Líneas adelante la legisladora pretende describir, como profesora de primaria, la producción de miel y comete equivocaciones bárbaras al confundir a las abejas reinas con las obreras. Foto: Arturo Pérez Alfonso, Cuartoscuro

Los apicultores mexicanos son de los pocos emprendedores que han logrado sobrevivir y progresar pese a recibir poca intervención estatal… que los controle, vigile y convierta en votos a favor del partido en el poder.

Además de ser una de las principales potencias a nivel mundial en este sector, estos emprendedores son de interés internacional, pues curiosamente la miel mexicana es muy demandada en Europa, mientras que en este país el producto que se consume es elaborado por trasnacionales y empresas de origen estadounidense.

Pero tanta belleza no podía pasar desapercibida del ojo de águila de la corrupción mexicana por siempre: La Senadora Rosa Adriana Días Lizama (que piensa postularse como candidata a Gobernador por el Partido Acción Nacional en Yucatán) ha propuesto una iniciativa de ley apícola para controlar los trabajos de los melíferos mexicanos.

Considerando que para algunos políticos mexicanos es inconcebible pensar que un grupo de productores salga adelante sin control burocrático sobre sus utilidades y sin dar un porcentaje de sus ganancias a las bolsas de los poderosos nacionales, veamos algunos aspectos de esta ley que propone la aspirante a Gobernadora del Estado de Yucatán.

Empieza descalificando el esfuerzo y trabajo de los productores al sostener que “se considera necesario señalar que las técnicas utilizadas son muy rústicas, con poca inversión en equipo, capacitación técnica y utilizando mano de obra familiar…”.

“… Las colmenas se establecen en apiarios fijos en lugares estratégicos para el aprovechamiento de las diferentes floraciones, a diferencia de otras regiones en donde los apicultores movilizan sus apiarios según los picos de floración en diferentes ecosistemas”.

Siempre que los políticos ofrecen modernidad, lo que se cierne sobre aquel gremio es una crisis por la intervención de desconocedores e inexpertos que tratan de vender espejitos a los trabajadores. Así lo hicieron en los setenta, cuando México era exportador de granos y ahora el país adquiere 85 por ciento de sus granos de Estados Unidos.

¿Cómo explican pues que, pese a la rusticidad, México sea el sexto productor de miel en esta atormentada tierra? ¿De dónde saca la legisladora que los apicultores no aprovechan los diferentes ecosistemas y tienen estacionados sus apiarios en un solo lugar? ¡Es una vulgar mentira!

Uno de los ingresos básicos de los criadores de abejas es polinizar huertas, y tienen todo un sistema para transportarse a diferentes lugares y ofrecer sus apiarios al servicio de la polinización.

Líneas adelante la legisladora pretende describir, como profesora de primaria, la producción de miel y comete equivocaciones bárbaras al confundir a las abejas reinas con las obreras y con los zánganos; don Aurelio, líder nacional de los apicultores, expresa que “parece que esa Senadora confunde la miel real con la miel Karo”.

Termina proponiendo la intervención pública para diseñar políticas y esquemas de fomento y protección de la apicultura, las abejas y su hábitat, y que los tres niveles de Gobierno puedan permitir y prohibir la instalación, crecimiento, cuidado y movilización de los apiarios mediante permisos previos, autorizaciones y sanciones a los productores de miel.

En realidad lo que busca es que el Estado se adueñe de la actividad melífera, y sabemos bien que así es como se generan las redes de corrupción que aprovechan los burócratas para clavar la uña. Si esto lo leyera un comisario político de la Unión Soviética la propondría para una medalla comunista al mérito legislativo.

La Senadora Díaz Lizama no está dispuesta a permitir que los mexicanos desarrollen proyectos productivos basados en su gran capacidad de trabajo, parece estar más preocupada porque la miel de abeja mexicana vaya a desplazar las simulaciones industriales de mieles y alimentos que se distribuyen en las escuelas y que están a disposición de los mexicanos en grandes centros comerciales y tiendas de barrio.