Un largometraje y una miniserie únicos hasta ahora en México muestran que la lengua y la cultura maya nunca se han ido, nunca desaparecieron ni se pueden apreciar sólo en museos: están más vivas que nunca.

baktun_int3Ciudad de México, 4 de mayo (SinEmbargo).– Un proyecto de largometraje y miniserie llamado Baktún pone el reflector sobre la lengua y cultura maya, que hasta ahora habían permanecido marginados de los medios masivos. Por primera vez se transmitirá una telenovela realizada en el corazón del mundo maya y hablada en el idioma local.

La historia aborda el tema del fin de la cuenta larga desde la cosmovisión maya. Cuenta el periplo de Jacinto, quien ha dejado atrás su comunidad y vive en Nueva York pero la enfermedad grave de su padre lo hace regresar. Al llegar, Jacinto se enfrenta a una lucha por conquistar al amor de su infancia, por salvar a la comunidad de las amenazas de una transnacional y, en el proceso, recupera su cultura, su lengua y sus raíces.

El resurgimiento de Jacinto –interpretado por Hilario Chi Canul, quien es además el asesor en la adaptación al maya– sucede a la par del fin e inicio de la cuenta larga, el 13 baktún en el calendario maya. La película aborda el reto de las comunidades indígenas del siglo XXI, el problema de cómo recuperar la cultura y tradiciones sin dejar de vivir en un mundo global.

Este ha sido un tema que ha interesado a Bruno Cárcamo a lo largo de su trayectoria. Escribió para la serie “Sacbé, la ruta maya” en el Canal Once y en 2004 realizó un documental llamado “Voces en extinción”, que retrata la vida de cinco grupos indígenas cuya lengua está en riesgo de perderse.

“Algo básico para retratar la cultura es que sea en su lengua. Una de las entrevistas en Voces… fue el detonante para todo lo que he hecho después. Un líder purépecha en Michoacán me dijo que le gustaría ver que los programas estuvieran en su lengua. Entonces me di cuenta de que hay un espacio que nadie ha atendido; hay gente olvidada, histórica y mediáticamente”, comenta Cárcamo.

De 2006 a 2008 produjo y dirigió la serie “Jaaj T’aan”, hablada íntegramente en maya y producida con la colaboración del estado de Quintana Roo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Seminario Permanente de Tipología de Lenguas Indígenas Americanas. El año pasado, dio inicio el proyecto de Baktún, una miniserie de 21 episodios y un largometraje que incorpora elementos de ficción y documental.

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–¿Cómo surgió la serie Jaaj T’aan?

–Quería hacer una telenovela en maya desde entonces pero el presupuesto era casi imposible de obtener. Se hizo esta primera serie como una revista documental de 30 minutos sobre quiénes son los mayas en el siglo XXI, cuáles son sus intereses, su gastronomía, su cultura, etcétera. Desde Voces en Extinción he trabajado con Francisco Barriga, coordinador nacional de Antropología del INAH, en la misión de encontrar espacios en los medios masivos para las voces indígenas.

–Retomaste la idea de la telenovela el año pasado, en 2012…

–Llega 2012 y hubo una fiebre mediática por el fin de la cuenta larga, la supuesta profecía maya del fin del mundo. Cuando en realidad ellos conciben que el fin es el inicio. Es un ciclo. Quise aprovechar el impulso mediático para desmentir eso y proponer finalmente la serie de televisión. Así surgió Baktún. Un largometraje y serie simultáneamente, para aprovechar los recursos, los permisos y el hecho de llevar un equipo de producción allá.

–¿Cuáles fueron los retos de llevar a cabo un proyecto tan ambicioso?

–Lo más difícil del rodaje es la responsabilidad de llevar a un equipo a sitios remotos. Escogimos Tihosuco porque iba a tener suministro de electricidad y agua potable además de ser una comunidad íntegramente mayaparlante. Nuestra sorpresa fue que al segundo día no había agua ni luz. Otra cuestión fue que había tres o cuatro equipos de producción, cada uno con un realizador, trabajando al mismo tiempo, haciendo las secuencias para el largometraje y la serie.

–¿Cómo los recibieron en la comunidad?

–Tuvimos la suerte de que estuvieron dispuestos a colaborar. Porque no es fácil ganar la confianza de la gente y convencerlos de que no les están tomando el pelo, que es un proyecto serio y comprometido con mostrar su realidad. Al final del rodaje, hubo un festejo y todos vinieron a despedirse, diciendo cómo les había cambiado su vida el que hubiéramos estado ahí. Y viceversa, a nosotros nos cambió toda esa experiencia.

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–¿Cómo fue el proceso de escribir y producir una telenovela/largometraje en maya, con gente de la comunidad y que no son actores?

–Desde el inicio, Luis Emilio Medina y yo teníamos claro que era importante adaptar el guión al maya, no nada más traducirlo. Es decir, que realmente las situaciones fueran unas que se dan en una comunidad maya. Hilario Chi Canul, un líder de su comunidad con estudios de maestría en educación intercultural, fue nuestro experto asesor en diálogo y cultura maya, además de hacer el papel protagonista.

¿Cómo se logró unir los elementos de ficción y documental?

–No hay actores profesionales. Todos los eventos, fiestas, ceremonias y explicaciones se realizaron de manera auténtica y se filmaron como documental. Por otro lado, las acciones y diálogos entre los personajes; es decir, la narrativa, fue una estructura de ficción clásica, con su clímax, desarrollo, el héroe y el villano. Hay una anécdota cuando filmamos la escena del funeral, con el hombre sabio que hace una ceremonia para que se desprenda el alma. Cuando le pedimos al actor que hace el papel del padre difunto, muy preocupado, nos dijo: ‘¡No me puedo acostar ahí! El H-Men [líder espiritual] no se hace responsable si no me levanto’.

–¿A dónde quisieras llevar este proyecto?

–Primero, la pienso llevar al cine y televisión en Quintana Roo, para que la gente maya pueda ver que sí se puede hacer cine y televisión indígena en medios masivos. También vamos a aprovechar la Internet, YouTube. Pero yo quedaré muy a gusto una vez que esto llegue difundirse en una televisora con penetración más allá de la estatal o regional.

–¿En el extranjero también?

–Vamos a llevar el proyecto a Bolivia, Colombia y Perú. También estoy emocionado de llevarlo a China y Japón en junio. Muy importante que llegue al Festival de cine independiente de Nueva York. Porque así como nosotros, el protagonista hace un puente entre Nueva York y Tihosuco, de la metrópoli a una comunidad indígena en la selva, y al final está orgulloso de mostrar su cultura allá. Yo estoy convencido de que la única forma de ser global es siendo local.

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