Josep Vidal, cofundador de la empresa Nutrinsect dedicada a la cría de insectos, ha pronosticado que el uso de insectos como fuente de alimentación tendrá “un crecimiento exponencial en los próximos años”.

Por Alberto Iglesias Fraga

Ciudad de México, 6 de julio (SinEmbargo/TICbeat).- Aunque en México no es algo nuevo, ene l mundo cada vez está más de moda comer insectos. Será por aquello de que son productos exóticos, será por la globalización de los hábitos alimenticios o será por simple moda: lo cierto es que es una de las alternativas culinarias más en boga en estos momentos, incluso en forma de hamburguesas o albóndigas.

En cualquier caso, el uso de insectos como fuente de proteína alternativa representa una “solución mundial” ante la escasez de alimentos, con una incidencia inicial en el ámbito de la alimentación animal y, posteriormente, en el consumo humano, en un contexto en el que se estima que la demanda crecerá en un 50 por ciento a mediados de siglo y llegará a los 60 millones de toneladas de proteína en el año 2030.

Así lo han destacado varios expertos presentes en la primera edición del congreso Tech4Good sobre innovación alimentaria, organizado por el centro tecnológico Eurecat en el Auditorio del Caixaforum de Barcelona, donde el cofundador de Nutrinsect, Josep Vidal, ha pronosticado que el uso de insectos como fuente de alimentación tendrá “un crecimiento exponencial en los próximos años”.

Vidal, que investiga cómo obtener harinas ricas en proteínas procedentes de insectos, admite que hará falta más tiempo para “salvar la barrera cultural en algunas zonas”, especialmente en occidente, pero ve los insectos como una fuente “natural y sostenible” para paliar “uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la humanidad”.

Por su lado, el director científico de Eurecat, Lluís Arola, explica que el problema de escasez de alimentos tiene “una magnitud que sobrepasa las reticencias que pueda haber ante las nuevas fuentes de proteína”. El experto insiste en que “es necesario aumentar la proteína disponible” y cree que el cambio es una cuestión de tiempo. “Quizá nosotros no comeremos insectos, pero el ganado lo acabará haciendo”, pronostica.

En el mismo sentido se expresa el fisiólogo Mark Post, creador de la primera hamburguesa artificial a partir de células madre en 2013, quien cree que la carne de laboratorio permitirá que, durante la próxima década podamos “continuar comiendo carne” sin el efecto pernicioso de los gases contaminantes que actualmente se generan con su producción. El experto cree que antes de cinco años “podremos comprar una hamburguesa artificial por unos diez euros”, un precio que “bajará en cuestión de poco tiempo”.

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