El ambiente hostil al que se someten los astronautas al encontrarse en el espacio exterior les acarrea una serie de problemas a su salud, entre estos, la pérdida de calcio en los huesos y de masa muscular.

Puebla, 7 de noviembre (Agencia Informativa Conacyt/SinEmbargo).- La experiencia de viajar al espacio exterior conlleva riesgos para la salud del ser humano, sobre todo por el estado de microgravedad al que se ve expuesto. Como parte de estas afectaciones destaca la descalcificación ósea y ciertas atrofias musculares que aún se estudian y requieren de mayor atención por parte de los especialistas de la salud.

Como parte de los trabajos del Tercer Congreso Mexicano de Medicina Espacial, celebrado la primera semana de octubre en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), el general brigadier Víctor Manuel Rico Jaime, Director de Medicina de Aviación de la Fuerza Aérea Mexicana, expuso cómo la fisiología humana se ve afectada por el estado de ingravidez en los vuelos espaciales.

El general brigadier Rico Jaime explicó que entre las características que hacen al espacio exterior un ambiente hostil para el hombre está la gravedad disminuida o neutralizada a 370 kilómetros de altitud; los altos niveles cósmicos de radiación solar galáctica y núcleos atómicos pesados; la ausencia de presión barométrica (vacío); las variaciones extremas de temperatura, tanto de frío como de calor; y la ausencia de una atmósfera capaz de mantener la vida del hombre.

Recordó que por estas condiciones se detectaron en misiones como Apolo o Skylab, pérdidas de masa ósea en las extremidades inferiores de los astronautas, así como un incremento de la excreción urinaria de calcio (descalcificación ósea), nitrógeno y fósforo, provocando lo que se conoce como atrofia muscular.

“Algo importante es que no se detiene la pérdida ósea ya que una vez que el ser humano está en el espacio, inmediatamente que no tiene ese estrés del peso, el sistema osteoblástico empieza a funcionar y lanza la señal de que no necesita tanto calcio, por eso va para afuera, pero hasta ahora no se ha demostrado que esta pérdida se detenga, solo se disminuye”.

EFECTOS MUSCULOESQUELÉTICOS

Como parte de los efectos de la ingravidez, explicó, existe la disminución de la fuerza y el tono muscular hasta en un 40 por ciento, asimismo se produce una descalcificación ósea (principalmente en la pelvis, columna lumbar y cabeza y trocánter femorales). También se ha reportado una producción reducida de la hormona paratiroidea y de la vitamina D, y la eliminación aumentada de 60 a 70 por ciento de calcio en la orina y en las heces, con efectos permanentes.

“Las masas musculares antigravitacionales y que mantienen firme nuestra postura se atrofian en una tasa de cinco por ciento a la semana. Hay que recordar que un viaje a Marte dura un promedio de tres años, entonces qué pasaría con esta acumulación de cinco por ciento cada semana, es algo que urge resolver desde la medicina espacial”, cuestionó el general Rico Jaime.

Refirió además que a tan solo once días en el espacio, la ingravidez puede reducir las fibras musculares en 30 por ciento. También se ha documentado que ocurre 3.2 por ciento de pérdida de hueso después de 10 días en el espacio.

“En un viaje redondo a Marte (2.5 a tres años), la pérdida ósea trabecular rebasaría al sistema osteoblástico, que reconstruye la arquitectura ósea afectada, de tal forma que los astronautas estarían en una situación de desventaja absoluta al regresar, por eso hay que cuestionarse qué pasaría con ellos y cómo poder revertir estos efectos”.

Enfatizó que no se puede separar el espacio de la atmósfera y cómo los datos que existen desde el nivel del mar hasta la corriente espacial sirven para hacer estudios del espacio.

“Necesitamos determinar, por ejemplo, la efectividad de los bifosfonatos, dietas adecuadas, la radiación ultravioleta como alternativa para que la vitamina D funcione y fije el calcio, etcétera. En el futuro habrá colonias espaciales, tendremos que irnos a otro planeta en algún punto, quizá hasta dentro de 50 millones de años, pero aún hay mucho trabajo que hacer”.

MÉXICO Y LA MEDICINA AEROESPACIAL

La fuerza y el tono muscular pueden perderse hasta en un 40 por ciento tras someterse a la ingravidez, señala el experto. Foto: Especial

Posterior a su intervención, el general Rico Jaime declaró en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt que en México la medicina espacial es una ventana de oportunidad para el estudio de la fisiología humana en el espacio y, aunque falta por hacer, ya se realizan esfuerzos desde la década de los 80 con la creación de la Residencia y Especialidad en Medicina Aeroespacial que se imparte en la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea, donde los médicos militares y civiles pueden prepararse en esta materia.

El general Rico Jaime, actual director de Medicina de Aviación de la Fuerza Aérea Mexicana, destacó la importancia de que otras universidades y politécnicos en el país contemplen proyectar esta área de estudio en sus programas académicos.

“Estamos entrando en la época en que estos temas tienen que ser estudiados cada vez más y necesitamos gente preparada que pueda coadyuvar en el desarrollo de programas de medicina espacial o aérea, sobre todo porque crecerá la actividad humana en el espacio”.

El general Rico Jaime indicó que desde 1985 hasta la fecha existen generaciones de egresados de la Residencia y Especialidad en Medicina Aeroespacial por parte de la Universidad del Ejército, en su mayoría militares, pero también civiles nacionales y extranjeros. Declaró que esta área se fortalece con las relaciones y convenios que tienen con la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), Instituto Civil de Medicina Aeroespacial (CAMI, por sus siglas en inglés) y con la Agencia Espacial Mexicana (AEM), entre otras instituciones.

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