Galindo, quien fue secretaria del entonces primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, remitió al Congreso un memorial solicitando el derecho al voto femenino.

Hermila Galindo peleó para ser escuchada y que se reconociera el derecho del sufragio femenino. Foto: Especial.

Por Isabel Reviejo

México, 4 de febrero (EFE).- En el Teatro Iturbide de Querétaro, donde se debatieron los artículos de la Constitución mexicana de 1917, no hubo sitio para las mujeres; sin embargo, una voz, la de Hermila Galindo, peleó para ser escuchada y que se reconociera el derecho del sufragio femenino.

Frente a Galindo (Lerdo, Durango, 1886) se presentaba un panorama nada alentador. Además de la nula participación femenina entre los diputados constituyentes que se reunieron desde diciembre de 1916 hasta finales de 1917, existía la creencia de que conceder el voto a las mujeres era favorecer a la derecha, porque estas estaban influenciadas por el clero.

Galindo, quien fue secretaria del entonces primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, remitió al Congreso un memorial solicitando el derecho al voto femenino, en el que defendía que las mujeres, en sus “luchas cívicas”, en ocasiones arriesgaban la vida más que los que se encontraban “en los propios campos de batalla”.

Respecto al argumento de que las mujeres podrían ser manipuladas por la Iglesia, aseveró que su deseo era que esta tendencia se frenara con la educación, y “el medio más práctico para adquirir esa ilustración es ejercitando sus derechos políticos”.

La solicitud de Galindo tuvo como respuesta un rechazo rotundo, en el que el Constituyente refirió que “las mujeres no se sienten en la necesidad de participar en los asuntos públicos” y que en la sociedad no se advertía “la necesidad de conceder el voto a las mujeres”.

Sin embargo, no era cierto que, como insinuaba la contestación, en México no hubiera un movimiento popular a favor de que las mujeres accedieran al sufragio, y prueba de ello es el Congreso Feminista que se celebró en Yucatán, en el sur del país, en enero de 1916.

Galindo, quien impulsó este encuentro en el que hubo más de 600 participantes, envió una ponencia que ni siquiera pudo terminar de ser leída por el escándalo que provocó, relata a Efe Rosa María Valles, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Sus ideas sobre la relación con Estados Unidos o el voto femenino quedaron tapadas por el asombro que despertó en el auditorio cuando pidió que las mujeres -al igual que los hombres- recibieran educación sexual desde la secundaria, para que aprendieran cómo reacciona su cuerpo.

La lucha de Galindo no terminó cuando le cerraron las puertas del Constituyente, y poco después de que se promulgara la ley fundamental se presentó a las elecciones para ser diputada federal, apoyándose en la ambigüedad del artículo 35, que reconocía el derecho al voto a los “mexicanos”, pero no especificaba si este término se refería solo a los varones.

No obstante, la también directora de la publicación feminista Mujer moderna quedó en cuarto lugar en las elecciones de su distrito y tuvo que admitir su derrota.

Volver a su figura cuando se celebra el centenario de la promulgación de la Constitución, considera Valles, es recordar a “la mujer que presentó una argumentación sólida, contundente, a favor del sufragio femenino”, y que sentó las bases para todo el movimiento que le siguió y desembocó finalmente en el reconocimiento de este derecho en 1953.

Asimismo, es interesante revisar a este personaje por su trabajo sobre las relaciones internacionales, en el que se enmarca su obra La doctrina Carranza y el acercamiento indo-latino.

Un libro que Valles considera “pragmático e importante” para este ámbito y en estos días, cuando “estamos hablando de la necesidad de que somos independientes, de la no sumisión frente a Estados Unidos”.

En conclusión, Galindo “es una mujer de un temperamento avasallador, con una intensidad, una fuerza, que ahora a cien años difícilmente la encuentro en otra líder mexicana a ese nivel”, concluye la historiadora.