Junto con Julio Patán, gracias a una idea del editor de Planeta, Guillermo Sandoval, el historiador presentó hace unas semanas el libro México Bizarro. Va muy bien en la lista de ventas y habla de un país donde se cuece realmente la historia, donde se ve claramente qué clase de nación somos.

Ciudad de México, 4 de noviembre (SinEmbargo).- Este es un libro que sólo puede hacerse en México. Alejandro Rosas, con su carácter de historiador, y Julio Patán, con su astucia periodística, hacen este manual con anécdotas donde el humor y la acidez reinan por doquier.

Se trata de un México antiguo –aunque hay muchísimas de esas muestras en el presente- y vergonzante, como cuando apareció debajo de la cama la niña Paulette o cuando hubo una chica que era una espía para Adolf Hitler.

El libro ha sido ampliamente aceptado por los lectores mexicanos, quizás para recordar y para reconocerse en esas historias que hablan por nosotros mucho más que las “oficiales” o las “estadísticas”.

La idea de lo bizarro y de lo vergonzante para México la recordamos “como anécdotas, es un poco jugar con el humor, esas cosas de la política han determinado al país como somos”, dice Alejandro Rosas.

Son amigos desde hace tiempo. Se llevan tan bien haciendo libros y hay muchas anécdotas bizarras, es probable otro libro más. Foto: Especial

Para él, el reciente acontecimiento donde el senador Emilio Gamboa usaba el avión oficial para jugar golf con el Presidente Enrique Peña Nieto, “puede estar tranquilamente en México bizarro”.

Julio Patán y Alejandro Rosas son personas muy distintas, pero a la hora de ponerse a trabajar se pusieron muy a tono. Un poco por el whisky, otro poco por la idea proporcionada por el editor de Planeta, Gabriel Sandoval y sin duda por lo desopilante de las historias que pueblan el libro.

“Nos une el humor negro, la ironía, el whisky, Julio es un bromista periodístico y yo soy un bromista histórico, pudimos juntar ambos oficios para hacer este libro. Lo trabajamos mitad y mitad”, cuenta.

Fue presentado en la Feria del Zócalo donde se vendió íntegramente, hay entretenimiento, deportes y por supuesto, política, “lo que permite una gran lectura del libro, puedes abrirlo donde sea”, concluye Alejandro.