Por Cecile Lachenal

Programa Género, Derechos y Políticas Públicas Fundar, Centro de Investigación y Análisis

En esta imagen del viernes 22 de septiembre, Isabel Campana, de 28 años, alza el puño en un gesto para pedir silencio ante un edificio derruido en Ciudad de México. Foto: Natacha Pisarenko, AP

El pasado 26 de septiembre, Miguel Ángel Mancera presentó el decreto para la reconstrucción de la CDMX y al día siguiente fue el turno del gobierno federal de presentar el suyo. Actos solemnes y protocolarios, que reflejan la necesidad de que los gobiernos generen información útil y certificada que permita hacer evaluaciones acertadas de los daños y afectaciones de los desastres naturales que sacudieron a México en el mes de septiembre.

Según el gobierno federal, la reconstrucción costará 37.500 millones de pesos, pero falta mucha información para poder validar esta estimación del gobierno.

Es fundamental y necesario que se genere información sobre quienes son las personas afectadas y cuáles son las afectaciones particulares y detalladas que sufren. Para ello, la perspectiva de derechos y el enfoque de género son herramientas metodológicas útiles e indispensables para que la reconstrucción del país permita la transformación hacia la resiliencia de la sociedad mexicana. Con estas herramientas se identifican los impactos diferenciados y las necesidades diferenciadas de los grupos en situación de mayor vulnerabilidad y por lo tanto de mayor riesgo frente a los sismos.

En efecto, si bien las mujeres y los hombres que hemos sufrido estos desastres tenemos preocupaciones comunes en este momento, los tomadores de decisión no deben asumir que tendremos las mismas necesidades y los mismos intereses en el largo y difícil periodo que viene. La “tiranía de lo urgente” puede llevar, y de hecho ha llevado, a invisibilizar a las personas más vulnerables durante los desastres, sin hablar de los montajes mediáticos que deciden focalizarse de manera totalmente artificial y arbitraria en ciertas vidas en detrimento de otras.

Para entender estas necesidades diferenciadas, la perspectiva de género constituye un aporte fundamental que debe ser tomado en cuenta si queremos que esta reconstrucción sea sinónimo de transformación de las condiciones de desigualdad.

Las múltiples experiencias a nivel mundial han llevado a los especialistas en manejo integral del riesgo, a agencias internacionales para la cooperación, a las agencias de Naciones Unidas, a considerar que los temas de igualdad de género deben ser entendidos y deben ser objetos de la acción política durante las etapas de reconstrucción post-desastres y post-conflictos porque son la manera de avanzar en la recuperación de los grupos más excluidos y de reducir su vulnerabilidad no solo frente a nuevos desastres (y México es un país sísmico, y de huracanes, por lo que van a venir otros desastres), sino a largo plazo y desde la pertinencia cultural.

Los desastres “naturales” que acaban de golpear a México suceden en una situación social marcada por las enormes desigualdades sociales, culturales y de género preexistentes así como por la violencia epidémica contra las mujeres. Estas distintas desigualdades son razones que permiten explicar por qué en la CDMX la cifra de las mujeres fallecidas es el doble que los hombres ; de la misma manera las desigualdades laborales y de género explican por qué tantas mujeres fallecieron en la fábrica textilera de Chimalpopoca en la CDMX.

Estas son algunas muestras de los impactos diferenciados en las personas por las desigualdades de género, que se combinan con otro tipo de desigualdades. De estos impactos diferenciados, surgen entonces necesidades diferenciadas, en función de cuántas de estas desigualdades se entrecruzan, y cómo se cruzan.

Una mujer zapoteca del Istmo, casada, con 3 hijos, que produce totopos en un horno de cerámica en su patio para completar los ingresos de su marido albañil, cuya vivienda está destruida por el sismo, necesitará no solamente apoyos para reconstruir su vivienda, incluido su patio, sino también apoyo para reemplazar las herramientas que le permiten mantener su fuente de ingresos como lo es su horno, además necesitará apoyo educativo, de salud y de cuidado de sus hijos.

En cambio, una mujer, jefa de familia, que vive en la delegación Iztapalapa, cuya vivienda resultó dañada por el sismo, y está durmiendo en la calle, va a necesitar no solo apoyo económico para la rehabilitación de su domicilio, sino también albergue provisional en donde se le garantice que no será víctima de violencia sexual así como acceso a servicios de cuidado y movilidad para recuperar su autonomía económica.

Una mujer embarazada y con VIH no debe dejar de recibir atención durante todo el ciclo del embarazo, parto y post parto, a la par que necesitará la atención neonatal para su hijo/a y recibir el tratamiento antirretroviral necesario.. Y por último, un hombre adulto, de clase media, proveedor principal de su familia nuclear, que trabaja en el sector formal de servicios, cuya vivienda ubicada en una de las colonias céntricas de la CDMX se dañó durante el sismo, necesitará apoyos legales y económicos para recuperar su bien inmueble, así como recuperar su empleo lo más rápido posible para mantener sus ingresos.

Solamente entendiendo y tomando en cuenta estas necesidades diferenciadas en cuestiones de vivienda, de subsistencia, de acceso a la salud, de seguridad, de acceso a una vida libre de violencia, etc., se puede hablar de un plan de reconstrucción que permita la resiliencia de las comunidades y los grupos sociales, la capacidad a reponernos como personas y como sociedad y seguir avanzando.

Para que esto suceda necesitamos información desagregada, por sexo, por edades, por etnia/raza, por lugar de residencia, por discapacidad, etc. Necesitamos registros sistemáticos y metodologías integrales (no solo cuantitativas). Necesitamos mecanismos para facilitar la participación social, para orientar, vigilar y transparentar el uso de los recursos millonarios que el gobierno anunció.

Después de la movilización social de las mujeres en los espacios públicos y en los espacios privados para responder a la urgencia provocada por los sismos, los gobiernos no pueden ignorarnos, no pueden ignorar las voces que se levantaron, organizaron, propusieron y siguen proponiendo maneras, soluciones. Desde la sociedad civil estamos y estaremos trabajando para que la reconstrucción sea un proceso transparente, participativo, basado en los derechos de las personas afectadas, con perspectiva de género, como una oportunidad de promover la justicia social.

Conoce #Epicentro una plataforma​ ​cívica​ que dará seguimiento al origen y uso de los recursos ​para​ ​la reconstrucción​, desde una perspectiva ​social​ con enfoque de derechos y de género, y buscando la reparación de los daños para las personas afectadas. Sigue la conversación a través de redes sociales con el hasthtag #Epicentro