La historia de Arturo Durazo Moreno es una en donde el influyentismo se extiende como mayor protagonista. Su éxito estuvo fincado principalmente en su amistad con el ex presidente José López Portillo, gracias a quien ascendió en su carrera política. Las biografías cuentan que fueron juntos a la primaria y “El Negro” –como se le conocía a Durazo por sus rasgos físicos– defendía al ex mandatario en las peleas,  “siendo muy bueno para los golpes”. En 1976, cuando se le colocó al frente de la policía capitalina, nadie se imaginaba que se convertiría en uno de los funcionarios más corruptos y hasta llamado por algunos, “la pesadilla de la Ciudad de México”.

Se dice que perteneció a la clase baja, trabajó desde joven en el sector policíaco, tenía severos delirios de grandeza y anhelaba ser gobernador. Algunos allegados cuentan que era adicto al alcohol y las drogas, y se le vinculó con bellas mujeres de la farándula. Siempre fue ostentoso portando enormes anillos de oro y también se le acusó de serios delitos. Su vida ha sido la base de libros, películas y documentales que cuentan parte de su escandalosa vida; pero, a pesar de todo, llegó a ser el segundo hombre más importante de México.

OSCUROS EPISODIOS 

Pese a tener antecedentes penales, el ex presidente José López Portillo lo nombró jefe de la extinta Dirección General de Policía y Tránsito de la Ciudad de México apenas iniciado su periodo al frente del Ejecutivo, con ello sus influencias y poder se incrementaron de forma inimaginable, al punto de que muchos pensaron se convertiría en el sucesor del Jefe de Estado.

Fue proclamado General del Ejército, aunque nunca formó parte de él. Según el libro Lo negro del “negro” Durazo, escrito por quien fuese uno de sus colaboradores, José González González, el hecho se dio en un acto cívico en el que estuvo presente Francisco Sahagún Vaca, amigo de Durazo, quien le informó que el mismo López Portillo lo había nombrado General de División.

También llamado el “Moro de Cumpas” –pues era originario de Cumpas, Sonora-, Durazo fundó la temida Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), de la cual gran cantidad de integrantes se vieron involucrados en acciones corruptas e ilícitas de todo tipo como torturas, extorsión y genocidio, al grado que la corporación desapareció por decreto presidencial en 1983.

De acuerdo con el documental Verdaderamente Durazo (del cineasta Mauricio Katz), la esposa del ex funcionario colocó a dos de sus hermanos en la dependencia y le sirvió de prestanombres.

Impuso prácticas de extorsión a sus subalternos a quienes les exigía, incluso, centenarios de oro a manera de ”entre” y cuotas por ”mordidas” a la ciudadanía. José González afirma en su obra que al frente de la policía, Durazo cometió todo tipo de fraudes como cobrar salarios de policías destituidos y robarse material de construcción para obras públicas.

También se dice que recibía dinero del hampa y presuntamente tenía nexos con narcotraficantes.

Corrió el rumor de que “apadrinó” al entonces ídolo juvenil Luis Miguel, pues según un familiar de éste, Durazo financió el primer disco de “El Sol” y presionó a Televisa para que el muchacho apareciera en televisión.

Mario Gallego, hermano del padre de Luis Miguel, declaró en una entrevista para el programa Salsa rosa de Telecinco en Madrid, que Marcela Basterí, madre del cantante, podría haber “desaparecido o muerto” tras un tiroteo, en el que murieron cuatro personas, en una fiesta en Chihuahua organizada, según él, “por los jefes del Imperio del Mal”, con el consentimiento del General Arturo.

A la mitad del sexenio Portillista la imagen de Durazo recibió elogios por parte de los medios y de las personalidades destacadas de la sociedad, debido a su intervención para frustrar el secuestro de la hermana del presidente: Margarita López Portillo. De este hecho se originó su nombramiento como “Doctor Honoris Causa” por el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. 

Uno de los hechos que más causó conmoción cuando se desempeñó como funcionario público, fue la aparición de 12 cadáveres, el 14 de enero de 1981, en el emisor central del sistema de drenaje profundo, ubicado en San José Acoculco, Municipio de Atotonilco de Tula, Hidalgo, pertenecientes presuntamente a una banda de asaltabancos colombianos y todos con huellas de tortura. En los hechos se vio involucrado Durazo. Ismael Rodríguez Jr llevaría esta historia al cine en 1985.

Además, usaba a los policías a su mando como trabajadores: desde albañiles hasta meseros, todos estaban a su servicio.

Aunado a estos hechos, “El Negro” realizaba fiestas fastuosas, pedía ser adulado y era tanta su riqueza que regalaba centenarios a sus amigos con una leyenda grabada que decía “Del General Arturo Durazo”, sin importarle el despilfarro y los lujos que su posición le permitían.

Su poder no sólo fue empleado para hacer todo lo que deseaba, también le otorgó bastante privilegios a su hijo, quien se aprovechó del puesto de su padre.

EL JUNIOR

Francisco Durazo Garza, mejor conocido como “Yoyo”, es señalado como uno de los primeros “Juniors políticos”, los cuales se caracterizaban por valerse de los puestos de sus padres para cometer ilícitos o abusar del poder de ellos.

“Yoyo” es uno de los cinco hijos de “El Negro” Durazo, y durante la década de los 70 se caracterizó por ser el protagonista de anécdotas en las que el influyentismo estaba presente.

Se dice, a manera de leyeda urbana, que mandaba cerrar parte de la Avenida Insurgentes Sur para realizar suertes a bordo de su motocicleta para impresionar a su novia. Así mismo, se cuenta que en una ocasión baleó el coche de un catedrático del Colegio Irlandés, cuando este lo reprobó en una asignatura.

Por supuesto, todas las “travesuras” del “Yoyo” estaban solapadas por la policía capitalina.

Por otra parte, Arturo, el mayor de los hijos del “El Negro” fue detenido en julio de 2005 por elementos de la Policía Judicial, adscritos a la Fiscalía Desconcentrada en Tlalpan, por su probable responsabilidad en el delito de despojo agravado.

LOS LUJOS

En junio de 1981 se precipitó la crisis, producto de la baja internacional en los precios del petróleo, reducción en el consumo, una serie de medidas erráticas y la poca confianza de los inversionistas en el país.

Bajo el mandato de José López Portillo se devaluó el peso y en 1982 se nacionalizó la banca. El país estaba sumido en severos problemas económicos, pero a pesar de ese oscuro panorama, “El Negro” Durazo continuaba ostentando poder y riqueza, aunque no por mucho tiempo.

Durante su gestión, Durazo construyó dos mansiones en las faldas del Ajusco, al sur de la Ciudad de México.

Una de estas propiedades era un Chalet estilo suizo equipado con galgódromo, caballerizas, canchas de tenis, un gran estacionamiento para su colección de autos de lujo y hasta una copia de la discoteca neoyorquina Studio 54.  Algunas biografías indican que la única vía de acceso era por helicóptero.

Entre los máximos lujos de Durazo, se encuentra la construcción de su propio Partenón.

En tanto el Partenón, célebre templo de mármol del tiempo de Pericles cuya construcción inició en el año 447 a.C., fue erigido en honor de Palas Atenea sobre la Acróplis de Atenas, el recinto del ex Jefe de la Policía, es uno de los más claros ejemplos de corrupción y excentricidad en México.

Se ubica en la Playa la Ropa,  bahía de Zihuatanejo y tiene una enorme extensión. Es resguardado por unas imponentes rejas que, según rumores, pertenecieron al acceso principal al Castillo de Chapultepec.

Al ingresar a la propiedad, las estatuas de mármol blanco se aprecian imponentes, algunas muy parecidas a obras de la cultura griega.

La residencia de estilo greco-romano, es sostenido por enormes columnas, muros de cantera y pisos de mármol. Cuenta también con paredes llenas de decorados, pinturas y  una alberca.

En Lo negro del “negro” Durazo se afirma que en el lugar se hacían largas fiestas que en muchas ocasiones terminaban en orgías.

Tras la muerte de Durazo, sus hijos iniciaron un litigio para intentar recuperar sus propiedades, entre ellas la imitación del Partenón; sin embargo,  ante las casi nulas posibilidades de seguir costeando su mantenimiento, en 2006 el gobierno de Guerrero decidió ponerlo a la venta.

Cinco años más tarde, al parecer sin éxito en la oferta,  Ascencio Villegas Arrizón, rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), dio a conocer que el inmueble le había sido donado a la institución: “Nos han ofrecido El Partenón, escúchenlo bien. Es el signo de la corrupción en este país, algo que todos sabemos que ya no debe ocurrir en México, nos están haciendo la oferta y la hemos aceptado”, dijo Villegas a los medios.

Pero el poder y el dinero no le duraron para siempre a “El Negro”, quien apenas pudo disfrutar de su Partenón. Luego de la salida de López Portillo de la presidencia, su estancia en la cúpula política se vino abajo.

SU CAÍDA

En 1982, como consecuencia de la campaña de “Renovación Moral” del entonces nuevo presidente Miguel de la Madrid, “El Negro” se convirtió en uno de los personajes afectados con la depuración de instituciones. 

El ex director de Petróleos Mexicanos, Jorge Díaz Serrano, fue otro de los funcionarios investigados. Permaneció en la cárcel cinco años, de 1983 a 1988.

Al saberse en peligro, el ex Jefe de la Policía huyó del país, pero el gobierno de Estados Unidos, que también lo buscaba por tráfico de drogas, lo  encontró. De acuerdo con el diario El País, Durazo fue uno de los hombres más perseguidos por la Interpol, hasta que la policía federal norteamericana lo detuvo el 31 de mayo de 1984 en el aeropuerto de San Juan de Puerto Rico y dos años después, fue deportado a México, donde se le acusó de extorsión, acopio de armas, evasión fiscal, homicidio múltiple y enriquecimiento ilícito.

Sus propiedades en el Distrito Federal y Zihuatanejo fueron aseguradas

Permaneció seis años en prisión, pese a que debía cumplir una condena de 16. 

Su salud no era la misma y radicó en Acapulco hasta que falleció el 5 de agosto del año 2000, a causa de un paro cardiaco, ocasionado por un cáncer de colon terminal.

Sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México, donde fue velado acompañado de algunos ex policías y ex funcionarios vinculados a él, entre ellos, su amigo José López Portillo.