La alerta de género en México debería de ser nacional, no en cada estado de la República. Urge una política pública, una estrategia legal, jurídica y policial para atender los feminicidios. Foto: Cuartoscuro.

El tratamiento infame de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México en el asesinato de Lesby Berlín Osorio Martínez nos demuestra por qué México es y sigue siendo tierra de feminicidios. “Tú enloda a la víctima que algo queda”, es su lema.

El Procurador Rodolfo Ríos es el paradigma del funcionario misógino y machista que pulula por las instituciones mexicanas, son funcionarios carentes de perspectiva de género, sensibilidad y sentido de la ética y el honor.

La estigmatización de las mujeres sigue siendo un asunto pendiente en este país. De nada sirve la labor de cientos de mujeres de sensibilizar a los gorilas que ocupan puestos de policías, ministerios públicos, fiscales, procuradores, secretarios, funcionarios en general, porque ellos tienen el chip del machismo incrustado en el cuerpo.

Revisemos pues, los mensajes en Twitter de la Procuraduría a cargo del Procurador misógino Ríos: la joven de 22 años estuvo “alcoholizándose y drogándose” antes de que fuera brutalmente asesinada con el cable de un teléfono en una cabina pública en las instalaciones de Ciudad Universitaria (UNAM).

Es decir, la versión oficial de la Procuraduría es que la joven era “alcohólica y mala estudiante” porque además debía materias y ya no estaba matriculada.

Peor aún, para las autoridades de la Ciudad de México, Lesvy era además de alcohólica y drogadicta, una mujer de mala reputación porque “se había ido de casa y vivía en concubinato con su novio”. Tremenda revelación.

Es decir, que merecemos que nos maten de cualquier forma si nos divertimos con los amigos, tomamos alcohol y drogas, y además vivimos en unión libre.

El mensaje es claro: las autoridades mexicanas carecen de preparación para atender la ola de feminicidios que padecemos en México, una avalancha de horrendos crímenes que parecen no tener fin y se incrementan día a día.

La alerta de género en México debería de ser nacional, no en cada estado de la República. Urge una política pública, una estrategia legal, jurídica y policial para atender los feminicidios.

Sin una estrategia completa, este país seguirá ocupando los primeros lugares mundiales en asesinato de mujeres con componente de género.

¿Qué podemos esperar si el Presidente Enrique Peña Nieto es el culpable de que el Estado de México ocupe el primer lugar en feminicidios, luego de haberse negado durante su mandato como Gobernador declarar la alerta de género?

A Peña Nieto ni a su Gobierno ni a las instituciones bajo su mando, les interesa combatir la violencia generalizada contra las mujeres. No les interesa porque aquí la mujer sigue siendo considerada de segunda, tercera, cuarta clase. Primero van los hombres y así lo ha demostrado con su gabinete machista con apenas un 15 por ciento de mujeres. Lo confirma su partido, la composición de su grupo en la Cámara de Diputados y en el Senado.

Gracias a Peña Nieto, el Estado de México supera las cifras de las muertas de Juárez. En el estado gobernado aún por el Grupo Atlacomulco se registraron el año pasado un total de 263 feminicidios, de acuerdo con el Observatorio Ciudadano contra la Violencia de Género, Desaparición y Feminicidio en el Estadio de México (Mexfem), que señaló que 39 de los mismos ocurrieron solamente en el municipio de Ecatepec, el lugar identificado como la plaza de las matanzas femeninas.

¿Y qué creen? La mayoría de estos feroces asesinatos no han sido reconocidos como feminicidios a pesar de la violencia sexual, las lesiones, las mutilaciones en sus cuerpos, evidencias que identifican el feminicidio.

Por desgracia, el mal ejemplo de Peña Nieto contagió a otros muchos gobernadores que se han negado de manera categórica a declarar una alerta de género que debería ser nacional.

Por eso, en los gobernadores y funcionarios de las instituciones de velar por la seguridad de las y los mexicanos, debe caer la responsabilidad del alto índice de feminicidios que sufrimos.

También en ellos debe caer la responsabilidad de la misoginia que respiran, de la infamia que cometen con cada mujer lanzada a una cuneta, descuartizada en un descampado, violada y torturada o estrangulada con un cable de teléfono.

La pandemia que sufrimos ya había sido anunciada. Mientras en Ciudad Juárez hasta 2013 habían ocurrido 3 mil feminicidios y en el Estado de México, en dos años (2013-2015) se registraron a nivel nacional 6 mil 488 asesinatos de mujeres.

En los últimos cuatro años, han aumentado un 50 por ciento los feminicidios. ¿De qué sirven las leyes si no se aplican? ¿De qué sirven los mecanismos de prevención si no funcionan?

El asesinato de Lesvy Berlín nos demuestra que el mal endémico que está disparando los feminicidios tiene que ver con la mente, las conciencias y el espíritu misógino tan enraizado de los funcionarios que se supone deben investigar sin prejuicios los feminicidios.

Nunca vamos a avanzar, mientras tengamos a estos machos alfa procurando justicia.

Por eso, #SiMeMatan dirán que fue porque me lo merecía, porque me empeñé en buscar la verdad, por preguntona, por incomodar, por desvelar las zonas ocultas por los poderes fácticos, porque me gusta bailar, tomar tequila y divertirme con mis amigos, porque soy divorciada, porque soy padre y madre, porque creo en el amor sin fronteras ni barreras, porque estoy empeñada en dejarle un México mejor a María, mi hija, para que ella y todas las mujeres de este país dejen de ser estigmatizadas, para que nacer mujer no signifique ser menos, ser puta, ser ciudadana de segunda, tercera o cuarta clase.

Por eso, y por todo, yo también soy Lesvy Berlín.

 

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