en el evolución del tabasqueño se puede apreciar entre 2006 y 2018, dejando en medio la campaña de 2012 en donde no pudo remontar del segundo lugar, con más de seis puntos de diferencia con el primero, en la contienda electoral de ese año.

Pero en 2006 estuvo tan cerca del triunfo, a sólo medio punto de diferencia de Felipe Calderón Hinojosa, motivo por el cual la coalición que postuló a Andrés Manuel denunció un fraude y los seguidores del tabasqueño cerraron Avenida de la Reforma durante meses.

En la elección de 2006 López Obrador logró la candidatura de la Coalición por el Bien de Todos constituida por el PRD, el PT y Convergencia. Sus opositores fueron Felipe Calderón Hinojosa, abanderado del PAN, y Roberto Madrazo Pintado, de la Alianza por México entre el PRI y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM); Patricia Mercado del Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina; y Roberto Campa Cifrián del Partido Nueva Alianza (PANAL).

Entre enero y marzo López Obrador tuvo entre el 38 y 39 por ciento de las preferencias electorales y el segundo lugar, Calderón Hinojosa, se ubicaba en 35 por ciento, seguido de Madrazo Pintado con 27 por ciento y el resto de lo contendiente con un porcentaje marginal.

Sin embargo, al acercarse los comicios las encuestas mostraban un empate entre López Obrador y Calderón con 34 por ciento de la intención del voto para ambos.

Algunos analistas afirman que la pérdida de puntos del tabasqueño se debió a su inasistencia el Primer Debate Presidencial, que le habría restado cuatro puntos, y por haber llamado “chachalaca” al entonces Presidente de la República Vicente Fox Quesada.

“En 2006 recuerdo un artículo que escribió Alejandro Encinas en Reforma, que decía que a Andrés Manuel los otros no le ganaron, que Andrés Manuel perdió. Ahí quedó la pregunta de hasta qué punto había funcionado el equipo de campaña que le coordinaba la Jesús Ortega”, dice Sergio Aguayo Quezada, investigador de El Colegio de México.

Además, aclara, en la elección de 2006 fue contundente la campaña del miedo que echó andar el equipo de Calderón.

“En el 2006 había muchas condiciones. López Obrador iba muy adelante en las encuestas, ventaja que se le fue reduciendo por una campaña brutalmente eficaz del PAN, de Calderón sobre que AMLO era un peligro para México. Eso se sumó a que no asistió al debate, fueron diversos errores los que cometió, de ahí la frase de Alejandro Encinas”, dice.

Durante la campaña, además del éxito que tuvo la frase “AMLO es un peligro para México” para alentar el miedo en contra del tabasqueño, el Consejo Coordinador Empresarial y varios empresarios, ante la falta de regulación en ese momento, inyectaron dinero para denostar al tabasqueño.

La jornada electoral del 2 de julio de 2006 concluyó con un 35.91 por ciento de los votos para Calderón, un 35.29 por ciento para López Obrador (14 millones 756 mil 350 votos) y un 22.03 por ciento para Madrazo Pintado. De acuerdo con el Instituto Federal Electoral (IFE) el panista ganó con una diferencia de un poco menos de 243 mil 934 sufragios.

El IFE acreditó que los empresarios durante la campaña de 2006 gastaron alrededor cerca de 200 millones de pesos para favorecer a Felipe Calderón Hinojosa y fomentar el miedo en contra de López Obrador.

Luego de la derrota, Andrés Manuel impugnó la elección y acusó al IFE de ser partícipe de un fraude electoral en su contra. El tabasqueño realizó una primera concentración el 8 de julio en el Zócalo capitalino y después, ese mismo mes, decidió pedir a sus seguidores instalar un plantón desde la plancha del Zócalo capitalino hasta la Fuente de Petróleos, mejor conocido como “el Plantón de Reforma”, la decisión más criticada no sólo por sus detractores, sino por muchos capitalinos que vieron detenida una de las principales avenidas de la ciudad durante meses.

López Obrador exigió “voto por voto, casilla por casilla”, sin embargo el IFE sólo aceptó hacer el recuento del 3.5 por ciento de las casillas.

Pero ni el plantón ni el recuento de esos votos fueron suficientes para impugnar la elección y el 5 de septiembre se declaró como Presidente electo a Felipe Calderón Hinojosa y el 20 de noviembre el tabasqueño se proclamó “Presidente Legítimo” y se puso la banda presidencial. AMLO nombró un Gabinete para acompañarlo durante su gestión como “Presidente Legítimo” integrado por José Agustín Ortiz Pinchetti, en la Secretaría de Relaciones Políticas; Bernardo Bátiz, en la Secretaría de Justicia y Seguridad; Octavio Romero Oropeza, en la Secretaría de la Honestidad y Austeridad Republicana; Mario Alberto di Costanzo Armenta, en la Secretaría de la Hacienda Pública; Luis Linares, en la Secretaría de Desarrollo Económico y Ecología; Claudia Sheinbaum Partido, en la Secretaría Patrimonio Nacional; Bertha Luján Uranga, en la Secretaría del Trabajo; Martha Elvia Pérez Bejarano, en la Secretaría para el Estado de Bienestar; Raquel Sosa Elízaga, en la Secretaría de Educación, Ciencia y Cultura; Asa Cristina Laurell, en la Secretaría de Salud; Laura Itzel Castillo Juárez, en Asentamientos Humanos y Vivienda.

Con el apoyo de su gabinete legítimo y sus simpatizantes, Andrés Manuel inició lo que más tarde (en 2011) derivaría en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), la construcción de una estructura que no tenía a lo largo y ancho del país.

En 2012 López Obrador llegó dispuesto a luchar de nuevo por la Presidencia de la República y se convirtió en el abanderado de la coalición “Movimiento Progresista” entre el PRD, PT y Movimiento Ciudadano (MC). Su principal competidor fue Enrique Peña Nieto de la alianza “Compromiso por México” entre el PRI y el PVEM, y Josefina Vázquez MOTA del PAN. En la contienda también participó Gabriel Quadri de la Torre por el PANAL.

Aunque el tabasqueño recibió el apoyo de la base de ciudadanos que había tejido en el país a través de Morena y del #MovimientoYoSoy132 que surgió entre los jóvenes universitarios, López Obrador fue derrotado por el PRI, marcando el regreso del partido que tenía 12 años sin gobernar desde la llegada de Vicente Fox Quesada al poder.

Peña Nieto obtuvo el 38.20 por ciento de los sufragios en los comicios del 1 de julio de 2012 y Andrés Manuel quedó en un segundo lugar con 31.57 por ciento. El PRI y su maquinaria derrotó al abanderado de la izquierda, quien obtuvo en su segunda contienda 15 millones 896 mil 999 votos.

Durante la jornada electoral se confirmó el robo de urnas en Nuevo León, Guerrero, Estado de México e Hidalgo. En su segundo intento, López Obrador acusó al PRI de comprar votos y el IFE logró confirmar que el tricolor utilizó tarjertas Monex.

López Obrador perdía las elecciones, al tiempo que en otros países del continente ganaba la izquierda.

“Porque en ningún otro país ha tenido un PRI. La organización de masas se tiene porque hubo la Revolución Mexicana y eso le da al PRI un carácter único en América Latina, le permite tener un país controlado en paz y luego no los cobra duro”, explica el historiador Lorenzo Meyer.

Para Antonio Solá la izquierda en México no arribaba al poder, porque “cada país tiene sus tiempos”. Y el tiempo para México se dio hasta 2018.

Manuel Alejandro Guerrero, director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, explica que la izquierda que abanderaba al tabasqueño no lograba llegar al poder, debido a que la sociedad mexicana es por un lado conservadora, y por otro tendía a rechazar todo lo que pareciera ser “populismo”.

Después de la derrota de 2012, Andrés Manuel renunció al PRD, luego de militar en ese partido durante 23 años, en septiembre de 2012 y anunció que trabajaría en la conformación de Morena como nuevo partido político.

En ese momento López Obrador no habló de un rompimiento radical con el PRD, como sí lo hizo en diciembre, e incluso habló de “caminar juntos” por la transformación del país.

El gran rompimiento vino tres meses después, cuando el PRD se unió al Pacto por México  con el PAN, el PRI y el Gobierno federal para impulsar las “reformas estructurales” de Enrique Peña Nieto.

López Obrador se dedicó durante 2013 a la conformación de su partido y a protestar en contra de la Reforma Energética, aprobada finalmente el 12 de diciembre de ese año en la Cámara de Diputados.

El tabasqueño se detuvo en la lucha –justo cuando había convocado a las 10 de la mañana para montar un cerco al Senado de la República para protestar en contra de la dictaminación de la  Reforma Energética –la madrugada del 4 de diciembre de 2013. Ese día el corazón del tabasqueño sufrió un infarto en la arteria coronaria y no llegó a las protesta donde lo esperaban miles de sus seguidores.

El cerco al Senado prosiguió, a pesar de que los dirigentes más cercanos, como Martí Batres, se enteraron desde temprano que López Obrador se encontraba internado en el Hospital Médica Sur de la Ciudad de México.

Ese día entre la muchedumbre destacó una mano: la diestra de un hombre bajito que alzó una fotografía de Andrés Manuel como estandarte, enmarcada en un madero con cinta alrededor.

López Obrador estaba sonriendo en el retrato, vestido con un traje azul marino.

Martí Batres Guadarrama lideró el cerco al Senado durante toda la mañana.

“Lo primero que quiero decirles es que Andrés Manuel está bien y se incorporará a las acciones en cuanto se recupere. Damos iniciado al cerco al Senado”, dijo Batres cuando arrancó oficialmente la protesta.

Andrés Manuel López Beltrán, hijo de AMLO, también se sumó al liderar el cerco al Senado.

“Quiero agradecerles a todos ustedes y a todos los compañeros que están en este cerco por su apoyo, por sus asistencia a la lucha que ha encabezado nuestro dirigente López Obrador”, empezó López Beltrán, para después pedir “licencia” para ausentarse, debido al infarto que acababa de sufrir su papá.

Y prosiguió: “Quiero pedirles una licencia a todos, me había comprometido con ustedes a estar todo el tiempo, pero ustedes saben qué fue lo que pasó y tengo que estar allá con él, estaré yendo y viniendo”, dijo mientras la gente le gritaba “¡Cuídalo! ¡Cuídalo!”. 

VIII 

 MORENA PARTIDO

El 9 de julio de 2014 el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que surgió en 2011 para apoyar la candidatura de Andrés Manuel a la Presidencia de la República en los comicios de 2012, se convirtió en partido político.

Pero el camino para conseguir el registro no fue terso. López Obrador y sus colaboradores tuvieron que “picar piedra” y trabajar duro para lograrlo.

Después de que Andrés Manuel López Obrador rompió con el PRD y anunció que formaría su propia fuerza política, Morena emprendió un camino que le llevó un año entero. Un camino duro y pedregoso, muy al estilo personal de Andrés Manuel, dice Lorenzo Meyer.

El año anterior, 2013, había cerrado con más de 400 mil afiliados y 25 asambleas en todo el país.El requisito para el registro era lograr 230 mil afiliados y asambleas estatales con un mínimo de 3,000 militantes.

Bertha Luján Uranga era secretaria General de Morena y a finales de diciembre de 2013, días después del infarto del López Obrador y de la resistencia civil en el Senado de la República y la Cámara de Diputados en contra de la aprobación de la Reforma Energética, aseguró que estaban “trabajando con las uñas”, porque sólo tenían el apoyo de diputados y senadores afines a Morena. El trabajo en los estados se volvía más difícil.

“En Baja California el transporte es carísimo y los recursos son limitados. Siempre el norte es más difícil que el sur: las Bajas, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, son estados más difíciles. Allá el proceso se contamina mucho con nuestra relación y cercanía con Estados Unidos, hay un esquema bipartidista, que estamos rompiendo, pero que existe como modelo”, dijo a SinEmbargo en aquella época.

El movimiento se había propuesto llegar en enero de 2013 a millón y medio de afiliados, pero no lo logró debido principalmente a la falta de financiamiento. El movimiento avanzó prácticamente con los recursos de los representantes de Comités Municipales y Estatales de cada entidad.

El plan financiero de Morena proyectó obtener 20 millones de pesos durante 2013, de los cuales 10 millones provendrían a través de 36,000 bonos de aportante fundador que tenían un valor desde los 100 a los 50,000 pesos.

Los bonos fueron firmados por Andrés Manuel López Obrador y Martí Batres Guadarrama, quien fungía como presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena. El resto del dinero se obtendría de la aportación de un peso diario por cada afiliado al movimiento y la realización de actividades como bailes, rifas y boteo.

La mitad de los recursos recaudados se destinarían a costear la sede nacional del partido ubicada en la calle Santa Anita número 50, colonia Viaducto Piedad en la Ciudad de México. Varios representantes de comités estatales declararon a este medio que sobrevivieron de las aportaciones de los bolsillos de los voluntarios locales y que no vieron el recurso nacional.

Morena también enfrentó un clima de represión y de violencia en estados como Jalisco, Guanajuato y Querétaro gobernados históricamente por gobernadores y alcaldes panistas y priistas, donde los líderes del movimiento sufrieron hostigamiento por autoridades municipales y en algunos casos exclusión en municipios de extrema pobreza.

En Querétaro por ejemplo, Sinuhé Piedragil Ortiz, presidente en ese entonces el Comité Estatal de Morena, afilió militantes gracias a módulos errantes en las plazas y jardines públicos alrededor.

En la zona de la Sierra Gorda, en los municipios de  Peñamiller, Jalpan y Landa de Matamoros los líderes locales que afiliaron simpatizantes al movimiento, sufrieron de exclusión de programas sociales por parte del gobierno.

En León, Guanajuato los representantes de Morena que colocaron módulos en las plazas públicas padecieron de intentos de desalojo constante por parte del municipio.

“Se acercan policías vestidos de civiles diciendo que nos quitemos, que no tenemos permiso. Que si queremos estar ahí, tenemos que pagar dinero como si estuviéramos vendiendo algo en la calle”, narró a SinEmbargo en 2013 Ernesto Prieto Ortega, coordinador de Morena en ese estado.

En el norte del país la guerra entre la bandas criminales afectó la logística del movimiento y volvió a esta región, de por sí difícil para la izquierda, una zona donde se avanzó a paso más lento que en estados del centro y sur del país.

Valeriano Olguín García, un maestro de 60 de Piedras Negras, Coahuila, apoyó el proceso de afiliación y contó a este medio en aquellos días que la estrategia de colocar módulos en la sede no funcionó, por lo que los organizadores optaron por ir  por los simpatizantes casa por casa, pero al final no pudieron tocar la puerta de todos los hogares de Piedras Negras y sus alrededores por el peligro de la violencia.

Tampoco tuvieron la oportunidad de viajar de noche a los municipios de Allende, Morelos, Zaragoza, Jiménez, Hidalgo, Villa Unión, Nava y Guerrero –que también pertenecen al I Distrito Federal Electoral, radio de acción de los representantes de Morena en el norte de Coahuila –porque de noche “todos los gatos son pardos y ‘ellos’ se pueden equivocar”, aseguró Valeriano.

La violencia, aunada a la “vigilancia” de miembros del PRI a la población, hizo más lenta la tarea del movimiento en la región, contó Valeriano. Lo mismo sucedió en Durango, Chihuahua, Tamaulipas y Nuevo León.

El movimiento de López Obrador se caracterizó durante todo 2013 por mantener su distancia con el PRD. El tabasqueño marcó sus límites con las cúpulas perredistas y criticó la firma del Pacto por México por parte de Jesús Zambrano Grijalva, presidente Nacional del PRD en este entonces.

SinEmbargo solicitó una entrevista con Zambrano Grijalva para esta entrega, con la finalidad de que contara desde su perspectiva ese momento y aportara al perfil de López Obrador, pero no hubo respuesta.

A la par de la lucha por construir un nuevo partido, Andrés Manuel se dio a la tarea de emprender una campaña en contra de la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) a través de movilizaciones sociales, que no mezcló con las bases perredistas.

En varias ocasiones el tabasqueño condicionó al PRD salirse del Pacto para ir juntos a la lucha por Pemex, condición que fue calificada por las cúpulas del Sol Azteca como un “error político”.

Morena se concibió como la “única oposición” al régimen y se caracterizó por rechazar cualquier negociación o acercamiento con el PRI y con el Presidente Enrique Peña Nieto.

Luego de la aprobación de la Reforma Energética en el Congreso de la Unión, Morena continuó por su cuenta y se negó rotundamente a mezclarse con el PRD.

Con López Obrador aún convaleciente de la cirugía que se le realizó después de sufrir un infarto al miocardio, las riendas del movimiento quedaron en manos de Batres Guadarrama, quien aseguró durante los próximos años que Morena podría coincidir con las bases perredistas, pero jamás con los sus líderes de las cúpulas.

Martí Batres, fue una de las piezas clave para que Morena lograra el registro. Durante la resistencia en contra de la Reforma Energética se encargó además de reunir las firmas necesarias para someter a una consulta popular la iniciativa.

Batres conoce a López Obrador, lo ha seguido y ha colaborado con él durante toda su carrera política desde que se lo presentaron en 1997.

“Me impresionaron varias cosas de él. Por un lado la capacidad de trabajo, su austeridad, su discurso social del lado de la gente, eso me huso simpatizar muchísimo con él”, recuerda Batres Guadarrama.

Cuando López Obrador consiguió el registro de su partido y una vez recuperado del infarto de 2013, el tabasqueño siguió visitando cada poblado y plaza pública que encontrara durante todo 2014 y para 2015 Morena estaba listo para estrenarse en las elecciones intermedias de ese año, y para sorpresa de analistas y de los adversarios políticos del tabasqueño, el partido aún en pañales, arrasó en las urnas de la Ciudad de México y le arrebató el poderío de su principal bastión al PRD.

Meses antes de la elección del 7 de junio de ese año el entonces dirigente nacional del PRD Carlos Navarrete Ruiz declaró a los medios de comunicación que en los comicios se vería “quién es el hermano mayor”.

Las elecciones llegaron y el PRD perdió Guerrero y pasó de un primer lugar en la capital del país a un segundo sitio al perder ocho de las 14 delegaciones que gobernaban en la ciudad y la mayoría de las curules que tenía en la ALDF. Su principal contrincante Morena se quedó con cinco de esas demarcaciones y ganó la mayoría en la ALDF para convertirse en el nuevo “hermano mayor” en la capital del país.

De acuerdo con los datos del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) el Sol Azteca ganó aliando con el PT en Coyoacán (24.96 por ciento de los votos), Iztacalco sin alianza (24.06 por ciento), Álvaro Obregón (23.86 por ciento), Gustavo A. Madero (25.03 por ciento) y Venustiano Carranza (33.98 por ciento), mientras que Morena se quedó con Azcapotzalco (25.7 por ciento), Tláhuac (30.61 por ciento), Tlalpan (29.52 por ciento), Xochimilco (29.71 por ciento) y Cuauhtémoc (29.5 por ciento).

El PAN ganó Benito Juárez (38.90 por ciento) y Miguel Hidalgo (32.95 por ciento), mientras que el PRI aliado con el PVEM obtuvo tres demarcaciones: Cuajimalpa (33.70 por ciento), Magdalena Contreras(26.74 por ciento) y Milpa Alta (33.92 por ciento).

De acuerdo con el IEDF los capitalinos votaron por 19 candidatos de Morena para la Asamblea Legislativa, 11 del PRD, cinco del PAN, tres del PRI, uno del PT y uno del Panal.

Con uno más por representación proporcional Morena se convirtió con 20 asambleístas en la primera fuerza política en la ALDF. El PRD sumó seis plurinominales para ubicarse en un segundo lugar con 17 curules, mientras que el PAN sumó cinco para ubicarse en tercer lugar con 10 diputados y el PRI otros cinco para quedarse con ocho.

Por partido político Morena consiguió el 20.29 por ciento de los escaños, el PRD 25.75 por ciento, el PAN 15.15 , el PRI 12.12, el Verde 4.75, MC 4.55, el Panal, PT y Partido Humanista 1.52 por ciento respectivamente y Encuentro Social 3.03 por ciento.

En las elecciones del siguiente año, el 5 de junio de 2016, la Ciudad de México no sólo refrendó su vocación de izquierda en los comicios de los constituyentes que integrarían a la Asamblea Constituyente que se encargaría de redactar la Constitución de la Ciudad de México,  sino la fuerza de Morena en la ciudad. Para historiadores y politólogos como Lorenzo Meyer Cossío fue la antesala de lo que ocurrirá en el proceso electoral de este 2018.

A pesar del gran operativo de compra de votos que emprendió el Gobierno de Miguel Ángel Mancera Espinosa , entonces Jefe de Gobierno capitalino, a través de la utilización de programas sociales y del empleo temporal a favor de los perredistas, Morena ganó 22 de las 60 curules que serían votadas por los ciudadanos; mientras que el PRD consiguió 19; el PAN 7; el PRI 5; Nueva Alianza y Encuentro Social 2 cada uno; PVEM, MC e independientes uno cada partido.

Lorenzo Meyer Cossío afirma que el éxito que logró Andrés Manuel con Morena, se debe principalmente a que él personalmente recorrió a ras del suelo varias veces el país.

“Y cada vez que lo hacia, dejaba a una, dos personas. Sin el recorrido de todos los municipios por lo menos dos veces al año, donde dejaba su semilla, no lo hubiera logrado. Ha de ser una tarea agobiadora de viajar así, echarse semanas y meses en el auto de un pueblo a otro. Eso no lo hace ni Anaya ni Meade, para eso tienen sus aparatos de partido viejo. Eso lo hizo personalmente López Obrador. La construcción de Morena fue personal, no había un aparato previo, él lo creó. Así como empezó en Tabasco cuando le dan su primera candidatura de oposición en donde no ganó, pero sí le quita terreno al PRI ya en su segundo intento a la gubernatura cuando los priistas tienen 60 pro ciento, de aquel 100 por ciento que tenían. Eso que hizo en Tabasco lo hará después a nivel de todo el país”, dice Meyer Cossío.

Una vez más el pasado de Andrés Manuel surgió para explicar el éxito del tabasqueño en  la creación de su partido político.

“El hecho de que Enrique González Pedro como Gobernador de Tabasco le ofreciera ser Oficial Mayor de su Gobierno cuando le quita la dirigencia estatal del PRI por las quejas de los presidentes municipales y López Obrador dura pensando 24 horas y renuncia a manejar los dineros públicos de Tabasco; es decir, deja un puesto donde puede manejar millones de pesos para irse de desempleado a la Ciudad de México. Ha de haber habido muchos como Andrés Manuel que dijeron no a la corrupción, pero no pudieron. Con Andrés se combina la crisis del país con una aprendizaje durísimo que equivale a los 20 doctorados de José Antonio Meade”, argumenta Lorenzo Meyer.

El tabasqueño, luego de los triunfos de Morena y de 12 años de campaña constante por todo el país, estaba listo para pasar de “mesías tropical” a Presidente de la República.

 IX

DE MESÍAS TROPICALA PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

Andrés Manuel cerró su tercera campaña política por la Presidencia de la República en el Estadio Azteca, porque no le permitieron cerrar en el Zócalo. Aunque AMLO no pudo mostrar músculo en el corazón de la Ciudad de México, lo hizo de manera exitosa en el estadio, pues no sólo lo llenó, sino que afuera del coloso se quedaron miles de sus seguidores.

Fue una tarde-noche de emociones desbordadas. Los asistentes bailaron al ritmo de Margarita “la Diosa de la Cumbia”, hicieron porras y recibieron a su candidato entre gritos que lo proclamaban Presidente. López Obrador fue recibido entre porras y lágrimas. Entre abrazos, sonrisas, aplausos y confeti blanco. El tabasqueño pasó de ser “el rijoso que cerró Reforma” al “cabecita de algodón” de las señoras en un lapso de 12 años. Llegó a la Presidencia de la República con 68 años a cuestas y con el orgullo, afirma, de haber recorrido varias veces todos los municipios de México.

Bertha Luján Uranga, antigua colaboradora de López Obrador en el Gobierno del Distrito Federal y una de sus principales promotoras en la construcción de Morena, habla con SinEmbargo de ese afán del tabasqueño por recorrer cada uno de los municipios del país.

“Entre 2007-2008, cuando decidió visitar todos los municipios del país, incluyendo los de los usos y costumbres en Oaxaca y Chiapas, yo estaba en Chihuahua. Me comentaban las gentes allá que había municipios a donde no podía llegar porque había mucha inseguridad y se lo planteé. Le dije: ‘mire en estos municipios nos están diciendo que no conviene ir’. Y me dijo: ‘Yo dije que vamos a visitar todos los municipios, no me vengas con esto’. Sólo en tres de ellos llegamos en avioneta, porque era mucho el tiempo de traslado. Fuimos a comunidades donde jamás había llegado un político. Así fue construyendo su arraigo en la gente. No es un político improvisado que apenas en esta elección  le haya dado la vuelta al ruedo”, dice Bertha Luján.

El 27 de junio, el día del cierre de campaña de López Obrador, Jesús Silva-Herzog Márquez escribió en el diario español El País en su artículo “La tenacidad de López Obrador” que  la teología AMLO “fue la conspiración” y que si ganaba la elección era por su “tenacidad asombrosa”.

“Un poder invisible y absoluto le arrebataba una y otra vez la victoria que merecía. La mafia-del-poder dictaba su capricho en todos los ámbitos. Controlando medios, mercados, encuestas y votos, los poderosos se empecinaban en obstruirlo”, escribió Silva-Herzog.

El columnista hace referencia a una palabra utilizada comúnmente entre los articulistas cuando se habla de López Obrador: “trópico”. “El hombre que vino del trópico ha creído siempre en su causa y, sobre todo, en sí mismo”.

El historiador Lorenzo Meyer Cossío explica precisamente que los detractores intelectuales, políticos y académicos del tabasqueño durante décadas, desde que empezó a significar una amenaza, han utilizado la “idea del ridículo” para denostarlo.

“Les funcionó hasta cierto punto la idea del ridículo, de hacerlo ridículo casi desde el inicio. Pero en el concepto de mesías, luego de tropical, con esas dos palabras intentan marginarlo: no era una gente seria, no podría llegar a ser el candidato ganador, porque en su personalidad había algo muy absurdo. Usaron con mucho el calificativo de mesías, para burlarse de él: es el enviado de Dios que viene para liberar a su pueblo. Luego de lo tropical. En el trópico en el Espíritu de las Leyes nada está bien; las plantas, animales, los hombres degeneran, son chiquitos, de segunda”, explica Meyer Cossío.

El historiador e investigador agrega que “mesías tropical” es una manera “muy refinada, pero igualmente brutal de decir que ‘éste que viene de Tabasco, que apenas si sacó una licenciatura en Ciencias Políticas, no se puede comparar con estos que tienen doctorados, hablan inglés, el idioma blanco’”.

López Obrador no ganó sólo por tenacidad, sino por algo que Ricardo Anaya y José Antonio Meade no tienen: una radiografía clara de las necesidades de la población, aprendida a base de recorrer los caminos terregosos y de estar “corrido en terracería”.

“El hecho de que haya trabajado con los chontales, es fundamental en ese momento en que se inicia en una carrera política. Eso lo convirtió en un capital político, porque al poner el acento en la parte moral ¿quién puede decir yo conozco a México desde abajo?, y decantarse por la oposición, cuando hubiera podido llegar más o menos alto en el priismo”, argumenta Meyer.

Colaboradoras cercanas al tabasqueño como Bertha Luján y Tatiana Clouthier Carrillo, su coordinadora de campaña en la elección que acaba de concluir, coinciden en que Andrés Manuel tiene una gran capacidad de trabajo, que es capaz de realizar hasta cuatro mítines al día y andar de pueblo en pueblo, lo que hace difícil a sus colaboradores seguirle el paso.

“Es impresionante su capacidad de trabajo. Todos los que están alrededor no le aguantan el ritmo. Cuando estaba en el gobierno capitalino empezó trabajando todos los días de la semana, domingos, sábados. Se levantaba a las cinco de la mañana, a las seis ya estaba en el palacio del Ayuntamiento para recibir gente que desde muy temprano iba hacer cola para plantear sus problemas”, dice Bertha Luján, quien fue titular de la Contraloría durante la administración de Andrés Manuel en la Ciudad de México.

Bertha dice que si ha de hablar de algún defecto de López Obrador, a quien conoce desde 1991, sería la terquedad. Una cualidad que también es una de sus principales virtudes.

“A lo mejor su terquedad, que es una virtud y un defecto a la vez. A veces la terquedad lo hace empeñarse en su punto de vista, pero lo ha hecho llegar hasta donde está”, dice.

Tatiana Clouthier, su coordinadora de campaña, recuerda que conoció a López Obrador en una cena privada, poco después del proceso de desafuero. A la hija de Manuel Clouthier del Rincón “Maquío” la impresionó la sencillez del tabasqueño y más tarde, en la etapa de trabajo juntos, que es un hombre “extremadamente trabajador, sensible y con capacidad de se empático con el otro”.

“Pudiera decirte que se le critica de terco, y al final de cuentas es su mayor virtud: su tenacidad”, dice.

La llamada “Amlomanía” se extendió por toda la República Mexicana a lo largo de la pasada campaña presidencial, lo que reafirmó a López Obrador como uno de los más importantes líderes políticos de las últimas décadas en el país. Foto: Cuartoscuro

Alejandro Guerrera, de la Ibero, explica el fracaso y el triunfo de López Obrador a partir de su discurso.

“He visto un cambio importante y una continuidad. El cambio importante es que López Obrador en 2006 fue muy explícito en hacer algo que el PRI a lo largo de toda su historia no hizo y es la politización de la desigualdad. López Obrador en 2006 coloca el tema de la desigualdad como un tema politizable, pero esto genera una polarización porque la sociedad mexicana con tanta desigualad y con un enorme clasismo y racismo, generó polarización. Esto para la campaña de 2012 será cuidadoso de no proponerlo, y ahora en 2018 a pesar del discurso de inclusión, en realidad lo que intenta hacer es ampliar el margen de una coalición que ya está centrada en un tema. El tema lo mueve de las  desigualdades a combate a la corrupción”, explica Guerrero.

El analista precisa que el tabasqueño continuó con una continuidad en el desafío al establishment, al ubicar su discurso como la única alternativa al statu quo.

Para Sergio Auguayo el éxito de la campaña de 2018 se debe en el equipo que rodea a López Obrador.

“Es un equipo muy homogéneo. No es el caso del Frente por México, ni de Meade, que no ha tenido una coordinación muy eficaz. En este caso, la campaña de AMLO, si se le observa desde afuera, ha sido muy coherente, muy eficaz”, explica.

Los detractores de López Obrador y sus adversarios de las otras dos coaliciones, la del PRI y sus aliados, y la del PAN, PRD y MC, utilizaron los calificativos sobre López Obrador más conocidos durante el proceso electoral que acaba de concluir con el “remake” de la campaña del miedo de 2006 y 2012, pero no les funcionó, dice Antonio Solá.

“Mesías”, “autoritario”, “represor”, “arcaico” con una personalidad similar a la de Hugo Chávez de Venezuela, López Obrador traerá a México como Presidente de la República los peores males, afirman.

“Va a buscar usar las consultas para control político, el salario para los jóvenes desocupados como control político. Si las cosas le empiezan a salir mal buscará a un enemigo.Él ya decretó que es un personaje de la historia nacional tan importante como Hidalgo, como Juárez, como Madero. Si las cosas no le empiezan a salir, él no será responsable, los culpables serán sus enemigos y se inventará un enemigo”, dice Fernando Belaunzarán.

El perredista incluso afirma que López Obrador podría buscar reelegirse, como lo hizo Hugo Chávez.

Marco Cortés Córdova, fundador del PRD y creador del personaje de “Superbarrio Gómez”, se ha declarado opositor al Gobierno de López Obrador.

Cortés Córdova tuvo sus diferencias con el tabasqueño durante la administración de Ernesto Zedillo Ponce de Léon por no obedecer las órdenes del entonces presidente nacional del PRD, de acuerdo con la versión de Marco, al protestar con una máscara de puerco durante el Segundo Informe de Gobierno de Zedillo en 1997.

Cortés afirma en entrevista que López Obrador traicionó a Cuauhtémoc Cárdenas, cuando el hijo de Lázaro Cárdenas del Río lo impulsó como su “delfín” en su carrera política.

“Manda el mensaje de que el 88 ha muerto. La raíz de lo que son los cambios es a partir de cuando él [Andrés Manuel] llega a la Jefatura de Gobierno. Cuauhtémoc lo hizo su delfín, lo trajo, lo llevó, lo apoyó, pero él adentro del núcleo del cardenismo lo único que fue viendo es a quiénes iba a liquidar, no únicamente a Cuauhtémoc sino a todos los cercanos a Cuauhtémoc. Él va destruyendo y construyendo su propio liderazgo con todas las corrientes del PRD: con Bejarano, Los Chuchos, todos en una idea muy oportunista de ‘muerto el rey, viva el rey’ se toman de López Obrador para desprenderse de Cuauhtémoc”, narra.

Rascón describe al tabasqueño como “irresponsable, autoritario, mentiroso, demagogo, manipulador”, y asegura que “mucha  gente de la izquierda ha de estar preparando votar por su arrepentimiento en el muy corto plazo, instantáneo, y se lo vamos reclamar durísimo”.

La hipótesis de Cortés Córdova es que López Obrador es un “opositor muy predecible”, y que el PRI llegó al cálculo de que “mejor que combatirlo, mejor lo adquirimos”.

Sin embargo el PRI y su candidato hasta el último momento, antes de la veda electoral, utilizó la campaña de miedo para llamar a la población a no votar por AMLO.

José Antonio Meade advirtió el 27 de junio que la historia juzgará a quienes “conociendo el riesgo que significa la alternativa autoritaria y antidemocrática de López Obrador, lo favorezcan con su voto en las urnas”.

El español Antonio Solá afirma que la estrategia de Anaya y de Meade fracasó, porque la emoción que domina a los mexicanos en 2018 en contraste con 2006, es la ira y no el miedo.

“Están en otro proceso emocional. Los spots del PRI y del PAN con el miedo, un remake de 2006 y 2012, no tienen efecto. López Obrador ha crecido porque el miedo no es una emoción que esté en disputa en la elección”, explica.

Para el estratega, que ayudó a Felipe Calderón Hinojosa a ganar la elección de 2006 con la frase “AMLO es un peligro para México”, López Obrador no es un “mesías”, ni un “autoritario”, sino un “autócrata”.

“Tiene tintes de autócrata más que mesiánico y autoritario. Autócrata, si buscas la palabra, define en su origen los tintes mesiánicos y también los autoritarios. No estoy diciendo que él sea un dictador, yo creo Andrés Manuel comprende muy bien la institucionalidad mexicana, pero sí es verdad que de repente tiene ciertos tintes de autoridad que lo pueden llevar a cometer excesos, que es lo que en un momento dado a un autócrata, sin tener muy claras las cosas, le puede suceder”, dice.

Pero, acota, México no será Venezuela bajo el mandato del tabasqueño.

“Quien dice eso no conoce Venezuela. Es falso. Tampoco conoce México que tiene una fortaleza institucional sin parangón en América Latina. Es un país que está pegado a la frontera con Estados Unidos, es institucionalmente sólido; esa institucionalidad no permitirá que López Obrador desbarranque a México y haga lo que Chávez y [Nicolás] Maduro le han hecho a Venezuela”, explica.

Andrés Manuel, un personaje tan estudiado, opinado, calificado, apodado y controvertido, bromea en su documental “Esto Soy” sobre los apelativos que le ponen sus detractores.

En una de las escenas, sentado a la mesa con sus cuatro hijos y su esposa Beatriz, bromea con el más pequeño.

“Qué tan intolerante soy, que este jovencito decidió irle al América.¡Imagínense eso en esta casa!”. En ese entonces el tabasqueño tampoco imaginaba que cerraría la campaña de su tercer intento por conseguir la Presidencia de la República en la casa de los americanistas: en el Estadio Azteca.

En el documental, frente a la casa que le vio nacer que luce en ruinas, mientras una señora del Tepetitán acomoda unos maderos en la entrada principal, Andrés Manuel habla del poder y se define.

“Dicen que el poder cuando no hay convicciones y principios atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos. Yo tengo principios, tengo los pies en la tierra, no voy a cambiar nunca. La honestidad y autenticidad y así seguiré hasta que muera”.

En su autobiografía el tabasqueño habla de su pasión y afirma que ha logrado “atemperarla”.

“Autolimitarme, todo por la lucha. Aunque la grandes transformaciones se hacen con pasión”.