Lamentablemente una vaquita marina murió y ojalá las autoridades involucradas en el tema cumplan con su palabra (si aún la tienen) ahora que “evalúan” cuál será el mejor camino para este proyecto millonario. Foto: EFE.

Este domingo murió una vaquita marina. Irónicamente, el deceso se dio mientras se intenta desesperadamente salvar a la especie de la extinción a través de un arriesgado programa denominado Vaquita Conservación, Protección y Recuperación (CPR), el cual busca capturar y llevar a algunos ejemplares al cautiverio, para reproducirlos de manera asistida para garantizar la supervivencia de la especie.

La noticia de esta muerte es, además de triste, preocupante y grave porque significa que se elevó el riesgo de toda la especie a desaparecer. En febrero de este año, el Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita Marina (CIRVA) hablaba de la existencia de solo 27 vaquitas, con el reciente fallecimiento de la hembra, esa cifra descendería a 26.

Desde el inicio de este proyecto sabíamos que existía un alto riesgo por la reducida cantidad de ejemplares sobrevivientes, ya que al tratarse de la primera vez en la historia en la que se capturarían vaquitas marinas para llevarlas al cautiverio, las posibilidades de que la marsopa no sobreviviera a causa del estrés provocado por su captura y traslado eran altas, aún así se decidió tomar el riesgo con la promesa de que con el primer animal que muriera se suspendería el programa.

Lamentablemente una vaquita marina murió y ojalá las autoridades involucradas en el tema cumplan con su palabra (si aún la tienen) ahora que “evalúan” cuál será el mejor camino para este proyecto millonario.

México no puede darse el lujo de seguir perdiendo vaquitas marinas, la marsopa más pequeña del mundo que de todo el planeta solo habita en nuestro territorio. Suficiente se ha hecho para ello en este sexenio, periodo en el que 90% de las vaquitas marinas murieron por la negligencia de las autoridades para detener la  pesca de totoaba, principal amenaza de esta especie.

Los recientes hechos obligan al gobierno mexicano a cambiar su actuar, caracterizado por soluciones a medias y “parches” cortoplacistas para presumir resultados rápidos. Llegó el momento de soluciones de fondo que en este caso necesariamente pasa por una mayor vigilancia de las redes de pesca en la zona para eliminar la captura de totoaba  y la presentación de alternativas reales para las comunidades, obligaciones que Conapesca ha eludido olímpicamente (http://act.gp/2iyFF4c). De lo contrario, las vaquitas marinas seguirán muriendo aumentando las probabilidades de que los pronósticos de que la especie se extinga hacia 2018 se cumplan.

*Edith Martínez es coordinadora de Comunicación de Greenpeace México

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