Hasta hace unos días Cervantes se enfilaba, en la comodidad y a la velocidad de su Ferrari, para estar a cargo durante los próximos nueve años. Foto: Andrés Yáñez, Cuartoscuro

La descomposición que nos rodea es concreta y sus efectos son claramente visibles. No es extraño, por ende, que el pesimismo o la sensación de podredumbre inevitable sean ya parte de la atmósfera nacional. Como si nos hicieran falta evidencias para confirmar lo anterior, en días recientes la organización de la sociedad civil “Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad” (MCCI) dio a conocer que Raúl Cervantes, actual Procurador y conocido amigo-colaborador de la élite priista, tiene un Ferrari que registró con domicilio “fantasma ” probablemente para no pagar impuestos.

Es este el hombre que el PRI y algunos senadores panistas del grupo calderonista-zavalista habrían buscado respaldar para ser nuestro primer Fiscal “independiente”; es decir, el que hasta hace unos días se perfilaba como el primer “abogado de la nación” que no dependerá del Presidente.  Y es que el pase automático de Cervantes no sólo garantizaría que la primera Fiscalía no tenga un ápice de independencia, sino que instalaría a un individuo con trayectoria cuestionable –por decir lo menos- a cargo de la justicia del país.

Desde luego que para cualquiera que no conozca México sería difícil dar crédito a semejante despropósito; pero, malamente, los mexicanos estamos habituados al deterioro en nuestras condiciones de vida y a la escalada de descaros que descomponen día con día nuestra realidad y minan nuestra confianza en las instituciones. Y en la democracia misma. De esta forma, muchos suscribimos íntegramente lo que escribió Alejandro Páez Varela en su columna del lunes pasado en este mismo espacio: “La nuestra se trata, pues, de una “democracia” que, obviamente, se ha quedado ciega. Que ha dejado de ser democracia sin comillas”[1].

Así, en medio de nuestra ceguera general, hasta hace unos días Cervantes se enfilaba, en la comodidad y a la velocidad de su Ferrari, para estar a cargo durante los próximos nueve años de, entre otras cosas, investigar operaciones ilegales de políticos.  Y de convertirse en Fiscal este sería el individuo encargado investigar los orígenes de las “casas blancas” y los Odebrecht del presente sexenio, del siguiente y de los primeros tres años del posterior al próximo inmediato.

En este contexto de descomposición y ceguera, la mera existencia de organizaciones como MCCI, sus investigaciones más recientes -a pesar de la presión de Enrique Peña Nieto y su gobierno contra un aparentemente relanzado Claudio X González Guajardo[2] que, dicho sea de paso, no parece haberse amedrentado-, así como las reacciones generadas a la postre son todos eventos destacables que invitan a soñar con que no todo está perdido; que dentro del cascarón de nuestra “democracia” hay visos de democracia –sin comillas-.

Y es que la revelación del Ferrari de Cervantes llegó justo en la víspera del tan cuestionado “pase automático” y fortaleció la oposición de la parte de más de 200 organizaciones de la sociedad civil que valiente y obstinadamente han luchado por una procuración de justicia real en México y por una reforma que genere una Fiscalía que sirva y que sea verdaderamente independiente y capaz[3]. En el mismo sentido se han pronunciado los ciudadanos que conforman el SNA al pedir la salida de Cervantes[4] y la ONU-DH al demandar la autonomía del Fiscal. También es de destacarse que los esfuerzos de la sociedad civil por impulsar una Fiscalía independiente han sido cubiertos por medios serios y críticos como Sinembargo, Reforma, Aristegui Noticias, Proceso o Animal Político; es decir, contrario a lo que ocurría en el pasado, los activistas de 2017 han encontrado espacios y megáfonos.

Este movimiento ha coincidido con la oposición no calderonista del PAN al pase automático – parte de PAN que, paradójicamente, antes, cuando se paseaba de la mano del gobierno federal, aprobó este formato-. Para efectos prácticos, los motivos panistas salen sobrando; lo verdaderamente relevante es que, probablemente debido a la reeditada alianza entre calderonistas y priistas, el grupo que controla actualmente el PAN ha manifestado su oposición frontal a esta y otras propuestas del gobierno federal.

Lo cierto es que el endurecimiento de la posición del PAN no calderonista ha movido a otros partidos. Nadie quiere exhibirse como enemigo de organizaciones civiles honorables y como promotor del #FiscalCarnal con una elección tan competida como la de 2018 en puerta. Bien se dice que el miedo no anda en burro, y la capacidad de infundir miedo en sus representantes –miedo, por ejemplo, a perder poder o a no ser votados- es quizás una de las herramientas más decisivas para mantenerlos fieles a sus promesas.

En el caso del #FiscalCarnal, la presión generada ha sido tal que Ernesto Codero y otros senadores calderonistas -como Javier Lozano- embarrados y ridiculizados, han tenido que meter reversa explicitando públicamente que no votarían a favor del pase automático al que antes perfilaban su apoyo. La drasticidad e inmediatez del cambio de postura fue tal que apenas el pasado miércoles Cordero incluso respaldó, al menos de palabra, la reforma integral presentada por las organizaciones al senado.

El mensaje también llegó fuerte y claro a Morena. El martes se reportó que la coordinadora de este partido habría inicialmente aceptado inicialmente pactar con el PRI para instalar la Comisión de la Cámara de Diputados; pero de acuerdo con el periódico Reforma Andrés Manuel López Obrador habría intervenido para evitar que esto suceda[5]. Un acuerdo Morena-PRI en un tema relacionado con la impunidad hubiera sido una mancha indeleble en la bandera anticorrupción que AMLO ondeará e 2018.

Ante semejante escenario, incluso el PRI, partido al que durante el presente sexenio ha tenido sin cuidado cuidar las apariencias y que inicialmente defendió a capa y espada el pase automático, se sintió obligado a, por lo menos, posponer la activación de dicho pase aludiendo “otras prioridades”[6]. Ante la presión social generada, es altamente probable que a estas alturas el PRI considere a Cervantes un “cartucho quemado”. Peor aún para los priistas, sus seguras intenciones de imponer un Fiscal a modo por la puerta de atrás encontrarán más resistencias de las que habían calculado.

El caso Cervantes es apenas un amago de que “democracia” podría llegar a ser algún día una democracia. Si bien el camino para que eso suceda es cuesta arriba y sin final en el horizonte, la mejorara el diseño de una fiscalía que sirva sería decisiva para abrir la puerta a cambios tan necesarios como positivos. Adicionalmente, si, por los motivos que sea, el PAN, a diferencia de lo que antes hicieron Vicente Fox y Felipe Calderón, apuesta por romper definitivamente con el PRI y por tomar como tomar como bandera la lucha anticorrupción, en 2018 veremos una muy interesante disputa entre el “Frente” PAN-PRD-MC y Morena, cuyo líder lleva años oponiéndose con dedicación al PRI y criticando la corrupción priista y panista.

En este contexto, las organizaciones de la sociedad civil que defienden causas tan importantes como la procuración de justicia o los proyectos anticorrupción encontrarían a los dos punteros de la elección luchando por hacer suyas sus propuestas, temerosos de que la competencia les gane esta partida. Y, claramente, a estas alturas la mancuerna PRI-PVEM no tendría nada que hacer en esta arena.

 

 

[1] http://www.sinembargo.mx/04-09-2017/3299490

[2] http://www.proceso.com.mx/501758/ruptura-las-elites-mexico

[3] http://www.sinembargo.mx/06-09-2017/3301704

[4] http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1204000&v=3

[5] http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=119564

[6] http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1202668&v=9

 

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