“En Vuelven, la cineasta vincula dos mundos escalofriantes, aquél en donde niños en situación de calle se enfrentan a criminales consumados y otro enclavado en un terreno sobrenatural, en donde los muertos no pueden descansar en paz”. Foto: Especial

Nada más aterrador que la realidad. Vuelven (2017), tercer largometraje de la cineasta mexicana Issa López (Efectos secundarios, Casi divas) se inserta en un entorno urbano (mexicano) en donde viven los monstruos. Entre sus víctimas: los huérfanos del crimen organizado, los niños del abandono y las inocencias perdidas en regiones donde conceptos como “levantón” y “desaparecidos”, pertenecen a la aflicción de todos los días.

Fantasmas, voces de ultratumba y seres fantásticos no faltan en esta película premiada en dos de los festivales de cine de género más importantes de Estados Unidos: el ScreamFest Horror Film Festival, en donde obtuvo cinco premios incluidos los de Mejor Película y Mejor Dirección; y el Fantastic Fest en el cual obtuvo el galardón como Mejor Directora. La cinta no se sustenta en el terror efectista, su señalamiento del miedo apunta a un entorno cercano y palpable. En Vuelven, la cineasta vincula dos mundos escalofriantes, aquél en donde niños en situación de calle se enfrentan a criminales consumados y otro enclavado en un terreno sobrenatural, en donde los muertos no pueden descansar en paz.

La entrada al primer mundo descrito es un tiroteo en el exterior de la escuela de Estrella, una estudiante de apenas 10 años. En medio de la lluvia de balas, su profesora le entrega tres trozos de gis con el poder “mágico” de cumplirle deseos. Referencia inevitable de ese evento ocurrido en Monterrey en 2011, cuando la valerosa maestra de kinder Martha Rivera Alanís tranquilizaba a sus alumnos mientras bandas de delincuentes ajustaban cuentas a las puertas del colegio.

Al regresar a casa, Estrella se da cuenta de que su madre ha desaparecido y todo indica que los responsables son los Huascas, el grupo de criminales que tienen asolada a la región con secuestros, extorsiones y asesinatos. Estrella decide hacer uso del primer deseo: que su madre regrese. Se abre así la puerta al mundo de los muertos: las almas en pena despiertan para seguir a la jovencita. Aterrada, huye de su hogar para unirse a un grupo de niños de la calle, huérfanos de la violencia del crimen que son liderados por Shine, un pequeño vuelto adulto a golpes de dolor. Juntos, deberán unir fuerzas para confrontar el horror ante monstruos de carne y hueso. Como bien dicen, no tengas miedo de los muertos sino de los vivos. Las fronteras de ambos mundos, el real y el fantástico, se diluyen; en esa alianza infantil aparecerán seres que les brindarán apoyo en una contienda cruel y desigual.

Esa confrontación en la cual los monstruos reales son más terribles y sanguinarios que cualquier criatura no terrenal, alude a la obra de Guillermo del Toro. Si en El laberinto del Fauno (Del Toro, 2006), Ofelia (Ivana Baquero) enfrentaba al despiadado Capitán Vidal (Sergi López); en Vuelven, Estrella (Paola Lara) se verá cara a cara ante un cruel asesino disfrazado de político (Tenoch Huerta). No es el entorno de la posguerra española, sino el cruento ambiente que se ha desatado en México y corroe los cimientos del país. Así como Ofelia, armada con un trozo de tiza, dibuja una puerta de escape ante la persecución del monstruo sin ojos; Estrella se escudará con los gises mágicos del hilo de sangre que la acosa mientras aguarda el momento de emplear los deseos que le han concedido. La veremos después atrapada en un laberinto perseguida por el monstruo mientras la maldad acecha a los demás niños. Más allá de los paralelos, Issa López construye una obra personal, espléndidamente dirigida, con una historia escrita por ella misma que condensa y condena el horror de estos días.

Vuelven, se apoya también en la magnífica fotografía de Juan José Saravia (Matando cabos, Sultanes del Sur), la música de Vince Pope (Misfits) y en un elenco infantil dotado de una naturalidad y carisma sorprendentes, tanto Paola Lara como los pequeños debutantes Juan Ramón López, Hanssel Casillas, Rodrigo Cortés y Neri Arredondo. Cada uno de ellos dota a su personaje de inocencia, ternura, simpatía e incluso de esa crueldad infantil con la que se desenvuelven en el mundo de adultos.

“¿Por qué tenemos que recordar? Si somos príncipes, guerreros y tigres. Y los tigres no tienen miedo”, invocan las almas valerosas en este sobrenatural laberinto del tigre. Hay secuencias memorables forjadas de hechizos y magia, de cicatrices y fuego. Seres alados, guardianes de la fortaleza interior, ángeles protectores. En esta fantasía cabe la esperanza: aún queda una puerta por abrir cuando la justicia terrenal no llega. Ellos vuelven.