Kazuo Ishiguro ha sido galardonado con el premio Nobel de Literatura 2017 y todos comenzamos a preguntarnos cuál de todos los miembros del “dream team” británico había ya quedado afuera del galardón.

Para Felipe Ríos, uno de nuestros columnistas y gran conocedor de la literatura, era Hanif Kureishi, recientemente invitado al Hay Festival de Querétaro, muy alabado por escritores y lectores.

Para el poeta Hernán Bravo Varela, “es una lástima que, existiendo John Banville, Ian McEwan y Julian Barnes (una suerte de “Dream Team” británico), la Academia Sueca optase por alguien claramente inferior a esa triada como Ishiguro. #TípicodelNobel”.

Para el escritor Emiliano Monge, “aunque sus últimos libros son buenos, todo lo anterior es excelente. Sin duda, el mejor escritor de ese grupo de locos ingleses que forma junto a Barnes, Amis y McEwan (de escritor japonés no tiene casi nada)”.

Para mí, lloro por Martin Amis, el mayor inglés de ese “dream team” británico, nacida en los 80 y que ha dado a autores tan famosos como los nombrados, incluido Salman Rushdie, esa mala copia de Gabriel García Márquez.

Amis piensa mal, no piensa tan dramáticamente como la periodista Svetlana Aleksiévich ni tan políticamente como Herta Müller, quien ha dicho que “el Premio Nobel me sirvió para denunciar las dictaduras”.

Martin ha puesto el debate sobre Occidente y es enemigo del talibán.

“Si no puedes sentirte moralmente superior a un talibán, que Dios te ayude. Yo me siento moralmente superior a un talibán y a cualquier miembro de Al Qaida”, decía el famoso autor de Campos de Londres, una de sus obras maestras, de un autor que empezó a escribir en la adolescencia y con El libro de Rachel, en 1973, cuando él apenas tenía 24 años, ganó el Premio Somerset Maugham.

“Es una ingenuidad racionalista buscar equivalencias morales entre lo que hace el terrorismo islamista y nuestra explicación occidental del mundo. El de ellos es otro mundo, en el que no hay razón. En Occidente estamos llegando a lo que Tocqueville vaticinó para la democracia americana: un blando aletargamiento de tranquilización mutua. El miedo al terror produce sociedades aburridas, mentes dependientes. Lo cotidiano se vuelve una espera y el pensamiento se somete a un único objeto: el miedo”, ha dicho en varias oportunidades Martin Amis.

Lo que es cierto es que el jurado del Nobel es conservador y condescendiente. Desde Jorge Luis Borges, que nunca recibió el galardón, sabemos que no hay autores que vayan por afuera del racionamiento lineal para acceder al Premio. Podría decirse que Mario Vargas Llosa fue un poco el autor incómodo, por sus ideas de derecha, por estar siempre en contra de los avances de Latinoamérica, pero primó más La ciudad y los perros que cualquier declaración suya sobre el neoliberalismo.

Decía Martin Amis que “sólo el tiempo juzgará la calidad literaria de un autor. El resto, las críticas y todo lo demás, es sólo retórica”, un pensamiento que en su caso estará mucho más vivo cuando él muera.

Mientras tanto, qué bueno que el Nobel haya sido para Kazuo Ishiguro, por lo que implica de volver a la literatura por parte del Nobel. Cada día que paso creo menos en el Nobel a Bob Dylan, pero mucho más en Lo que queda del día, esa genialidad del autor británico. Y sigo esperando el Nobel para Murakami.