Apacible, sin los gestos de atribulación que a veces muestra en público, el rostro de Luis Videgaray Caso ingresó al salón de retratos la Secretaría de Hacienda en El Palacio Nacional. Ya está ahí, en colores desleídos, el político mexicano que no disimuló el sueño de ser Presidente de México. Ocupó Hacienda, pero influyó en Energía, Educación, Relaciones Exteriores y hasta en los discursos presidenciales. Se convirtió en el Secretario de Hacienda que más ha incrementado la deuda pública. Pero ello no lo sacó de la jugada del futuro. Orquestar la visita del ahora Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a México fue lo que le valió la impopularidad.

Ciudad de México, 8 de noviembre (SinEmbargo).- Terso, apacible, sin los gestos de atribulación que a veces muestra en público, el rostro de Luis Videgaray Caso ingresó al salón de retratos la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en El Palacio Nacional, el pasado agosto. Ya está en la Historia de México. Su cuadro es el último de la colección de pinturas al óleo de la dependencia. No hay mandato legal para ello, pero es firme tradición mexicana que los secretarios de Hacienda sean pintados con colores desleídos.

El Estado guarda una galería: las caras de quienes han administrado el dinero de este país desde 1821. Coexisten en fila diferentes ideas, estrategias y en algunos casos, caprichos. En casi dos siglos de Gobierno republicano, no hay una sola mujer. Vistos los últimos 25 años de la colección, las dos escuelas de pensamiento económico que han dominado en las últimas dos décadas se conjugan. Los tecnócratas del Masachussets Institute of Technology , (donde Luis Videgaray Caso se doctoró), y los tecnócratas teóricos de la Universidad de Chicago, (de la que ni siquiera vio el plan de estudios porque no le interesó, según una entrevista con The Economist).

Videgaray es el último. Ahí está pintado un político mexicano que jamás disimuló su sueño de ser Presidente. Lo iba a lograr, pero Donald Trump se le impuso como sombra, primero como candidato del Partido Republicano y luego como ganador de las elecciones de los Estados Unidos. El ahora Canciller había cometido errores como Secretario de Hacienda y Crédito Público. Se convirtió en el funcionario que más ha elevado la deuda en la Historia y generó desconfianza entre los inversionistas. Pero ello no fue lo que lo sacó de la jugada del futuro. Sus equívocos más señalados y visibles fueron los que cometió respecto y en torno al Primer Mandatario de Estados Unidos.

Nacido el 10 de agosto de 1968, fue el ser más poderoso del Gobierno federal. Era “el hombre” del Presidente. El “Doctor en Economía” respetado por su demostrada inteligencia. El personaje que se abstenía de sonreír y no se le tomaba a mal. El pragmático, ensimismado y a veces petulante, pero efectivo y deslumbrante alfil de la política mexicana. El político que aunque ocupaba Hacienda, influía en Educación, Energía, Diplomacia y hasta en los discursos del Presidente.

Ese era Luis Videgaray Caso antes de que Donald Trump tomara como rehén temático a México para ofender a ultranza. Eso era antes de que aconsejara al Presidente Enrique Peña Nieto abrirle las puertas de la casa oficial de Los Pinos. Su decisión estrujó los corazones. “Mas si osare un extraño enemigo”, fue la leyenda en el cartel que sostuvo durante la visita un anciano en el Ángel de la Independencia. Nada cambió los planes. Trump fue recibido como un gran amigo de México.

Y ya nada volvió a ser igual. Luis Videgaray Caso se tornó en uno de los personajes más impopulares, el que tuvo que renunciar a la Secretaría de Hacienda y desaparecer durante un invierno. Quien al volver, aceptó la Secretaría de Relaciones Exteriores y se animó a decir en la toma de posesión: “Vengo a aprender”. Y entonces, sus palabras ya no fueron tomadas a bien. Su falta de sonrisa, tampoco. En agosto pasado, el cuadro al óleo de Luis Videgaray Caso fue develado. El artista que lo pintó no quiso firmarlo.

Luis Videgaray, “el hombre fuerte” que dice ya no aspira a ser Presidente de México. Foto: Galo cañas, Cuartoscuro

 “NO VOY A SER PRESIDENTE”         

“Quiero ser Presidente”, decía Luis Videgaray Caso cuando rondaba los 30 años de edad. No era algo extraño. Varios estudiantes mexicanos de Economía en el extranjero la repetían. Videgaray estudiaba el Doctorado en el MIT y según le dijo a un reportero de la revista británica The Economist en 2014, se apropió de la filosofía económica de esa casa de estudios; es decir, del pensamiento de Maynard Keynes de que el Gobierno debe regular a los mercados cuando están en problemas en aras de lograr el bienestar.

SinEmbargo indagó sobre el desempeño académico de Luis Videgaray en el MIT. La respuesta del departamento académico fue que su tesis “The Fiscal Response to Oil Shocks [La respuesta fiscal a los impactos petroleros], fue “un trabajo sobresaliente” como lo fue él, como alumno. Quien iba a ser uno de los funcionarios más visibles de la Administración Pública Federal mexicana ya delineaba su futuro. En 2012, la investigación hecha en el MIT para doctorarse le sirvió como fundamento de la Reforma Energética. Así, se erigió en “el cerebro” detrás de las modificaciones constitucionales del sector energético.

Sus redes, Videgaray Caso las empezó a tejer mucho antes, en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) donde estudió la Licenciatura en Economía de 1989 a 1994. Ernesto Villanueva, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, relata que el primer vínculo con el poder, lo tuvo cuando conoció a Carlos Lorenzo Sales Sarrapy, hijo de Carlos Sales, asesor de Pedro Aspe Armella, Secretario de Hacienda en el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1994-2000).

Carlos Sales fue su primer jefe. Trabajaron en la asesoría de la Secretaría de Hacienda que ocupaba Pedro Aspe Armella. El de Videgaray era un puesto sin nombre. Una suerte de ayudante. En esos años ni siquiera veía a Aspe. Fueron sus tiempos de estudiar y trabajar con poco sueldo con tal de aprender.

En casa, no estaba el padre. Luis Videgaray Alzada falleció en 1979 cuando su primogénito, Luis, tenía once años. Así que la adolescencia y juventud las logró al lado de su madre Guadalupe y su hermano, Eduardo, a quien sólo le lleva once meses. Eduardo también se fraguaba una carrera, pero en la televisión. En su ficha de presentación para el programa Big Brother VIP 3, concurso que ganó, dijo: “A la política la veo como una pocilga muy divertida”. También dijo que la muerte de su padre lo sacó de balance, que fue un niño modelo, pero en la adolescencia ya no. Hoy hace sátira. Con programas de radio y televisión, Eduardo Videgaray pocas veces habla de su hermano, el político. A la revista Quién, le dijo: “Es un chingón”.

En realidad, mientras cursaba la Licenciatura, Luis Videgaray hizo amistades que aún le duran. Se agrupó con quienes después ocuparían un punto en la política. De aquella época están Virgilio Andrade Martínez (Director general de Bansefi y antes Secretario de la Función Pública), José Antonio Meade (Secretario de Desarrollo Social y uno de los punteros para la candidatura del PRI), Ernesto Cordero Arroyo (Senador y ex Secretario de Hacienda; pertenece al PAN), Raúl Murrieta Cummings (Subsecretario de Infraestructura en Comunicaciones y Transportes) o Guillermo Babatz (quien presidiera la Comisión Nacional Bancaria).

En 1995, el joven Videgaray Caso se licenció en el ITAM con la tesis “Fallas del mercado, regulación e incentivos: el caso de la privatización de los puertos mexicanos”. Pronto se fue a Masachussets con una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

En la misma época, Pedro Aspe Armella fundó Protego, una consultoría de transacciones financieras a nivel nacional e internacional, especializada en reestructuración de la deuda pública de las entidades federativas de México. Se diseñaban paquetes de ingeniería para ofrecer títulos en los mercados mexicanos con el fin de financiar a grandes corporaciones. Los despachos afines brotaron en México. Y así, en un fenómeno de puerta giratoria, ex funcionarios del sector energético empezaron a impulsar la privatización de Pemex en foros nacionales e internacionales.

Videgaray regresó a México en 1999. Protego le dio empleo. Carlos Sales quedó como su jefe. Ahí llegó a ocupar una dirección y se encargó de las negociaciones de las deudas públicas que asumieron Gobiernos de los estados. Una de ellas fue la del Estado de México. En 2003, el entonces Gobernador Arturo Montiel Rojas se acercó para contratar los servicios de la consultora. Videgaray estaba por conocer a Enrique Peña Nieto quien en ese entonces, tenía una vida muy diferente a la que dos décadas después tendría.

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Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto en la campaña presidencial de 2012. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

De la misma generación de Videgaray, no era como él. A Peña Nieto no lo distinguía su afinidad por los estudios. Era un chico “golden boy”, ese grupo de jóvenes políticos que sobresalía por su arreglo personal al grado de la metrosexualidad y el lujo. Un epíteto que ganaron durante el Gobierno de Arturo Montiel.

Peña Nieto era diputado local y quería ser Gobernador. Y a Videgaray le rondaba la idea de en México los grupos de oposición podrían lograr un pacto en aras de reformas estructurales en varios ámbitos. Así que se fueron a comer. “Me contó que tenía aspiraciones a ser Gobernador del estado, así que empezamos a trabajar”, reveló el ahora Canciller al periodista Ignacio Lozano quien publicó un perfil en la revista Gatopardo. Enrique Peña Nieto no sólo fue mandatario estatal; sino Presidente. Desde entonces, no se han separado. Videgaray fue Secretario de Finanzas cuando Peña Nieto fue Gobernador. El cargo lo dejó para ser Diputado federal mediante representación proporcional para ser parte de la LXI Legislatura del Congreso de la Unión en la que fue presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública. En 2011, dejó el Congreso para coordinar la campaña del priista Eruviel Ávila Villegas y en 2012, hizo lo mismo pero con Enrique Peña Nieto en la contienda para Presidente de la República.

Al integrar a su Gabinete, el Presidente Enrique Peña Nieto lo nombró Secretario de Hacienda. Al transcurrir el Gobierno, encuestas realizadas por Mitofsky y Gea-ISA lo ponían como un prospecto para que el Partido Revolucionario Institucional lo postulara a la Presidencia de México en 2018.

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Aquello de “quiero ser Presidente” ha quedado atrás. Tajante como es, el mismo Videgaray ya se descartó de la contienda. El 27 de mayo, en una conferencia de prensa, dijo: “No voy a participar. Es algo personal. Tengo una militancia de la que estoy muy orgulloso pero no ejerzo, estoy dedicado a ser canciller. Tengo mi militancia guardada en un cajón. El otro día me preguntaron y dije: porque no. Ya no. Porque no. Porque no. Les voy a repetir lo mismo”.

Eduardo Murueta, director de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología (AMAPSI) y especialista en Psicología del poder, dijo: “En política no basta la promoción. La falta de empatía de Luis Videgaray con la población como Secretario de Hacienda es equiparable con el desapego de la realidad que ahora lo pone en esta situación increíble. Él ya no es el hombre fuerte”.

En octubre de 2014, dos años antes de que Donald Trump se postulara como el candidato de “la Ley y el Orden” a la Presidencia de Estados Unidos, la Secretaría de Hacienda envió un comunicado a los medios informativos. Luis Videgaray Caso había sido elegido Ministro de Finanzas del año por la publicación Euromoney por su participación en las reformas estructurales enviadas por el Presidente Enrique Peña Nieto al Congreso de la Unión. El funcionario recibiría la distinción en una ceremonia privada durante las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El editor Clive Horword, editor de la publicación, expuso: “Es un reflejo del efecto transformacional que el reciente programa de reformas estructurales tendrá sobre la economía de México”.

Videgaray le respondió: “Se trata en realidad de un reconocimiento a la visión y liderazgo del Presidente de la República, licenciado Enrique Peña Nieto, y al trabajo responsable y constructivo con el que el Congreso de la Unión aprobó las reformas estructurales que permitirán a nuestro país mantener finanzas públicas sólidas e impulsar el crecimiento económico sostenible”.

Dos meses después, el Secretario ya no era el talentoso hombre que se había propuesto la estabilidad de las finanzas. Otro diario internacional, The Wall Street Journal, publicó que la empresa Grupo Higa quien construyó la “casa blanca” de la Lomas del Presidente Enrique Peña Nieto (que se adjudicó Angélica Rivera, su esposa) también había edificado una para él. Como documentos probatorios, el legendario diario mostró documentos del Registro Público de la Propiedad que mostraban que Videgaray había comprado la casa en Malinalco, Estado de México.

En febrero de 2015, el escándalo de adquisición de propiedades inmobiliarias había hundido al Presidente y al Secretario de Hacienda. La popularidad del primero se fue en picada hasta llegar a 39 por ciento, según promediaban las encuestas en ese momento. Una cifra reprobatoria, pero también la más baja de la Historia desde que en 1994 se empezaron a hacer ejercicios demoscópicos para evaluar la gestión presidencial. Y mientras se planteaban posibles conflictos de interés, la Secretaría de la Función Pública permanecía acéfala.

Los planes de Peña Nieto eran otros. Quería convertir mediante una reforma esa dependencia en una comisión anticorrupción y con ese pretexto, la mantuvo sin Secretario. Pero no lo logró. Su iniciativa no pasó en el Congreso. Así lo alcanzó el escándalo de la “casa blanca”. Hacía falta un Secretario de la Función Pública. Y nombró al amigo de Luis Videgaray, Virgilio Andrade. Le bastaron seis meses para exonerarlos.

7 de septiembre de 2016. José Antonio Meade se convierte en el nuevo titular de la SHCP. En la imagen se despide de Luis Videgaray quien renunció al cargo tras el desastre derivado por la invitación del entonces candidato Donald Trump. Foto: Cuartoscuro.

A la fecha, Videgaray no ha aclarado quién le vendió la casa. La declaración patrimonial, a la que está obligado, aún no incluye los datos precisos de las condiciones en que adquirió la única casa que declara y que abarca mil 500 metros cuadrados de terreno y 852 de construcción.

Pese al escándalo, Videgaray se mantuvo. Pocas veces sonreía. Bajo sus manos, la deuda total del país se incrementaba con un crecimiento nunca visto desde 2000. De 2012 a 2016, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) –la medida más amplia – pasó del 36.4 por ciento al 50.5 del Producto Interno Bruto.

Mientras, en Estados Unidos, las campañas arrancaron. Donald Trump hablaba y hablaba de los mexicanos y de cómo los combatiría en cuanto ganara la Presidencia.

“Los inmigrantes son violadores y criminales”, dijo Trump en junio de 2015. “Los mexicanos traen a Estados Unidos enfermedades contagiosas”, expresó en el mismo mes. “Sólo la gente muy estúpida piensa que Estados Unidos está haciendo buenos acuerdos comerciales con México. México nos está matando en la frontera y en el comercio”, escribió el 27 de junio de 2015 en su cuenta de Twitter. “México deberá pagar el muro fronterizo que Trump construirá”, ofreció como propuesta de candidato el 30 de marzo de 2015.

Aun así, Enrique Peña Nieto, Presidente de México, lo recibió, se reunió con él en privado y luego apareció a su lado en un evento público. En el mensaje dirigido a los medios, en Los Pinos, el Presidente sostuvo que le dijo a Trump que no serían los mexicanos quienes pagaran el pretendido muro en la frontera. El escudo nacional estaba detrás de ambos. Pero, como si las palabras del mandatario mexicano no hubieran sido dichas, el candidato republicano abordó un helicóptero, aterrizó pocas horas después en Arizona y volvió a ser el mismo. “Vamos a construir una enorme muralla en la frontera sur y México va a pagar por ese muro, ciento por ciento. No lo sabe todavía pero así será”, dijo en un mitin. Aplausos y ovaciones lo envolvieron. En México se supo que fue Luis Videgaray Caso quien decidió que Trump pisara México.

LA CAÍDA

EL 6 de septiembre de 2016, Luis Videgaray Caso fue removido por el Presidente Enrique Peña Nieto de la Secretaría de Hacienda y en su lugar, fue nombrado José Antonio Meade Kuribeña, su amigo. Llegó el invierno y la Navidad y no se supo mucho de él. Pero en enero de 2017, fue nombrado como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores en sustitución de Claudia Ruiz Massieu. Sería el hombre que le daría la cara a Donald Trump en las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio y América del Norte.

La vida de hoy del funcionario se resume en un estira y afloja. Donald Trump dijo el 10 de octubre que es probable que México, Estados Unidos y Canadá no alcancen un acuerdo. Videgaray respondió: “… Debemos reaccionar con seguridad …”.