El mercado laboral en México no deja atrás sus prejuicios y aún tiene preferencias por el trabajo de los hombres por encima del de las mujeres, a pesar de que estás últimas pueden desempeñar los mismos puestos con la misma o, incluso, mayor calidad, plantea un estudio de la UNAM. Por cada 10 personas activas, seis son hombres y cuatro mujeres. La cifra es contraria en el tiempo de labor: mientras los hombres trabajan en promedio 67 horas, la faena de las mujeres es de 92.

Ciudad de México, 7 de marzo (SinEmbargo).– Una explosión en una fábrica de camisas en Nueva York, en marzo de 1911, en la que murieron 146 obreras, dotó de fuerza la primera celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, decretado y celebrado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una semana antes del suceso que repercutió en los siguientes festejos. El hecho evidenció las condiciones laborales a las que eran sometidas las mujeres.

Por tal razón, el Día Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo, se relaciona con este suceso, que año con año abre la discusión sobre el tema de las mujeres en el campo laboral.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), actualmente en la mayoría de las regiones se observa una tendencia alentadora en lo que respecta a la participación de la mujer en la fuerza de trabajo, es decir, que la brecha entre hombres y mujeres va disminuyendo, aunque aún se tienen algunos pendientes, sobre todo con mujeres jóvenes, que en algunos países tienen oportunidades de empleo casi inexistentes.

Es una realidad que en el año 2016 aún persisten algunos vicios contra la mujer trabajadora en el mundo, y cabe preguntarse, ¿cuál es el panorama laboral para aquellas que viven en el país con los salarios más bajos y con las jornadas más extenuantes, es decir, México?

El panorama general, de acuerdo con cifras del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las mujeres profesionistas en el país pueden ganar hasta 24 por ciento menos que un hombre realizando el mismo trabajo.

En el caso de las obreras (de la industria eléctrica, de la construcción y de los servicios), llegan a ganar hasta 40 por ciento menos que un hombre.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señalan que el mercado laboral en México tiende más a contratar hombres: por cada 10 personas activas seis son hombres y cuatro mujeres. La cifra es contraria en el tiempo laborado: mientras el hombre trabaja en promedio 67 horas, la mujer labora 92.

En lo que respecta al desempleo, la tasa de desocupación por cada 100 habitantes, es más alta entre las mujeres con edades menores a los 40 años, es decir, en mujeres jóvenes, lo que indica que al momento de buscar trabajo tienen menos probabilidades de encontrarlo y ser contratadas, esto a pesar de que, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), las mujeres tienen mayores índices de graduación en educación universitaria y los mismos rendimientos académicos que los hombres.

Una tercera parte de las mexicanas de entre 19 y 20 años no estudia ni trabaja; en el caso de los varones son uno de cada 10.

La participación laboral femenina en México es menor que la de otras economías emergentes. La OCDE detectó como obstáculos la carga de trabajo no remunerado, los tradicionales roles de género y la carencia de políticas de conciliación entre trabajo y vida familiar.

Para Guadalupe Zavala, profesora de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) unidad Morelia, aún persiste la idea de que ser mujer es ser inferior intelectualmente. Aunque no se diga abiertamente existe ese prejuicio y se manifiesta en la vida práctica. las mujeres siguen ocupando una minoría de puestos de alta responsabilidad.

De acuerdo con Zavala, en la teoría feminista se le llama “techo de cristal” y señala que hay mujeres que se ponen un techo imaginario y no cruzan el espacio que las separa de puestos directivos.

Incluso las mujeres suelen masculinizarse y adoptan los peores vicios, esto porque no hay un cambio en las estructuras de pensamiento, “el machismo está ahí y no importa si somos hombres o mujeres, asumimos este techo de cristal y no cruzamos las barreras. Las propias mujeres consideran que es mejor un hombre a cargo de esos puestos de dirección, que una mujer. Incluso las mujeres reproducimos esos estereotipos”, explicó.

Una mujer obrera puede llegar a ganar hasta 40 por ciento menos que un hombre. Foto: Cuartoscuro

Una mujer obrera puede llegar a ganar hasta 40 por ciento menos que un hombre. Foto: Cuartoscuro

LOS PROBLEMAS HISTÓRICOS

El acoso y la discriminación, así como la responsabilidad de las responsabilidades domésticas, son cuestiones que aún reposan sobre los hombros de las mujeres que trabajan.

En entrevista para SinEmbargo, Jorge Barajas, coordinador del Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal), considera que aunque se han abierto espacios, no se han sanado los problemas históricos que afrontan las mujeres en la fuerza laboral. Lo que llega a encontrarse son excepciones a la regla, no una auténtica igualdad de oportunidades y de derechos.

“De los vicios arraigados casi todos se mantienen en los centros de trabajo. Se discrimina a las mujeres que son victimas de acoso sexual, les pagan menos por realizar el mismo trabajo que los hombres, no acceden prácticamente a puestos directivos… Son los vicios casi tradicionales, arraigados, incluso históricos. Han aparecido otros, nuevas formas de hacer menos a las mujeres, especialmente en el ámbito industrial. Ahora las maquiladoras que ya no están sólo en la frontera del país, sino en casi todo el territorio nacional, quienes son la mano de obra, las operadoras son mujeres y los hombres han ido dejando poco a poco esos empleos fabriles”, comentó.

Las cifras del Inegi muestran la recurrencia con la que mujeres abandonan sus sitios de trabajo al ser víctimas de acoso sexual o discriminación y por su parte la OIT señala que persiste la costumbre de que además de trabajar, la mujer es la encargada de las responsabilidades familiares y su salario el encargado de cubrir las necesidades que de ahí emanen.

“En la actualidad predomina todavía en México el modelo bajo el cual las tareas domésticas se asignan a las mujeres y las extradomésticas a los hombres. Lo anterior, sumado al creciente fenómeno de incorporación de las mujeres al mercado laboral, les ha generado una sobrecarga de trabajo, debido a que ellas siguen siendo las principales responsables de las actividades domésticas y de las actividades de cuidado al interior de los hogares, sin que haya corresponsabilidad por parte de los otros integrantes de la familia, de las empresas y sociedad en general”, señala el Inegi al respecto.

En la actual administración se ha hecho énfasis en la equidad de género, el empoderamiento de la mujeres, la participación de ellas en la vida política, sin embargo, para Barajas, esas acciones y discursos pueden estar bien intencionados, pero en su implementación son débiles, lo que las convierte en sólo apariencias.

Desde la perspectiva de la profesora de la UPN, los grandes debates de la igualdad son un tema pasado, ya que son aquellos que proclamaban derechos ciudadanos y se pensaba que adquiriendo todos esos derechos –como el voto– se tendrían como por arte de magia, el reconocimiento y se modificaría toda la estructura de pensamiento.

“La realidad se contrapone. No importa que desde 2008 o 2009 empecemos a tener leyes en todo el país, no importa que entremos de forma masiva a todos los espacios, en la forma de pensar sigue persistiendo lo machista”.

Desde el feminismo se propone el pensamiento de la diferencia, que propone una re-educación, que no es sólo el acceso a la educación, sino de una mirada desde el ser mujer, para construir un mundo con un orden simbólico desde la mujer, “porque el mundo de las políticas públicas es de adaptación. Se tiene que crear otro orden simbólico, respetando lo que quieren los hombres y las mujeres”, agregó Zavala.

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Foto: Cuartoscuro

 PARA MUESTRA, LAS CIFRAS

Durante 2012, el valor económico del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados de los hogares, suma 3 mil 061 billones de pesos, equivalentes a 19.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2014.

El tiempo promedio en horas semanales dedicado a las actividades domésticas por las mujeres es mayor entre 12.8 y 18 horas semanales que el de los hombres.

En cuanto a la distribución por sexo de la población que realizó trabajo no remunerado, el 52.8 por ciento está constituido por mujeres y 47.2 por ciento por hombres, pero según el Inegi, en un análisis del número de horas trabajadas y el valor económico generado, las diferencias por sexo aumentan significativamente: las mujeres aportan 78.3 por ciento de las horas destinadas a labores en el hogar y generan 76.1 por ciento de valor económico.

En lo que respecta al trabajo remunerado, en 2013, la tasa de participación de hombres de 14 años y más, es de 69.8 por ciento, frente a 37.8 por ciento de las mujeres. Esta menor participación de la población femenina en el mercado de trabajo puede ser explicada por la desigual distribución del trabajo doméstico y reproductivo.

La tasa de participación económica femenina más alta corresponde al grupo de mujeres no madres, cuya edad es de entre los 25 y 44 años. En el extremo opuesto, la tasa de participación más baja se localiza en el grupo de mujeres madres, de 16 a 24 años de edad.


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