Nuestra Constitución regirá la vida de la capital del país a partir del 17 de septiembre de 2018. A partir de ahora, el reto más grande para los más de 8 millones de habitantes de esta gran Ciudad o 24 millones si consideramos a la población flotante, será interesarnos y conocer a fondo lo que en ella se plantea. Foto: Cuartoscuro

Por Nancy Pérez García*

La Constitución de la Ciudad de México retoma la reforma en Derechos Humanos del 2011 y reconoce el principio de “progresividad” como su concepto rector. Lo cual toma un alto valor, dado los peligros de regresión que han sufrido algunas agendas, derivado de la incomprensión de los gobiernos.

Sus setenta y un artículos, se traducen en principios, derechos y libertades  que han sido demandas históricas de  una sociedad  que se identifica asimismo como  diversa,  plural y participativa. En ella se reconocen  por ejemplo,  derechos de grupos de atención prioritaria como son las personas migrantes y sujetas de protección internacional, los derechos sexuales, los derechos reproductivos, el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, los derechos de las familias diversas, derechos de los pueblos y barrios originarios, el derecho a una muerte digna, a la protesta social. Así como la creación de alcaldías, el referéndum para hacer cambios a la Constitución, la eliminación del fuero y la revocación de mandato.

Sin duda la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México merece un especial reconocimiento por haber logrado nuestra  Constitución. Por enmarcarse en la pluralidad y favorecer el diálogo, pese al enorme reto que tuvieron de incluir todas las voces e ir contra tiempo.

Particularmente desde Sin Fronteras reconocemos el desempeño de la constituyente Clara Jusidman,  una voz progresista que a lo largo del tiempo ha favorecido la construcción de diálogos y consensos en favor de la agenda de derechos humanos, desarrollo social y democracia en México. Cuyo papel para impulsar  de manera adecuada  el reconocimiento  de los migrantes y personas sujetas de protección internacional en la Carta Magna, fue fundamental.

Nuestra Constitución regirá la vida de la capital del país a partir del 17 de septiembre de 2018. A partir de ahora, el reto más grande para los más de 8 millones de habitantes de esta gran Ciudad o 24 millones si consideramos a la población flotante, será interesarnos y  conocer a fondo lo que en ella se plantea.

En momentos de zozobra, esta Constitución brinda un mensaje positivo al  avanzar en la inclusión y en el reconocimiento de la diferencia como valores intrínsecos de la igualdad y de la convivencia democrática. Ahora como sus habitantes, estamos obligados a hacer valer los mecanismos para su justiciabilidad y exigibilidad en ella establecidos, y las autoridades en hacer que  los derechos reconocidos sean realmente parte de nuestra vida cotidiana. Para que esta Ciudad pueda ser llamada la Ciudad de las libertades y derechos, la Ciudad de Vanguardia.

*Nancy Pérez García es directora de Sin Fronteras

@Sinfronteras_1