Las quejas se han acumulado por doquier. Las he visto de parte de, al menos, media docena de los ciudadanos que buscan ser candidatos independientes. Foto: Cuartoscuro

Lo aviso desde ahora: al escribir este texto no he firmado en apoyo de ninguna de las posibles candidaturas independientes. Esto no quiere decir que piense votar por los partidos establecidos. Simplemente, no lo he decidido ni he tenido ocasión de participar en el arduo proceso de recabado de firmas. Sirva la aclaración, sobre todo, para quitar cualquier tinte partidista o proindependientes a la presente reflexión.

Las quejas se han acumulado por doquier. Las he visto de parte de, al menos, media docena de los ciudadanos que buscan ser candidatos independientes. Todas giran en torno al mismo asunto: es complicada, tardada e ineficiente la forma en que se recolectan las firmas ciudadanas. Los números parecen apuntalar la queja: con las tendencias actuales, incluso los candidatos con más recursos no alcanzarán su registro.

Yo nunca he tenido la app del INE en la mano. De entrada, porque no pertenezco al equipo de ninguno de los candidatos independientes y, de momento, sólo aquéllos que son registrados como tales, tienen autorizado el uso de la app para conseguir los apoyos necesarios. Suena ridículo por donde se le vea.

Las razones son muchas. Incluso si la app funcionara siempre de forma correcta y no hubiera problemas a la hora de escanear las credenciales o de cotejar las firmas; por no mencionar las varias veces que se debe reiniciar el sistema y los muchos minutos que se pierden en cada ocasión. En la medida en la que sólo unos cuantos están autorizados para recabar las firmas, eso significa que tienen claras limitaciones geográficas y temporales. Es decir, un grupo de personas tiene que perseguir a cientos de miles de posibles firmantes. Es cierto, se les puede convocar masivamente pero, aun así, no siempre coincidirán los horarios y las ocupaciones.

Considérese, además, que uno no siempre sabe a cuál de los independientes quiere apoyar. La reflexión gira más en torno a las personalidades que a las plataformas (éstas son casi nulas). ¿Entonces? ¿Cómo hacer para decidirse y luego llegar a tiempo a entregar la firma?

Esto se puede extrapolar, por supuesto. Alguien se fue de vacaciones, se quedó tarde a trabajar, tuvo que atender la fiebre del más pequeño de la familia, participó de un accidente vial, se tropezó cuando iba a la tienda, estaba cansado, se le olvidó, ganó una beca de estudios en el extranjero o cualquier otra cosa que se le ocurra. Entonces ya no podrá sumar su firma al entusiasmo de varios miles que buscan que un candidato independiente los represente a la hora de contender por la presidencia.

Muchos han llegado a la conclusión de que esto no es justo para quienes buscan las candidaturas. Es cierto. Lo grave, sin embargo, es que no es justo para nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, porque, queramos o no, nos están cerrando las posibilidades de votar por alguien diferente a quienes saldrán en las boletas electorales respaldados por los partidos. Ahí es donde estriba la injusticia.

¿En verdad sería muy complicado que alguien desde su casa, su oficina o el país donde ahora vive por un par de meses, sumara su firma a la causa de algún independiente? La tecnología está bien cuando abre cauces, no al cerrar vertientes. Es sabido que hay comunidades donde no se tiene acceso a Internet por lo que la app es inútil. La discusión, en realidad, no es tecnológica, es política. Y ya sabemos que, en ese campo, el beneficio del país es lo menos importante.