En los primeros minutos de este lunes 6 de junio, el candidato Ollanta Humala, virtual presidente de Perú, salió a agradecer, ante miles de peruanos, el haber votado por él y hacer posible un cambio en la dirección política de ese país sudamericano.

“Perú tiene que avanzar. Tenemos que trabajar para que cada familia avance”, dijo Humala, quien antes de este mitin recibió la llamada del mandatario de Chile, Sebastián Piñera, y el saludo del jefe de Estado de Bolivia, Evo Morales, que elogiaron la fiesta democrática peruana, celebrada este domingo.

La oficina de prensa de la agrupación Gana Perú informó que Piñera le expresó sus saludos ante los resultados de las primeras proyecciones no oficiales de las elecciones.

En un comunicado de prensa, la agrupación informó que Humala “agradeció el gesto e hizo votos para que las relaciones entre los gobiernos se fortalezcan, en bien de ambos países”.

Todas las proyecciones de voto reflejadas por los sondeos a boca de urna y conteo rápido, y de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, confirmaron la noche de ayer el triunfo de Humala sobre Keiko Fujimori.

Al contabilizarse 78.5% de las actas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informó que Humala obtuvo 50.09% de los votos frente a 49.91% de Keiko Fujimori.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, saludó “la victoria del pueblo peruano”. “El gran triunfo de Humala es el resultado de la lucha del pueblo por su dignidad y soberanía”, resaltó el mandatario boliviano, quien dijo que esta victoria dará vigor a la democracia peruana,

 

Elecciones crispadas

Con el triunfo del nacionalista Ollanta Humala se cerró una de las campañas para la presidencia de Perú más disputadas, y crispadas, de la historia contemporánea en el país sudamericano.

La sucesión de acusaciones, muchas de ellas sin pruebas, ataques personales, manipulación en las redes sociales y notoria parcialización de los medios, se sumó a los innegables pasivos que arrastraban tanto Humala como Fujimori, quienes polarizaron al país con sus propuestas.

Humala ofreció un cambio en el modelo económico para mantener el desarrollo, pero con énfasis en la redistribución, lo que para muchos implicaba afectar al gran avance logrado por el país en los últimos años.

Keiko dijo a su vez que mantendría el modelo, pero fue vista por muchos como el regreso del gobierno de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos y corrupción.

Los analistas plantearon que una campaña como esta podía compararse con la que enfrentó en 1990 al escritor Mario Vargas Llosa con el entonces desconocido ingeniero Fujimori, quien logró la victoria gracias al apoyo del primer régimen de Alan García (1985-1990) y a pesar de contar con todas las fuerzas económicas y los medios de comunicación en contra.

Similar escenario, y con nombres muy parecidos, se repitió durante estos comicios, sobre todo después de que el pasado 10 de abril se confirmó que Humala y Keiko habían accedido a la decisiva segunda vuelta electoral.

Así, 21 años después, Vargas Llosa y Alberto Fujimori adquirieron nuevamente protagonismo: el primero, al apoyar explícitamente al candidato Humala; el segundo, porque su sombra ha pesado durante toda la campaña de su propia hija.

Para completar el círculo, el proceso se celebró nuevamente con Alan García en la presidencia del país (como sucedió en 90) y una notoria inclinación de los miembros del Ejecutivo a apoyar, a veces de manera sutil, otras sin reticencias, a la candidata.

Pero este proceso también hizo recordar a muchos la campaña de 2000, crucial en el enfrentamiento que protagonizó la sociedad civil contra la tercera postulación de Alberto Fujimori, quien (a pesar de derrotar a Alejandro Toledo), vio cómo pocas semanas después su poder caía como un castillo de naipes.

Para esto fue decisiva la revelación de un vídeo que mostraba la red de corrupción montada por su asesor Vladimiro Montesinos, pero también por la activa protesta de la sociedad civil organizada tras la convocatoria de Toledo, que protagonizó la gigantesca “Marcha de los cuatro suyos”.

Con esos vaivenes que tiene la historia, nuevamente en estos comicios Toledo apareció para definir su apoyo por Humala, tras ser uno de los candidatos perdedores en la primera vuelta y bajo el principio de que él nunca podría respaldar a un proyecto que pudiera permitir el regreso de un Fujimori al gobierno.

Finalmente, el pasado de los candidatos fue decisivo en las elecciones de este domingo, pero mientras Humala deberá absolver las dudas desde el poder, Keiko ha comprobado que su apellido es más pesado de lo que esperaba.

Y es que su derrota se puede achacar a un entorno totalmente procedente e identificado con el régimen de su padre, en el que se reportaron violaciones a los derechos humanos, millonarios desfalcos y corrupción de funcionarios.

Eso le pasó factura a una candidata que, a los 36 años, aspiraba a convertirse en la presidenta más joven de la historia de Perú, y que siempre afirmó que el gobierno de su padre fue “el mejor de la historia” de su país.

Ahora Humala tendrá que demostrar que no eran ciertas las acusaciones de tener vínculos con Hugo Chávez, atemperar sus reivindicaciones nacionalistas y ayudar a aclarar las acusaciones de haber cometido crímenes cuando comandó una base militar en la selva peruana durante la guerra contra Sendero Luminoso. (Con información de EFE y Notimex).