Sé que eres una persona profundamente religiosa, pero también que eres un individuo racional; puedes entender que los jerarcas eclesiásticos no necesariamente tienen que ser personas ejemplares y que pueden estar equivocados de cabo a rabo. Foto: Cuartoscuro.

Sé que eres una persona profundamente religiosa, pero también que eres un individuo racional; puedes entender que los jerarcas eclesiásticos no necesariamente tienen que ser personas ejemplares y que pueden estar equivocados de cabo a rabo. Foto: Cuartoscuro.

Si planeas marchar contra los matrimonios igualitarios, es muy probable que hoy estés en condiciones de decidir cómo y con quién casarte. También puedes estar seguro de que la ley te permite opinar libremente y defender públicamente tus puntos de vista. Tus derechos están garantizados; nadie está abogando por quitártelos. Dado que quienes están a favor del matrimonio igualitario no buscan reducir el alcance de los derechos vigentes sino aumentarlo, la pregunta que tendrías que hacerte antes de buscar impedirle a decenas de miles de personas el acceso a un derecho que tú sí tienes es ¿estás completamente seguro de que el matrimonio igualitario “destruirá la(s) familia(s)” y “pondrá en riesgo” a tus hijos?

En caso de que tu respuesta inmediata sea “sí”, tendrías que poder justificarla con motivos bien argumentados; de otra forma tu oposición sería visceral e irracional. Dos preguntas te pueden ayudar a distinguir la solidez de tus justificaciones: 1) ¿Se sigue necesariamente –como se sigue del concepto de un cuadrado que este tenga cuatro lados- que el matrimonio igualitario sería perjudicial para la sociedad?. 2) Existen evidencias científicas que demuestren que ha ocurrido algo negativo en los lugares donde el matrimonio igualitario es legal? Si no encuentras respuestas bien fundamentadas –es decir, seguras- para estas preguntas , mejor no marches. Sería injusto apoyar una causa que con toda seguridad lesiona a un sector de la población tan sólo porque se especula que puede causar un mal indeterminado.

He visto que en ocasiones compartes notas con títulos como “Pareja gay viola a niño que adoptaron” publicadas en algunas páginas de internet. ¿Por qué crees que estas noticias alarmistas no aparecen en The New York Times, El País o The Guardian? Hay dos opciones: 1) Los periódicos recién mencionados son parte de un malvado complot internacional, por lo que evitan dar a conocer estos sucesos o 2) Los sitios donde encuentras estas noticias publican cualquier cosa y no cuenta con el respaldo de un trabajo periodístico serio; es decir, la mayoría de estos eventos son inventos.

Es muy importante que dediques unos momentos a analizar el origen y confiabilidad de tus fuentes. Si los medios que has empleado para formar tu criterio están estrechamente vinculados con organizaciones religiosas o grupos cercanos a éstas, es posible que estén difundiendo contenidos sesgados. ¿No se te hace raro que nunca discrepen? Si quieres un ejemplo de una fuente que seguro conoces basta con mirar al portal ACI Prensa, identificado explícitamente con un sector radical del catolicismo, pero no es el único; hay muchos otros sitios con líneas editoriales similares. Recuerda que un sector influyente de la jerarquía católica se opone al matrimonio igualitario, así que no es casualidad que la mayoría de estos portales sigan esa misma línea. ¿Qué crees que ocurrirá cuando la jerarquía católica cambie de opinión y acepte los matrimonios igualitarios –cosa que pasará tarde o temprano-?

Es muy probable que entonces ACI Prensa y compañía también modifiquen su discurso. Si crees que existe la posibilidad de que estos sitios estén respondido a su militancia, y si te parece sospechoso que ningún medio serio y reputado de cuenta de estos “peligros”, entonces no marches. Podrías estar basando tus juicios en fuentes que, en todo sentido, son poco confiables. Además, sabes muy bien que partir de casos aislados no se puede generalizar –los cientos de casos comprobados de curas pederastas no implican que todos los curas sea pederastas-.

Analiza con cuidado los posters, gifs, memes y demás herramientas empleados para invitar a la marcha por el Frente Nacional por la Familia y otras organizaciones. Esta propaganda incluye mentiras flagrantes y siembra miedo anunciando peligros inexistentes. Las pruebas abundan. En una de las más recientes campañas se invitaba a asistir a las marchas empleado fotografías de niñas –menores de edad- con las leyendas “tu hija menor aborta y sólo se entera la secretaría de salud” o “mami, me cambié de sexo en el registro civil”, como si de eso se tratase la iniciativa en contra de la cuál te han invitado a marchar. Investiga: esto no tiene nada que ver con el matrimonio igualitario y nadie en su sano juicio podría avalarlo. Hace unas semanas circularon fotos de supuestos libros de texto de la SEP que muchos de tus amigos compartieron. Después de tanta alharaca, esto resultó ser una mentira; sin embargo, nadie pidió disculpas a los que quedaron mal difundiendo, crédulamente, esta nota. Otra estrategia cuestionable ha sido el uso de slogans tramposos como “no te metas con mis hijos” –como si alguien quisiera que esto ocurra- o “biología no ideología” –como si todas las leyes estuvieran basadas en hechos biológicos-. Si eres de los que piensan que no hay necesidad de mentir o de recurrir a artimañas torcidas cuando se tiene la razón, no marches.

Revisa también lo que pasa en otras partes del mundo. Fíjate en quiénes integran la minoría que se opone al matrimonio igualitario en Estados Unidos. ¿No te parece extraño que sean los mismos que siguen a Donald Trump y que se oponen al cambio climático? Te invito a hacer el siguiente ejercicio. Piensa en dos grupos de países: 1) Noruega, Suiza, Inglaterra, Escocia, Francia, Canadá, Holanda, Bélgica, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Islandia, España y Portugal. 2) Sudan, Irán, Arabia Saudita, Yemen, Mauritania, Afganistán, Paquistán, Qatar, EAU, Nigeria, Somalia, Siria e Iraq. En todos los países del grupo (1) el matrimonio igualitario es legal; en los países del grupo (2) se considera la homosexualidad o bisexualidad un delito que, incluso, se castiga con pena de muerte. ¿No te parece sospechoso que en los países con mayor educación, prosperidad material y ¡felicidad! sea bien visto el matrimonio igualitario? Evalúa a qué grupo de países consideras que México debería ver como referente. Si elegiste al primero, no marches.

Detente a analizar por un momento el evento del que formarás parte, y pregúntate cómo serás recordado por generaciones futuras y por tu propia familia. En diversos momentos de la historia ha habido grupos que han marchado contra transformaciones en el matrimonio. En la mayoría de los casos, estos grupos han sido respaldados por instituciones religiosas -en este sentido, el movimiento al que te han invitado no es la excepción-. Como seguramente has escuchado, la oposición al matrimonio interracial en Estados Unidos fue cosa seria y fuerte. Quienes no lo querían aseguraban que la unión entre negros y blancos era antinatural.

Un caso mucho más desconocido, y sumamente interesante, es que el que dio a conocer en su blog [https://tediosfera.wordpress.com/2016/08/29/cuando-la-iglesia-despotricaba-en-contra-del-matrimonio-entre-hombres-y-mujeres/] esta semana Eduardo Huchin Sosa, editor de la revista Letras Libres. Resulta que en un libro titulado “Del matrimonio civil”, publicado en 1859 en España, se advirtió de los peligros de los viciosos ¡matrimonios civiles! En esta joya descubierta por Huchin se busca defender al matrimonio católico como el único válido y se aboga por que las leyes civiles se “acomoden” a la Religión porque “lo contrario sería poner al hombre en concurso con Dios, lo cual es absurdo e impío…. A no acomodarse la ley a la religión de los ciudadanos y a las obligaciones que esta impone, no tendrían libertad de conciencia porque la esclavizaría y destruiría, pues les impediría o imposibilitaría el cumplimiento que la religión a su conciencia exige. Tal sería la ley del matrimonio civil respecto de los que profesan la religión católica” (p.240)

También se dice que “ No habiendo en el pacto celebrado ante presencia del magistrado civil nada de matrimonio, sino un pacto de vivir amancebados, injustamente se le da el nombre de matrimonio” (p. 58) Y más adelante se asegura que el nombre que realmente les corresponde es “ley de fornicación legal”. “Estos que vosotros llamáis matrimonios civiles son amancebamientos, fornicaciones legales, torpísimos concubinatos encubiertos con el disfraz y apariencia de matrimonio” (p.64). Y se habla expresamente de los hijos concebidos y procreados en este tipo de uniones: “Estos hijos serán infelices, y… no sabrán obrar el bien, y serán vendidos para hacer el mal (p.110). Si los casados no aprecian la Religión, si van mal, si viven peor, ¿cómo podrán educar debidamente a sus hijos? (p. 220). Si estas posiciones te suenan familiares, no marches. Podrías estar defendiendo sus versiones contemporáneas y se dificultaría vivir con esa carga en el futuro.

Sé que eres una persona profundamente religiosa, pero también que eres un individuo racional; puedes entender que los jerarcas eclesiásticos no necesariamente tienen que ser personas ejemplares y que pueden estar equivocados de cabo a rabo. ¿No te parece extraño que sea esta, y no tantas otras, la causa a la que te han invitado a participar? Piensa por un momento en el en el Cardenal Norberto Rivera y en su cercanía con Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. A pesar de que un porcentaje importante de católicos está a favor del matrimonio igualitario, y aun sabiendo que a largo plazo están dañando la credibilidad de su propia iglesia, el Cardenal y los obispos han tomado esta bandera. Lo que es peor, después de haberte invitado por todos los medios posibles a marchar, la semana pasada dieron un paso hacia atrás y dijeron que ellos no apoyaban la manifestación pero que no eran organizadores ni promotores. En una entrevista concedida a la periodista Denisse Maerker, el sociólogo experto en religiones Bernardo Barranco mencionó tres hipótesis que explicarían este fenómeno: 1) El arzobispado ha acordado bajo la mesa con el gobierno, 2) Después de tantas mentiras con la que las organizaciones ultraconservadoras han promovido esta causa, los integrantes de la jerarquía eclesiástica quieren deslindarse de ellas o 3) Tienen temor de que la convocatoria sea un fracaso y de que nadie vaya a la marcha. En cualquier caso, lo cierto es que después de haber tirado la piedra han escondido la mano. Si crees que estos grupos no te representan o que te han dejado solo, no marches. Te podrían estar usado como un peón en su juego y sería tu foto, y no la suya, la que quedaría para el recuerdo.

También estoy seguro eres una persona congruente y que defiendes la premisa de no hacer a otros lo que no quieras que te hagan a ti. Probémoslo con un breve ejercicio: imagina por un momento que es 2030 y que México, por algún azar del destino, es colonia de alguna teocracia musulmana fundamentalista. ¿Te gustaría que prohibieran a las mujeres conducir por “haberse probado científicamente que son inferiores a los hombres” o que les impusieran vestimentas con base en la interpretación de una religión que, además, no es la suya ni la tuya? Si tu respuesta es no, entonces no marches. En realidad estás a favor del estado laico; no puedes permitir que el concepto de matrimonio sacramental o de alguna religión sea predicado a las leyes civiles.

Finalmente, piensa en todos tus amigos o familiares homosexuales; seres humanos a los que seguramente amas, que te aman, que buscan lo mejor para ti y que son parte fundamental de tu vida. Piensa también en tus hijos, nietos o bisnietos; te guste o no es probable que alguno de ellos sea homosexual. Eso no dependerá de ti ni de las leyes vigentes. Imagina lo que tus descendientes pensarán de ti cuando se enteren que marchaste o apoyaste a organizaciones que promovieron una causa que les privó de ser reconocidos legalmente como iguales; de ser plenamente incluidos y de vivir una vida familiar como la que tanto valoras. Si verdaderamente te interesa la felicidad de estas personas, estoy convencido de que no marcharás en su contra.

(Si conoces a alguien que planee marchar contra el matrimonio igualitario o “a favor de la familia”, por favor hazle llegar este mensaje.)

 

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