López Obrador, como la mayoría de los políticos, no desea confrontarse con el poder mediático. Foto: Cuartoscuro

Andrés Manuel López Obrador también tendió la mano a los medios de comunicación el día de las elecciones.

En su mensaje en el Hotel Hilton dijo: “Fue ejemplar la pluralidad y el profesionalismo de la prensa, la radio y la televisión. Los medios de comunicación no fueron como en otras ocasiones correas de transmisión para la guerra sucia. También mi gratitud a las benditas redes sociales”.

La política de la reconciliación se concretó así con otro actor importante del país. Es lógico que así haya ocurrido porque López Obrador, como la mayoría de los políticos, no desea confrontarse con el poder mediático, por más que se advierta sobre su debilitamiento de influencia en la opinión pública frente a las redes sociales.

Sin embargo, generalizó. No todos fueron profesionales ni mucho menos plurales.

Así se demuestra en el monitoreo de noticiarios de radio y televisión que ha hecho la UNAM para el INE. Como hemos comentado en Sin Embargo, en este proceso electoral, hubo una cobertura más amplia y en ocasiones equilibrada, si se le compara con lo que vivieron los candidatos y partidos de oposición en elecciones anteriores, pero aun hay desafíos importantes en pluralidad, ética (profesionalismo) y derechos de las audiencias.

También, como denunció Mexicanos contra la Corrupción, hubo mucho dinero ilegal en los medios de comunicación en estas campañas políticas para apoyar o denostar a candidatos y partidos políticos.

Este gasto y las preferencias partidistas de empresarios mediáticos y periodistas fueron clave para la guerra sucia que también vimos en diversos medios y espacios informativos, basada en supuestos, rumores y mentiras para bajar a AMLO en las encuestas: por ejemplo, la injerencia rusa, el perdón a criminales, el desprecio a la sociedad civil organizada, el odio a los empresarios, su pésimo estado de salud y su vejez. (Hernán Gómez, El Universal, 29 de junio 2018).

Lo mismo -o quizás peor- sucedió a Ricardo Anaya. Desde el gobierno federal se operó una estrategia de comunicación para denigrar al candidato de Por México al Frente a través de filtraciones de expedientes, grabaciones, “exclusivas”, que varios medios de comunicación difundieron, acríticos, con enorme gusto. A ello incluso se prestó la agencia mexicana de noticias, Notimex. El panista, por si fuera poco, fue el que tuvo una menor cobertura periodística frente a AMLO y José Antonio Meade.

Por supuesto que algunos medios de comunicación, como en elecciones anteriores, pudieron ser más críticos y destructivos con AMLO a lo largo de la campaña, pero optaron por jugar un papel cauteloso ante el escenario posible que finalmente se cumplió: el avasallador triunfo en las urnas de la coalición Juntos Haremos Historia.

Al confirmarse los resultados este domingo, el trato hacia López Obrador ha sido todavía más amable. Y también es comprensible porque para los medios, como lo dicta la experiencia, es preferible mantener la prudencia y no cerrar las puertas a entrevistas, noticias exclusivas, primicias y sobre todo a la publicidad gubernamental.

LA NUEVA POLÍTICA DE COMUNICACIÓN

¿Cómo será la política de comunicación social del futuro presidente?

La moneda está en el aire. López Obrador ha reiterado que respetará la libertad de expresión y que disminuirá el gasto en publicidad gubernamental. Veremos la manera en cómo operarán estos compromisos en el día a día, porque una cosa es ser oposición, pero otra muy distinta es ser gobierno y tener un enorme poder político.

El responsable de definir dicha política será César Yáñez, el coordinador de comunicación de López Obrador. En sus manos está transformar la relación poder político-medios de comunicación, bajo los principios de un gobierno democrático y una visión de izquierda.

Además de una nueva regulación de la publicidad gubernamental, otros temas prioritarios en este ámbito son los medios públicos y su autonomía (Once TV, Canal 22, IMER, Radio Educación, etc.), el fortalecimiento de los medios indígenas (Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas), los derechos de las audiencias y su pleno reconocimiento, la necesaria reestructuración de la Subsecretaría de Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación, el impulso pleno a la transparencia y la rendición de cuentas en el gobierno federal, entre otros.

¿Se impulsará una reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, como parte de estos cambios necesarios? ¿se reformulará la Ley General de Comunicación Social? ¿habrá cambios a la legislación de la administración pública federal para reubicar a los medios públicos en algunas dependencias y garantizar así su independencia editorial? ¿cuál deberá el papel de Notimex? ¿y qué pasará con el cine? ¿se modificará la Ley Federal de Cinematografía para dar más espacio al cine nacional en empresas como Cinépolis (propiedad de un empresario que no quería a AMLO en la presidencia)? ¿habrá un verdadero fomento a la producción audiovisual nacional e independiente?

Al mismo tiempo, la nueva comunicación social de Presidencia se demostrará en la relación cotidiana con los medios de comunicación, desde el equipo de transición y una vez que asuman el Poder Ejecutivo. ¿Se seguirá privilegiando a las televisoras comerciales o ya se volteará a ver a Once TV, Canal 22 y otros medios públicos y comunitarios con información de primera mano y entrevistas? ¿se acabará con las presiones o el chantaje desde la oficina de comunicación de la Presidencia para incidir en las líneas editoriales o para terminar relaciones laborales con columnistas, reporteros o conductoras? ¿se seguirá reproduciendo la tradicional Comida Nacional de Radio y Televisión con el mismo formato, anacrónico, de alabanzas mutuas? Infinidad de preguntas por responder.

¿Y los medios? Bueno, a los medios les corresponde regresar a su esencia o mantenerla: hacer periodismo de calidad y ser contrapoder, recuperar las agendas de la sociedad, hacer un marcaje para que las promesas del político y los partidos que lo apoyan se cumplan, denunciar con mayor ahínco la corrupción, terminar con la práctica del “chayote”, ganar la credibilidad perdida de muchos de estos medios frente a la ciudadanía y denunciar toda presión gubernamental para limitar su libertad de expresión.

En la consolidación de la democracia, los medios impresos, la radio y la televisión son también actores indispensables.

@telecomymedios