Gary Anderson era un veinteañero cuando se presentó a un concurso que buscaba un logo para celebrar el primer Día de la Tierra. Con conciencia ecologista y con imágenes como el mandala en su mente, diseñó a mano tres flechas que se han convertido en un símbolo universal. Sin embargo, la creación pasó desapercibida durante años y ni siquiera él la mencionaba en su currículum.

Por José Manuel Blanco, Hoja de Router

Ciudad de México, 6 de agosto (SinEmbargo/ElDiario.es).– Tres flechas dobladas que forman una especie de triángulo o círculo. Un símbolo universal que encontramos en papeleras, contenedores y otros lugares para referirse al reciclaje. Un logo convertido en emblema de respeto y cuidado al medioambiente y la Tierra. Y un autor casi desconocido que no volvió a sumergirse en el mundo del diseño gráfico: Gary Anderson.

Anderson (1947, Honolulu, Hawái) no tenía un especial interés por el diseño. “Estuve siempre más interesado en edificios y arquitectura, creo, al menos desde que estaba en el colegio”, relata a  HojaDeRouter.com. “Me imagino que empecé a interesarme por la arquitectura jugando con bloques en la casa de mi abuela”.

Precisamente estaba estudiando esa carrera cuando, a finales de los 60, supo de un concurso para diseñar un logo. Estaba organizado por la Container Corporation of America, una empresa de cajas de cartón ondulado que buscaba un símbolo para sus productos de papel reciclado, con el objetivo de hacerlo universal. “Ví el póster. Parecía una buena causa que apoyar”, recuerda. El concurso llegaba, además, con la primera celebración del Día de la Tierra, que desde 1970 se celebra el 22 de abril.

“El símbolo tenía que ser muy simple”, rememora. “Debía ser reconocible cuando se redujera” a apenas unos centímetros. “Tenía que estar también en blanco y negro”, añade. “Era algo que podía hacer yo mismo sin muchos recursos. Eso fue lo que me hizo querer entrar en el concurso”. El proceso de creación fue muy rápido (“casi odio admitirlo”, afirmaba al describirlo por primera vez). Se inspiró en un trabajo previo sobre el ciclo del agua, desde los embalses al consumo, “así que tenía flechas, arcos y ángulos en mi mente”, aseguraba.

Anderson ya tenía por entonces conciencia ecologista. Cita libros de aquella época que hablaban de la degradación medioambiental por la industrialización (‘Primavera silenciosa’, de Rachel Carson) o ya advertían de que los recursos naturales eran limitados ( ‘Operating Manual for Spaceship Earth’, de Buckminster Fuller). Además, en aquel momento estaban en boga algunas teorías de la arquitectura del paisaje como una forma de potenciar el entorno natural en vez de destruirlo. Todo eso influyó en la decisión de Anderson de presentarse al concurso.

Para inspirarse, el arquitecto también tuvo en cuenta la idea del mandala, ese círculo sagrado del budismo que representa la evolución del universo. La banda de Moebius, una tira cuyos extremos están unidos por una curva, también fascinaba al joven Anderson. Según explica, “el símbolo del reciclaje es un mandala”, más con forma de triángulo o círculo y obviando los diseños tradicionales con forma de cuadrado. Las tres flechas simbolizan los tres pasos del proceso de reciclaje: separar los materiales reciclables, fabricar nuevos productos con ellos y comprar o usar productos reciclados.

Sin embargo, su primer diseño de las flechas le parecía muy plano, poco tridimensional. Se acordó de una excursión que hizo cuando era pequeño, con el colegio. Sus maestros les llevaron a él y a sus compañeros a las oficinas de un periódico, donde vieron las bobinas de papel sobre las que se imprimen los ejemplares. Así, y con la banda de Moebius también en mente, modificó los ángulos de las flechas para que parecieran papel doblado y las rellenó con tinta negra. Todo a mano.

Entre los miembros del jurado que lo proclamó vencedor se encontraban nombres importantes del mundo del diseño. Entre ellos, un viejo conocido de los amantes del cine: Saul Bass, encargado de diseñar los títulos de crédito de películas como ‘Psicosis’, ‘Vértigo (de entre los muertos)’ o ‘El hombre del brazo de oro’. Se presentaron más de 500 trabajos.

Recibió 2 mil 500 dólares (15 mil 800 dólares o unos 15 mil euros actuales teniendo en cuenta la inflación), que debía destinar a educación. “Usé ese dinero para estudiar en el extranjero, porque estaba terminando. No necesitaba continuar mis estudios, pero quería viajar. Estaba interesado en Suecia”. Y allí fue. Es arquitecto por la Universidad de California del Sur y tiene un máster en diseño urbano. En la Universidad de Estocolmo obtuvo un diploma en ciencias sociales y también es doctor en Geografía e Ingeniería Medioambiental.

Tiempo después, Anderson se mudó a Los Ángeles y empezó una trayectoria como planificador urbano. Prácticamente había olvidado que ganó aquel concurso y ni siquiera lo mencionaba en su currículum. Además, su logo se veía más bien poco. “Creo que el símbolo no tuvo éxito durante algún tiempo”. Pasaron como “diez años”, calcula Anderson, hasta que empezó a utilizarse con asiduidad. Mientras trabajaba en Los Ángeles decidió mudarse a Arabia Saudí para trabajar como profesor. Y fue durante unas vacaciones cuando cambió la historia de su más famosa creación.

Estaba viajando por Europa “y vi el símbolo reproducido en esos enormes contenedores de reciclaje que tenían en Ámsterdam. Quizá aún los tienen. Antes no lo había visto en muchos productos, pero de repente, cuando estaba en un país extranjero y vi esto tan en gran escala, fue un ‘shock’ agradable”, dice entre risas.

Ahora le hace sentir bien que la gente se interese por el logo y por el hombre que lo diseñó.  “Nunca me canso de hablar de él”, afirma. “La relación entre mí mismo y el emblema no es muy fuerte. Como he dicho, durante años no se usó mucho. He estado trabajando en el extranjero, en Arabia Saudí, y nadie sabía, creo, quién lo diseñó. La compañía que patrocinó la competición ya no existe, así que la conexión entre el símbolo y yo se perdió. Tuvimos vidas separadas durante un tiempo”.

Sin embargo, una “señora de Nueva Jersey” que trabajaba en una agencia de reciclaje quiso saber quién diseñó aquel símbolo, “así que pasó mucho tiempo investigando, intentando localizarme, intentando averiguar dónde estaba”. Dio con él y ahora es conocido y reivindicado por todos.

El logo del reciclaje es de dominio público (era una de las condiciones del concurso), así que Anderson no percibe ningún tipo de derechos de autor por su uso. Ahora es ahora tan universal como el de alguna marca multinacional y sirve para concienciar sobre la sostenibilidad y la protección del entorno.

Anderson ha pasado por varias empresas hasta su actual trabajo en una agencia federal. Como parte de su labor, “intenta reducir las duplicidades” en el sistema sanitario estadounidense. “Hay muchos hospitales y clínicas diferentes y todos ellos operan por separado, así que lo que estoy haciendo ahora mismo es intentar hacer eso más eficiente”, explica. “No suena muy romántico o glamuroso, pero creo que de verdad hace mucho bien. Espero que ayude a reducir los costos”.

Su carrera se ha centrado en la arquitectura, sobre todo en la planificación urbana y de edificios, así que no ha vuelto a dedicarse al diseño. ” Me gusta decir que el proyecto del símbolo del reciclaje fue mi primer y único éxito. Hice un solo intento en ese área, y ese intento funcionó”, sentencia.

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