la presencia de Morena y López Obrador no se puede soslayar, menos cuando su conformación ha sido un desprendimiento de personalidades. Foto: Sitio Oficial AMLO

Circula en las redes el discurso del Gobernador Javier Corral al clausurar el “Encuentro Chihuahua: Problemas Contemporáneos de México”. Enhorabuena que un Gobernador hable así. No obstante vale la pena retomar un punto central de su alocución, cuando citó un concepto de Emilio Álvarez Icaza y que de alguna manera lo retomó al final de su exposición al hacer gala de su nemotecnia y fidelidad intelectual al fundador del PAN, Manuel Gómez Morín.

Me refiero a la necesaria discusión abierta, pública, de los temas de la nación, de las diversas opciones de los ciudadanos; discusión transparente, sin temores, ni agendas ocultas, con la posibilidad de construir acuerdos de gran calado.

Sin duda la sociedad civil requiere regenerar su atmósfera pública, contaminada por la diatriba y los insultos, descalificaciones y amenazas. Solo revísense las redes para medir la degradación del lenguaje; y en todo ello los líderes tienen una alta responsabilidad que no han asumido.

La ética del lenguaje político podría ser un tema a profundizar.

Desde esta perspectiva toda la reflexión en torno a la formación de un frente ciudadano está acotada a su propia definición, naturaleza y contexto. Por un lado surge en la coyuntura electoral y pretende representar una opción más allá de los partidos políticos y sus candidatos. Expresa un reacomodo de  cuadros  dirigentes de la clase política, pero también muestra el surgimiento de una fuerza social multifacética que busca sintonizar mejor con los acelerados cambios de la sociedad contemporánea y tener la capacidad de identificar con claridad no sólo desafíos de la violencia, impunidad y corrupción; sino también la estrategia para resolverlos, que necesariamente, en caso de los partidos políticos, obliga a un sacudimiento y depuración de sus estructuras que le devuelvan a los ciudadanos la confianza mínima de que la política y el crimen se divorcian.

En todo ello, la presencia de Morena y López Obrador no se puede soslayar, menos cuando su conformación ha sido un desprendimiento de personalidades y cuadros de los partidos políticos. Sin duda se tendría que establecer no una confrontación sino un espacio de discusión y diálogo sin exclusiones.

La debilidad de Morena es su fortaleza, gira en torno a un liderazgo carismático, por lo mismo dependerá de su lógica interna, de los diversos y encontrados grupos, personalidades e intereses que lo conforman, si replantean su relación con las demás fuerzas políticas o si deciden ir hasta el final de la contienda por su propia cuenta; y así esperar otro estadio desde el cual definir las simetrías y asimetrías del poder de un estado nación carcomido.

La búsqueda de una fuerza naciente que apunta a reposicionar a las organizaciones ciudadanas, no sólo la que se expresó en Chihuahua, sino aquella que aún fragmentada se manifiesta a lo largo y ancho del país, en medio de su condición política amorfa, pero que busca una renovada representación, está asediada por la desconfianza de muchos que la consideran un potencial esquirol de una sociología electoral.

¿Cómo puede convertirse en una verdadera opción democrática que entiende de esas alturas de mira que mencionó Javier Corral? Para ello deberá plantear con claridad cuál es su propuesta de gobierno más allá de la coyuntura electoral; ¿quiénes la representan más allá de reciclajes inevitables de algunos?; ¿cómo articulan sus realidades dinámicas locales, regionales, con la nación globalizada?, y ¿cuál es su posicionamiento no solo frente al PRI si no también ante Morena y su líder?

Todo ello determinará si las elecciones del 2018 seguirán estrujadas por la negociación de poderosos grupos económicos, cárteles y políticos; o si los ciudadanos son capaces de recuperar el camino extraviado de la democracia.