Brasilia, 7 jun (EFE).- La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, perdió hoy a su ministro Antonio Palocci, quien durante los primeros seis meses de su Gobierno fue casi su mano derecha y dimitió hoy acorralado por sospechas de corrupción, tal como en 2006, cuando era titular de Hacienda.

Palocci renunció al cargo de ministro de la Presidencia con la certeza de que “la continuidad del embate político podría perjudicar sus atribuciones en el Gobierno”, según indicó una nota de apenas tres párrafos divulgada por la Presidencia.

Ese comunicado fue el colofón de un escándalo que se arrastró durante veinte días y estalló cuando el diario Folha de Sao Paulo reveló, basándose en documentos oficiales, que el patrimonio del ahora exministro se multiplicó veinte veces entre 2006 y 2010.

Según el rotativo, Palocci vio aumentar su riqueza de esa forma gracias a la empresa Projeto, una firma de consultoría en finanzas e inversiones que fundó en 2006, poco después de dimitir al cargo de ministro de Hacienda en medio de un escándalo de corrupción con tintes sexuales por el que fue luego juzgado y declarado inocente.

También en 2006, Palocci fue elegido diputado por cuatro años, período en el que dirigió la firma Projeto, con la que ganó, según la prensa, unos 20 millones de reales (12,5 millones de dólares) solamente en 2010, cuando además fue coordinador de la campaña electoral que llevó al poder a Rousseff.

A las denuncias de Folha de Sao Paulo se sumó otra publicada el pasado fin de semana por la revista Veja, según la cual el ahora exministro alquila en Sao Paulo un lujoso apartamento de unos 400 metros cuadrados, que está a nombre de un estudiante que admitió ser testaferro de una persona “muy poderosa” que no quiso identificar.

Además, Palocci adquirió a fines del año pasado un apartamento en Sao Paulo por valor de 4,2 millones de dólares, todo lo cual ayudó a poner en duda las actividades de su firma, de la cual se sospecha que le permitió amasar tal fortuna mediante tráfico de influencias y otros delitos.

La oposición mantuvo a Palocci bajo fuego cruzado desde que se publicaron las primeras denuncias y llegó a pedir a la Procuraduría General de la República una investigación sobre su patrimonio.

Pese a las fuertes presiones opositoras, el procurador general, Roberto Gurgel, decidió este lunes archivar el caso, ya que no halló indicios de delito penal.

Gurgel consideró que no había “infracción penal” en lo denunciado pues la ley “no tipifica como delito la incompatibilidad entre el patrimonio y la renta declarada”.

No obstante, en otro párrafo de su explicación, reconoció que si las denuncias contra Palocci fueran comprobadas, podrían suponer “un acto de deshonestidad administrativa”.

Fuentes parlamentarias consultadas por Efe reconocieron que esa opinión del procurador y el clima político adverso que enfrentaba Palocci desde hace veinte días, llevaron a Rousseff a presionar por la renuncia del ministro, que por segunda vez en su vida pasa por el mismo trance.

Según analistas, esta segunda dimisión puede suponer la tumba política para Palocci, un médico de 50 años que llegó a ser uno de los más importantes líderes del Partido de los Trabajadores (PT) y que en 2006, antes de su dimisión a Hacienda, era considerado como el posible sucesor de Lula en la presidencia de Brasil.

En el caso de Rousseff, quien asumió el poder el 1 de enero pasado, la dimisión supone el primer trauma político en sólo seis meses y deja una herida abierta en su base parlamentaria, pues no todos los partidos de la variopinta coalición que la apoya se cuadraron en la defensa del ministro dimisionario.

El lugar que Palocci ha dejado vacante ahora en el estratégico Ministerio de la Presidencia, que la propia Rousseff ocupó antes de aceptar la candidatura del PT a la sucesión de Lula, será encargado a la senadora Gleisi Hoffman, abogada de 46 años y esposa del actual ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo Silva. EFE