Sueños es una colección de canciones contemporáneas en las que es notoria su búsqueda de un sonido que rompe las fronteras de género y rehúye el encasillamiento, llevando al escucha a espacios sonoros muy especiales, en los que la poesía está también presente.

Ciudad de México, 5 de noviembre (Sin Embargo).- Jaramar es una artista mexicana, que ahora vive en Guadalajara y que ya tiene una larga carrera sobre todo encaminada a la canción antigua.

Ayer se presentó en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, para consolidar su disco número 16, una colección de canciones contemporáneas en las que es notoria su búsqueda de un sonido que rompe las fronteras de género y rehúye el encasillamiento.

“Mi trabajo desde que inicié como solista, como Jaramar, ha ido por proyectos. Es la manera con la que yo trabajo, que se ve reflejado en un disco. Por ahí hubo un espectáculo escénico, que no se concretó en un disco, pero en general estoy concentrada en hacer un ciclo entre lo que soy y hacia dónde voy”, dice la cantante en entrevista con Magazine.

Jaramar, con el Cuarteto Latinoamericano, con los que ganó un Grammy el año pasado. Foto: Cortesía

Después del aclamado álbum El Hilo Invisible, ganador del Latin Grammy 2016 como Mejor Álbum de Música Clásica, toma impulso para ofrecer una nueva faceta y explorar horizontes que reflejan su exploración musical y lírica de los años recientes.

“Sí, ganamos el Grammy, nos fue muy bien, obtuvimos mucha proyección por un buen tiempo, pero nada cambió en mi vida, sigo igual, escogiendo mis proyectos y decidiendo hacia dónde va mi vida y mis presentaciones, no cobro más ni tampoco aumentó mi número de conciertos, o sea, que tampoco me contrataron más”, dijo la artista en conferencia de prensa.

Sueños se trata de todas canciones hechas a propósito, como un síntoma de que aún se puede renovar en la música popular y como expresión de una artista que no tiene sólo que interpretar, también tiene mucho para decir.

“Se trata de un material para el que yo regresé a mis raíces, intentaba regresar a un lugar que me iba a llevar a otro lugar. Necesitaba un reto, que me va a forzar de una manera diferente y regresara a la materia prima con la que empecé mi trabajo como Jaramar”, dice la artista, quien además menciona a la poeta Carmen Villoro, quien revisó las letras de Sueños, cuando el material recién empezaba a armarse.

Sueños, necesitó de un año de creación; la música, canciones y guión escénico son de mi autoría, pero fueron terminados con la ayuda de creadores de diferentes disciplinas, es una especie de viaje a través de los sueños, entendidos de una manera mucho más amplia”, precisó.

Las proyecciones de Ricardo Arzola fueron hechas a partir del trabajo de Jaramar, por medio de dibujos y pinturas que ella realizó, en un disco que –insistimos- donde ella escribió todo y representa su gran proyecto de composición.

“Quería que las canciones fueran sobre mis sueños, mis pesadillas, sobre mis temores que afloran en esas historias donde quieres soñar. Así salió el disco y comencé a escribirlo durante la realización de El Hilo Invisible. Sueños en realidad se estreno el año pasado como un espectáculo multimedia y es la raíz del disco”, dice Jaramar.

Jaramar, toda su voz en Sueños. Foto: Cortesía

Jaramar Soto estudió danza en el Distrito Federal hasta los 17 años, cuando decidió dejar el arte en movimiento para dedicarse a cantar profesionalmente.

“A lo largo de su travesía musical Jaramar se ha aventurado a viajar por un repertorio de canciones que van desde anónimos medievales hasta composiciones propias en las cuales explora sus obsesiones: la vida, la pasión, el amor y la muerte y las moldea como plastilina. Los hilos conductores han sido siempre un ánimo permanente de exploración sonora y por supuesto la voz, que cada vez se abre más a nuevos matices y texturas”, dice su página web.

Discos como Caída libre, Diluvio y Rosa de los vientos son parte de una extensa y prolífica carrera musical.

“El disco me llegó en un momento que era difícil por lo exigente. El disco anterior fue un proyecto muy ambicioso para mí y nació con una muy buena estrella. Grabar con el Cuarteto Latinoamericano, quería ver cómo sonaba con ellas las canciones medievales. Y fue meter no sólo al Cuarteto, sino también a Gerry Rosado, que es mi productor desde hace mucho tiempo y a Juancho Valencia, el líder de Puerto Candelaria”, especifica la cantante.

“El rasero estaba muy alto. El siguiente disco no podía bajar la guardia, tiene que ser tan bueno como ese pero a la vez muy distinto. No creo en repetir las fórmulas. No me voy a quedar en esto, hacer algo de calidad, pero que responda a mis necesidades de ese momento”, dice.

“Yo necesitaba hablar de mí y Sueños reproduce esa necesidad. De mis sueños, de mis pesadillas, de mis temores, escribo siempre desde mi entorno doméstico, inmediato, de las cosas que me rodean. Sueños habla mucho en ese sentido. Siempre hay un vínculo en todos mis discos, se nota que vengo de El Hilo Invisible, aunque se trata de un disco muy personal, muy distinto”, explica.

“Gerry Rosado es un productor muy exigente, me gusta porque me hace ser en cada disco que grabo con él, ser mejor de lo que yo tenía idea de que lo que iba a ser”, concluye.