Enrique Peña Nieto, Jefe del Ejecutivo federal, y su homólogo estadounidense Donald Trump se conocieron en agosto de 2016, cuando el segundo todavía era el candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos, y en la misma residencia oficial de Los Pinos, la casa de los presidentes, afirmó que la construcción del muro fronterizo entre ambos países la pagaría México.

Los dos personajes parecían muy distantes en aquella primera reunión, celebrada el 31 de agosto de 2016; sin embargo, se vería muy pronto, no son tan distintos.

Trump y Peña cimentaron su camino al poder de la mano de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, y ofrecieron cambios radicales en el Gobierno de ambos países. Los dos llegaron entre protestas, gas lacrimógeno y sangre en las calles. Ambos derrotaron a sus adversarios con denuncias de fraude y uso ilegal de recursos en sus campañas. Y los dos, ahora, comparten un fuerte rechazo de sus pueblos y el declive en su popularidad.

Ciudad de México, 8 de noviembre (SinEmbargo).– Este 8 de noviembre se cumple el primer año desde que Donald John Trump ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos a la demócrata Hillary Clinton, y también se marca el inicio del último año de la administración de Enrique Peña Nieto en México.

Ambos personajes se conocieron en agosto del 2016 y aunque parecen distantes, no son tan distintos… hoy comparten características que los unen, tanto en su llegada al poder, como en su desarrollo y, además, en su caída en la aceptación de sus gobernados.

ARRIBOS Y SUS “DESARROLLOS”

Donald Trump avanzó en su campaña electoral con ataques y ofensas. Amenazó, humilló y denostó. Aseguró que sus promesas, entre ellas el muro fronterizo con México, se materializarían. Y así, frente a la desaprobación de líderes mundiales, se convirtió en el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos.

El republicano se impuso a su rival demócrata Hillary Clinton. 276 votos electorales obtuvo el magnate neoyorquino frente a los 218 de la ex Secretaria de Estado.

El 20 de enero de 2017, Trump fue investido en Washington. Miles tomaron las calles para protestar contra el hecho. Así llegó, lejos del cariño de la gente, entre enfrentamientos, gas lacrimógeno y granadas aturdidoras.

Cientos de detenidos deterioraron (más) la imagen del neoyorquino. Pero el declive de su popularidad estaba aún lejos de tocar fondo. Todavía faltaban pláticas ásperas con mandatarios globales, declaraciones de guerra en tono de burla, menosprecios a tragedias…

Inició la era Trump y grupos de odio salieron a las avenidas. Y se insistió en la construcción del muro fronterizo con México (hasta con ofertas de constructoras). Y se acusó a Barack Obama, ex Presidente estadounidense, de espía. Y el fantasma de separar familias nubló el país. Y dreamers fueron detenidos, en lugar de ser ayudados. Y se negó la entrada a la gente de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán. Y…

Y Donald afirmó que los tratados internacionales de comercio terminarían. Y el Gobierno de Estados Unidos amenazó con recortar los fondos a las “ciudades santuario”. Y se anularon las normas para enfrentar al cambio climático. Y miembros del gabinete del neoyorquino comenzaron a ser separados de sus cargos.

Estados Unidos atacó Siria y se derramó sangre. Después amenazó a Corea del Norte, y Norcorea contestó. Desde entonces, el mundo duerme con el miedo de una nueva “gran guerra”.

Hubo protestas en tierra, mar y espacio, sin embargo, Trump, antes que recular, continuó con su actitud hostil contra todos, contra todo. Se revelaron sus lazos con Rusia y el menosprecio por las fuerzas armadas mexicanas.

Y la administración de Trump “terminó’’, o al menos fue lo que aseguró Steve Bannon el día que dejó la jefatura de estrategia de la Casa Blanca.

La nula experiencia política previa, discursos de odio y falta de credibilidad “respaldaban” a Trump. Pero así se impuso. Capitalizó el ánimo de sectores “olvidados”.

EL FINAL DEL SEXENIO DE PEÑA

12 de diciembre de 2012. Felipe calderón Hinojosa entregó la estafeta presidencial a Peña Nieto ante el pleno del Congreso de la Unión. Afuera, manifestantes fueron reventados por policías federales y granaderos. Heridos, balas de goma y sangre ilustraron la llegada del ex Gobernador mexiquense. “El nuevo PRI’’, el PRI de Javier Duarte de Ochoa, César Duarte Jáquez, Roberto Borge Angulo, el PRI del desvío de recursos, colocó a su cabeza en Los Pinos ese día.

Luego vinieron las masacres y desapariciones multitudinarias, y también múltiples casos de corrupción…

El equipo de periodistas de Carmen Aristegui fue despedido por revelar que Angélica Rivera de Peña, Primera Dama de México, tenía una casa de 7 millones de dólares, dinero que, según ella, obtuvo con su trabajo. Apareció otra “casa blanca”, esta vez en Malinalco, Estado de México, y era del entonces titular de la Secretaría de Hacienda, Luis Videgaray Caso. Todo acabó con una exoneración…

Llegó la noche de Tlatlaya, Estado de México. Y la tarde de Tanhuato, Michoacán. Y la noche de Iguala, Guerrero, donde 48 jóvenes que querían ser maestros vieron truncados sus sueños. Siguió corriendo la sangre. Así, 104 mil 602 homicidios dolosos se cometieron en México desde el primer día diciembre de 2012, de acuerdo al conteo del semanario Zeta de Tijuana.

Se espió a periodistas, activistas y defensores de derechos humanos con el software “Pegasus”.

En septiembre de 2017 se sintieron los sismos, con epicentros en Oaxaca y Morelos, que generaron destrucción, muerte y dolor en la zona centro y sur del país. Y se sintió también la corrupción y el abandono de las autoridades.

Así llegó el ocaso del sexenio peñanietista…

DONALD: JUGAR CON LAS FANTASÍAS DE LA GENTE

Trump nació el 14 de junio de 1946 en el barrio de Queens, en Nueva York. Hijo de Fred Trump y Mary MacLeod, en 1964, a sus dieciocho años, se graduó de una academia militar en la que fue internado. Cuatro años después, en 1968, obtuvo su licenciatura en Economía en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, y luego vino su carrera empresarial.

Para 1971, Donald tomó las riendas de Elisabeth Trump & Son, empresa familiar que se dedicaba a alquilar edificios. Jugó con las fantasías de la gente, de acuerdo a sus propias memorias, y así construyó un imperio.

Con el dinero vino la fama. Con la fama vinieron monumentos a su dinero. Se edificó la Torre Trump, de 58 pisos, sitio desde el cual se apuntó a competir por la Presidencia de EU.

El empresario inmobiliario Donald Trump llegó a la Casa Blanca sin carrera política, pero sí precedido de fama. Foto: EFE.

Hoteles, casinos, campos de golf y negocios cimentaron una fortuna que rebasaría los 4 mil 500 millones de dólares, de acuerdo a la revista Forbes.

Su imagen estuvo siempre cerca del ámbito público. Apareció en programas de televisión y hasta se interpretó a sí mismo en Home Alone 2: Lost in New York, dirigida por Chris Columbus. Y, aunque no tuvo cargos políticos, sí estuvo ahí, ausente.

Para cuando Trump decidió entrarle a los temas políticos, ya tenía una imagen, ya era conocido, ya tenía construida la mitad del sendero.

PEÑA NIETO: DE DIPUTADO A PRESIDENTE

Trump llevaba la mitad de su ciclo en la Universidad de Pensilvania cuando, a más de 4 mil kilómetros de distancia, en Atlacomulco, Estado de México, nació Enrique, actual mandatario mexicano.

En 1984, Peña Nieto ingresó a la Universidad Panamericana y también aprovechó para afiliarse al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Estudió Derecho, es abogado.

En 1990, mientras se aventaba su posgrado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, trabajó como secretario del Movimiento Ciudadano de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP). Luego, fue tesorero del Comité de Financiamiento del Comité Directivo Estatal del PRI. Después, en 2003, se hizo un lugar como diputado.

Para 2005, el priista se anotó a la elección para elegir Gobernador en el Estado de México, la cual ganó con el 49 por ciento de los votos.

Su administración, iniciada el 15 de septiembre del mismo 2005, estuvo empañada de casos de corrupción y violencia. El episodio más emblemático ocurrió en mayo del 2006 en San Salvador Atenco. Más de tres millares de policías ingresaron al municipio mexiquense y, con el pretexto de reprimir protestas por la construcción del aeropuerto en tierras ejidales, cometieron crímenes de lesa humanidad. Muertos, heridos y mujeres violadas, el legado del Peña en el Estado de México.

A pesar del horror, y de la sangre, Enrique se alzó victorioso en la elección presidencial del 2012 en México. Tras la conclusión del cómputo, el Instituto Federal Electoral (IFE, ahora INE) otorgó el triunfo al priista con el 38.21 por ciento de los sufragios. Sus adversarios, Andrés Manuel López Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y Josefina Vázquez Mota, de Acción Nacional (PAN), obtuvieron el 31.59 por ciento y el 25.41 por ciento, respectivamente.

Analistas, politólogos, manifestantes, y todo el que tuvo sentido común, enfatizaron que el triunfo de Peña Nieto estuvo patrocinado por Televisa, compañía mexicana que, en teoría, se especializa en el entretenimiento.

LOS MEDIOS, EL DINERO, EL PODER, LA CENSURA

Para los medios de comunicación en Estados Unidos hay dos sopas en la era Trump: eres recibido (por conservador) o eres vetado. El 24 de febrero quedó marcado como un episodio histórico, pues CNN, The New York Times y Político no fueron aceptados en un sesión informativa. Por otro lado, los periodistas de Washington Times y la web Breitbart ingresaron sin problemas.

Representantes de la revista Time y la agencia Associated Press (AP) protestaron ante la decisión. Se exiliaron ellos mismos. Mientras ABC, CBS, The Wall Street Journal, Bloomberg y Fox News pasaron.

“Nada de esto ha sucedido nunca en la Casa Blanca en nuestra larga historia de cubrir a múltiples gobiernos de diferentes partidos”, lamentó el director ejecutivo de The New York Times, Dean Baquet.

En México, los medios de comunicación también enfrentan el veto, pero sobre todo, a la violencia. El sexenio de Peña ha cobrado la vida de 37 periodistas. Y si no los matan, los espían. Y si no los espían, los censuran. Y si no los censuran, los descalifican o lanzan un comunicado de una cuartilla en la que tratan de derribar investigaciones de meses.

Eso sí, también hay consentidos. Este diario digital reportó en julio que el Ejecutivo destinó 98 millones 599 mil 493 pesos en publicidad sólo en los primeros 4 meses del 2017. Los diarios Excélsior, La Jornada y Milenio Diario, los periódicos nacionales premiados.

Las televisoras, Televisa y TV Azteca, recibieron 9 millones 528 mil 701 pesos y 9 millones 010 mil 868 pesos, respectivamente.

Frente a dicha información, la organización Artículo 19 recordó la necesidad de regular la entrada de dinero a medios por parte de las instancias gubernamentales.

¿Y EN EL AMOR? 

Enrique tuvo tres hijos con Mónica Pretelini Sáenz: Paulina, Nicole y Alejandro. Pasaron 13 años juntos, pero la muerte los separó en 2007. Un paro respiratorio, según información de medios, terminó con la vida de la mujer.

En 2008, Peña Nieto conoció a Angélica Rivera Hurtado, quien acababa de participar en Destilando amor, telenovela de Televisa que terminó por entregarle su alias: “La Gaviota”. Dos años más tarde, en 2010, ya con la atención de los medios y en plena construcción de su carrera presidencial, el entonces Gobernador del Estado de México y la actriz caminaron hasta el altar.

En tanto, Donald Trump se casó tres veces, hasta ahora.

Ivana, de Checoslovaquia, estuvo con él de 1977 a 1992, y tuvieron tres hijos: Ivanaka, Donal Trump Jr., y Eric, estos últimos dos, de acuerdo con el Diario.es lanzarán una cadena de hoteles e iniciarán en uno de los estados más pobres de la Unión Americana: Mississippi.

La segunda esposa de Trump fue Marla Maples. Entre 1993 y 1999 fueron marido y mujer. Tuvieron una hija: Tiffany, quien aparentemente no recibe de su padre ni la felicitación cumpleañera.

En 2005, la ex modelo eslovena Melania y el mandatario estadounidense formalizaron su relación. Tienen un hijo: Barron Trump, protagonista de caras jocosas durante los discursos de su padre. Melania es hoy la Primera Dama de Estados Unidos.

POPULARIDAD EN PICADA 

En agosto pasado, de acuerdo con información de la Universidad de Quinnipiac (Connecticut), Trump alcanzó un nivel de aprobación de 33 por ciento. Sólo ocho meses le bastaron para derrotar el peor momento de Barack Obama en ocho años.

La encuesta universitaria coincidió con la realizada en las mismas fechas por Gallup, donde se afirmó que, en promedio, el magnate no superaba el 34 por ciento de aprobación.

Antes, en julio, The Washington Post y la televisora ABC difundieron un sondeo que mostró que Donald tenía el peor nivel de aprobación de un mandatario estadounidense en las últimas siete décadas.

Peña Nieto anda por las mismas. Un informe del Pew Research Center, un think tank con sede en Washington, reveló en septiembre (antes del segundo sismo que estremeció al país) que el mandatario había alcanzado el nivel más bajo de popularidad desde que tomó el poder en 2012.

Según Pew Research Center, Peña contaba con el 61 por ciento de aprobación en 2011, cuando aún no era Presidente. Ahora, y con el final de su sexenio en la mira, tiene el 28 por ciento de apoyo.

“Los mexicanos son sumamente críticos respecto al manejo de la economía de Peña Nieto. El Presidente recibe calificaciones análogamente bajas respecto a la lucha contra la corrupción, el crimen organizado, el narcotráfico y sus relaciones con Estados Unidos”, destacó, en ese momento, el Pew Research Center.

Antes, en junio, las encuestadoras GEA-ISA informaron que el mexiquense y su Gabinete tenían el 74 por ciento de desaprobación.

Más para atrás, en marzo, Enrique dijo que no laboraba “para colgarse medallitas ni [a] tener logros personales”, justo después de que el diario Reforma publicó una encuesta en la que la desaprobación de los ciudadanos con su Gobierno era evidente.

Peña Nieto, al final del su sexenio, y Trump,  al cumplirse un año de su elección, no son tan distintos: los pueblos que gobiernan no los quieren…