Aunque no hay cifras confiables, se calcula que en México hay unos 20 millones de perros viviendo en situación de calle; de hecho, nuestro país figura en la triste lista de las 10 naciones del mundo que mayor sufrimiento infringe a sus habitantes animales, tanto domésticas, como de diversas especies.

Sin embargo, en medio de este desolador panorama, también es cierto que los mexicanos tenemos uno de los dos refugios para perros que han sufrido maltrato extremo que hay en toda Latinoamérica. “Milagros Caninos” es la organización que le devuelve la dignidad a los más débiles y de paso, con esta labor también le devuelve la dignidad a la sociedad mexicana, cuyo umbral de crueldad y violencia contra los animales alcanzan cotas altísimas… y muy, muy dolorosas.

A mediados de octubre de 2011, la prensa internacional se hizo eco de una noticia y un video que indignó a la sociedad del mundo: se trataba del caso de una pequeña niña china, atropellada reiteradamente por un conductor, ante la mirada impasible de una veintena de personas que pasaron y volvieron a pasar, totalmente indiferentes, por el sitio donde yacía el cuerpecito herido de la menor arrollada. No fue sino hasta mucho tiempo después del accidente, que un recolector de basura decidió pedir auxilio para la pequeña.

La escena parece –y es- horrible, pero a decir verdad, la gran mayoría de nosotros protagonizamos diariamente –aquí y en China- situaciones urbanas idénticas a la de esta pequeña, e incluso, muchísimo peores. Todos los días, y algunas veces, en varias ocasiones durante una misma jornada, vemos seres vivos atropellados y no hacemos nada; o peor aún, dejamos que nuestro auto pase por encima del cadáver de un perro o un gato callejero que, presa de la agitada vida humana, no logró llegar a la acera de enfrente.

Y alguien dirá: ¡No es igual, son animales! Mientras que otros se preguntarán: Pero ¿cómo puede compararse la vida de una niña con la de un perro o un gato callejero? De acuerdo al psicólogo británico Richard D. Ryder, quienes se hacen esta pregunta, o se escandalizan ante la comparación de la vida humana con la vida de un animal, son personas que protagonizan la más común (y la menos notoria) forma de discriminación: el llamado ‘especismo’.

Ryder, quien acuñó este término apenas en 1970, afirma que el especismo es equiparable al racismo, es decir, a creer que una raza humana es superior a la otra, con la gran diferencia de que hoy, ser racista es –por lo menos- políticamente incorrecto, mientras que el especismo, por desgracia, forma parte integral de la cotidianeidad humana, donde el sufrimiento animal es totalmente aceptado (y practicado) como algo ‘normal’, puesto que se trata –dice la mayoría- de ‘seres inferiores a nosotros’.

TODA VIDA ES UN MILAGRO… SIN IMPORTAR LA ESPECIE

“Mamá, ¿qué es eso? Me preguntó mi hija al pasar fuera de una casa. Nos detuvimos y vimos con tristeza e indignación lo que parecía ser un perrito. Tenía clavadas las orejas a un árbol y no podía moverse. Estaba en los huesos, totalmente desnutrido y deshidratado… Tenía el cuerpo desgastado por el dolor y por la exposición al sol y la lluvia. No sé cuánto tiempo llevaba ahí. El perro estaba muriendo ante los ojos de todos los que pasaban por ahí, y nadie hacía nada. Yo lo rescaté y me llevé a Bobi –que así se llama ahora- a mi casa.”

Paty Ruiz es la fundadora de ‘Milagros Caninos’ una organización civil dedicada al rescate de perros callejeros única en su tipo, pues atiende exclusivamente a perros que han sufrido un maltrato extremo por parte de los humanos, que tienen enfermedades incurables o muy delicadas, o que están en la etapa terminal de su vida. En México no existe un lugar similar a este milagroso paraje canino, creado en 2006.

“Desde que tengo memoria, desde que era una niña siempre fui muy sensible al maltrato animal, pero digamos que mi primer ‘rescate oficial’, como animalista asumida, fue Bobi, que todavía tiene algunas secuelas físicas en sus orejas, pero vive y es feliz, jugando con mis hijas (…) cada una de las vidas que atendemos, es para nosotros precisamente eso, ‘un milagro’, porque las condiciones en que los encontramos o nos llegan, son terribles, a veces no hay palabras para describir algunos maltratos que sufren y sin embargo, los que logran sobrevivir, vuelven a confiar y a jugar, como si volvieran a nacer a una vida sin crueldad”

Como sucede con todo tipo de discriminación, el especismo no es diferente: aún entre los débiles pareciera que además de todo, hay niveles, y los más vulnerables entre los vulnerables, son quienes se llevan la peor parte. Por eso, es a estos perros que Milagros Caninos A.C dedica sus esfuerzos, donde se les divide en áreas para Torturados, Discapacitados, Ancianos, con cáncer, o en etapa terminal de otras enfermedades.

Pero aquí no hay jaulas. El sitio es más bien un santuario. Un lugar que honra a la vida. Un paraje abierto donde juegan y conviven perros ciegos, sin patas, sin ojos, quemados, cortados, atropellados, violados… bajo la constante y cuidadosa vigilancia de quienes ahí laboran, (que son los menos), y los que hacen trabajo voluntario (que son los más), por puro amor a los animales.

“Actualmente tenemos alrededor de 130 perros en Milagros Caninos, en este lugar que es como un paraíso para ellos. Cada historia (http://www.milagroscaninos.org/category/historias/ ) es a la vez un cuento de terror y también una esperanza hecha realidad. Y no se trata de discriminar. Sabemos cuánta necesidad de ayuda hay entre los animales que sobreviven de mala manera en las calles de todo el país, pero nosotros nos enfocamos en aquellos que menos oportunidad tienen. Muy pocas veces los damos en adopción, pues se trata, ni más ni menos que de los más débiles entre los débiles, y es necesario cuidarlos y atenderlos mucho”. Todo tipo de violencia es en realidad, una enfermedad social.

De acuerdo al último informe de la Fundación Internacional Ayuda de Animales sin Fronteras, México figura entre los 10 países del mundo que más abusa de las mascotas y de otras especies domésticas. No se diga ya entre el resto de los animales, considerados por nuestra cultura como ‘animales de carga’ como burros y caballos, o entre los que pareciera que sus vidas solo tienen sentido para el disfrute y la diversión de los humanos: peleas de gallos y de perros, animales de circo y de zoológico, toros de lidia, etc. Y luego, al final, los que son criados en condiciones ‘inhumanas’ para usarse como comida, o como carne de crueles experimentos ‘científicos’ en los laboratorios de las grandes empresas.

“Vivimos en un mundo fragmentado y no nos damos cuenta del riesgo que esto genera para todos. Hoy en día, la crueldad y la violencia se han vuelto cotidianas, nos hemos acostumbrado y hemos normalizado estas conductas y las consideramos como ‘muy humanas’ (…) pero la unidad del corazón, la compasión, no es algo que pueda ni deba dividirse”, dijo durante una conferencia en la norteña ciudad de Zacatecas, Alberto Castillo Peláez – presidente de la Asociación Protectora de animales El Muro.

No es ninguna exageración afirmar que la violencia social y la violencia que se ejerce contra los animales tiene relación directa. Diversos estudios (algunos encabezados por el propio FBI) concluyen que ‘quien es cruel con un animal por considerarlo inferior, tarde o temprano hará lo mismo con los de su propia raza’, porque en esas personas –y en la cultura actual en general– impera la ley no escrita pero real, de aniquilar a los más débiles. Sin ir más lejos, la propia Secretaría de Seguridad Pública ha confirmado recientemente que el 93% de los criminales presos, tienen algún antecedente de maltrato animal.

“Hubo un caso tremendo que nos llegó de Fresnillo, Zacatecas. Allá, los titulares de la prensa decían: ‘ya ni los perros se salvan’. Se trataba de un perro que estaba en poder de un grupo delictivo, y hacían ‘experimentos’ en él (…) lo golpeaban, lo quemaban, y le fueron cortando los dedos (…) por fortuna, así como hay quien es capaz de hacer esto, también está la otra cara de la moneda. Arriesgándose muchísimo, una persona rescató a este perro que bautizamos aquí como ‘Pay de Limón’, y lo trajo desde Zacatecas hasta el DF, y ahora nosotros estamos buscando la forma de rehabilitarlo. Pero el perrito está vivo gracias a una persona que lo salvó poniendo en peligro su propia vida, y esos son los gestos que importan”, dice en entrevista Paty Ruiz.

Pero la crueldad no es exclusiva de quienes la sociedad llama ‘delincuentes’, la cultura del maltrato está arraigada en todos los niveles, en todos los estratos y en todos los ámbitos. En Milagros Caninos guardan especial cariño al recuerdo del perrito llamado ‘Pastel’, a quienes policías judiciales sumergieron la cara en ácido, deformándolo para siempre. El problema no es el oficio, el problema no es la edad o la jerarquía socioeconómica… el problema es que consideramos a los animales como seres inferiores y sin ninguna valía.

Por eso, tal vez no sería tampoco una exageración decir que cada animal maltratado en México, nos describe con un cruel lenguaje, la enfermedad social que aqueja desde hace tiempo al país; pero de igual forma, los esfuerzos de miles de personas que hoy en día se asumen como ‘animalistas’, constituyen asimismo la faceta de un México más luminoso, que quiere dejar atrás la violencia cultural que nos rodea, trabajando por la defensa y los derechos de los débiles entre los débiles: los animales. Y si la violencia es una enfermedad social que nos aqueja a todos, existe la cura; y en gran medida, la sanación también viene de la mano de los seres más sensibles.

“Nosotros en Milagros Caninos por ejemplo, tenemos programas de ‘Terapias’, donde participan personas de la tercera edad, personas con capacidades diferentes y niños de la calle. Yo digo: ‘para perros especiales, personas especiales’. Es maravilloso ver cómo disfrutan tanto las personas y los niños como los perritos (…) tal vez como se trata de colectivos que también han sufrido el maltrato o el abandono, son más sensibles y los animales perciben esto de forma inmediata, así que se prodigan amor y caricias mutuamente y la terapia le sienta bien a todo el mundo (…) yo estoy convencida de que es posible inculcar el principio de la compasión, sobre todo entre los más pequeños, así, aunque no te gusten los animales, puedes aprender al menos a respetarlos, a saber que son seres que sienten, como tú y como yo, igualito a nosotros” .

El problema no es económico, el problema es de carácter emocional

Mantener el Santuario para perros en situación de maltrato extremo de Milagros Caninos, cuesta aproximadamente unos 100 mil pesos mensuales. El lugar tiene un veterinario de planta y entre 10 y 12 personas que trabajan como cuidadores, ayudantes de mantenimiento y guías durante las visitas que la institución organiza periódicamente. Hay que pagar además utensilios y productos de limpieza, alimento y medicinas en cantidades estratosféricas, y cuidar de que el lugar se mantenga en las mejores condiciones de belleza y sanidad tanto para los perros como para los visitantes.

Esos son los ‘gastos fijos’, pero muy frecuentemente, Milagros Caninos se enfrenta a las emergencias que le dan sentido a su labor: atender de manera urgente a algún perro que requiere una intervención médica inmediata de costes elevadísimos.

Casos como Pay de Limón, por ejemplo, cuyas prótesis para sustituirle los dedos, costaron más de 80 mil pesos y fueron realizadas en Denver, Colorado; O la operación que se realizó a Gruyère, un perro a quien le dieron un hachazo partiéndole el rostro. Esta fue la primera cirugía de reconstrucción en su tipo que se ha hecho en todo el mundo, y en la que participaron incluso médicos que atienden a humanos, para devolverle a Gruyère la forma más parecida a lo que una vez fuera su inocente cara.

PAY DE LIMÓN EL PERRO TORTURADO
TIENE NUEVA VIDA

Todos estos costes extras son carísimos, y no siempre están al alcance de Milagros Caninos, pues cada uno de los 130 perros que ahí viven, necesitan cuidados especiales. Pero así como hay quienes no tienen ningún miramiento en hacer daño a estas vidas animales, o quien simplemente piensa que ‘gastar ese dineral en un animal es una locura’, también los hay, (y los hay por miles en todo el país), que están dispuestos a participar con donaciones personales, con apadrinamientos, con colectas, o con eventos solidarios.

“Si. Por fortuna, así como nos llegan o nos traen perros muy dañados de todos los rincones de México, también nos llega ayuda de muchísima gente, y hasta he recibido propuestas de aquí y del extranjero para hacer de Milagros Caninos una franquicia (…) pero jamás sería capaz de lucrar, de hacer de esta labor un negocio. Aquí impera el corazón, la compasión, el deseo de ayudarlos, el sueño de vivir algún día en un mundo donde no haya violencia, donde la vida de los animales sea valiosa, sea respetada”

Hoy en día, en México es imposible conocer la cantidad de perros que hay deambulando en nuestras calles, pues un macho puede llegar a procrear hasta 200 cachorros por año si no hay un control de la natalidad, como ocurre en la enorme mayoría de los casos en todo el país. Cifras aventuradas hablan de por lo menos 20 millones de perros en situación de calle, y 5 millones sólo en la capital mexicana, donde las autoridades sacrifican anualmente a unos 200 mil de ellos, como ‘única medida’ para solventar este problema social, que más que material, es de índole cultural y aunque suene raro: emocional.

Y mientras tanto, las pocas las leyes que existen para la protección de los animales son letra muerta. En 2010 y a principios de 2012, diversas organizaciones animalistas intentaron sin éxito que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobara una legislación específica en contra de quienes maltratan animales.

Aunque lo cierto es que poco a poco, en México está cambiando la empatía hacia estos seres. La misma Paty Ruiz creó Milagros Caninos a partir del sorpresivo apoyo que recibió después de publicar en el periódico una esquela dedicada a su perro ‘Clavo’. Hoy, esta organización recibe más de 300 personas en cada una de sus visitas guiadas, y tanto el apoyo económico como voluntario a sus labores han ido en aumento con los años.

“Quien viene a visitar Milagros Caninos no viene a llorar, viene a llenarse de esperanza, a tomar el ejemplo de fortaleza y entrega a la vida de estos perros, que a pesar de haber sufrido lo indecible, recuperan la alegría y la confianza en los humanos, no importa cuánto los hayamos dañado (…) mi sueño sería abrir santuarios como éste en todo México para ir cambiando nuestra consciencia y nuestra indiferencia, para que sepamos valorar la vida, la vida toda, no sólo la vida humana (…) es posible cambiar la cultura. Yo siempre digo que nadie puede solucionar todos los problemas del mundo con sus manos, pero si cada uno pusiera sus manos al servicio de las pequeñas cosas, de la causa que más le mueve, este mundo sin duda sería muy distinto al que conocemos”

EN ARGENTINA: OTRO “MILAGROSO”
EJEMPLO ANIMALISTA

El Campito-Refugio es una organización bastante similar a la iniciativa mexicana de Milagros Caninos. Se trata también de un emprendimiento que funciona con fondos privados y en base a voluntarios animalistas, que hacen todas las labores necesarias para cuidar de los 750 perros que alberga este santuario argentino situado en las cercanías de la capital, Buenos Aires.

Su fundadora, Nancy Salgado, comenzó llevando perros en situación de maltrato extremo hasta su casa, pero una vez que se le acumularon 70 de ellos, entre ancianos o con enfermedades terminales, optó por mudar el refugio a un lugar más adecuado, donde los perros pudieran vivir sus últimos días alejados del temor de sufrir la eutanasia.

El Campito-Refugio también tiene grandes requerimientos económicos, pero sus más de 300 voluntarios que están disponibles las 24 horas del día, así como los donativos que reciben de sus visitantes o de quienes acogen las campañas educativas que esta organización realiza en escuelas y en eventos solidarios, logran recaudar (a tiros y tirones) los aproximadamente 50 mil dólares que salvar la vida de estos perros bonaerenses requiere.

Argentina en realidad va un paso delante de varias naciones latinoamericanas, pues es el primer país que acoge y dicta una “Cátedra sobre el Derecho y la Protección Animal”. Fueron la Universidad Nacional de Córdoba y el Colegio de Abogados de esa entidad argentina la que invitó a la Dra. Susana Dascalaky, abogada penalista y especialista en el tema, para fundar esta primera ponencia magistral que se realiza en nuestro continente, a nivel universitario.

MONUMENTO AL PERRO CALLEJERO

“Peluso”, quien fue uno de los habitantes de Milagros Caninos, fue el perro que sirvió de modelo para la creación del Monumento al Perro Callejero, situado en Avenida Insurgentes Sur y Moneda, en la delegación Tlalpan, al sur de la capital mexicana.

La estatua hecha de bronce, recuerda a los millones de perros que deambulan por las calles de nuestro país, y que a cambio de nuestro maltrato y nuestra indiferencia cotidiana, nos devuelven fidelidad y cariño.

Monumentos de este tipo sólo existen en 10 países del mundo, y México está entre ellos. La impulsora de su creación y develación en 2008 fue Paty Ruiz, con la colaboración de quienes han visitado y disfrutado la labor del único Santuario para Perros mexicano, Milagros Caninos.
Peluso, quien tras recuperarse de desnutrición, y finalmente murió después de pasar sus mejores últimos años en el santuario fundado por Paty Ruiz, está sepultado en el cementerio que forma parte de este milagroso albergue canino mexicano.

Para colaborar con la asociación Milagros Caninos, puedes hacerlo a la cuenta HSBC 4038733085 / clabe interbancaria 021180040387330857.  También puedes asistir a las visitas guiadas que la organización realiza periódicamente y con fechas específicas, confirmando tu asistencia a: [email protected]