Fue en San Luis Potosí, en ese espacio inmenso e inabarcable llamado Centro de las Artes, donde está la celda de Francisco Madero y antes era una cárcel hoy perfectamente remodelada. ¿Qué decir de la novela policial en un país atravesado por los problemas delincuenciales, con una gran impunidad y corrupción, fruto de algo a lo que todavía no se encuentra solución? Entre el 1 y el 3 de septiembre se llevó a cabo el Segundo Festival Internacional de Novela Negra. Para pensar y balancear.

Ciudad de México, 9 de septiembre (SinEmbargo).- ¿Existe la novela negra en México? ¿Cómo pensar en una novela policial en un país atravesado por los problemas delincuenciales, con una gran impunidad y corrupción, fruto de algo a lo que todavía no se encuentra solución? ¿Habrá que esperar a que pasen los delitos y sentir que alguien puede hacer literatura con los recuerdos? ¿O hay que tomar las cosas de la realidad y hacer libros con ella?

El Segundo Festival Internacional de Novela Negra tuvo lugar entre el 1 y el 3 de septiembre en el Centro de las Artes de San Luis Potosí, con grandes invitados internacionales y un buen grupo de autores nacionales, entre ellos Bernardo Esquinca, Raquel Castro, Liliana Blum, Martín Solares César Silva Márquez, Hilario Peña y Bernardo Fernández Bef, entre otros. La sede, el magnífico Centro de las Artes, antes una cárcel y hoy un espacio cultural de gran prestigio, que hace las cosas impensadas para seguir adelante, comandado por Laura Elena González.

La oferta cultural de Huellas del crimen, tal como se llamó al Festival, incluía un ciclo de cine, talleres para nuevos escritores, guionistas y novelistas gráficos, una muestra fotográfica del cine negro mexicano, una cena temática –organizada por el cineasta mexicano Jorge Michel Grau- y charlas y conferencias magistrales con especialistas en cine negro y reconocidos escritores nacionales e internacionales.

“Reflejo de la realidad más inmediata”, así fue calificada la novela negra y como tal fue vista en un Festival Internacional que por lectores contumaces ojalá siga en nuestro país, territorio ideal para las historias policiales y horrorosas.

LA NOVELA NEGRA ABREVA DE LA REALIDAD PURA Y DURA

“Lo que hubo fue el afán de continuidad, a raíz de que hicimos la primera edición en San Luis Potosí el año pasado y así empecé a trabajar en los contenidos”, dice Mauricio Montiel, uno de los organizadores del encuentro.

“La idea del festival vino en 2015, cuando yo estuve en algunos eventos en Europa, donde hay un gran interés por la novela negra. En Reino Unido es increíble toda la industria editorial, la industria del lector alrededor del género. Así que tuve muchas ganas de hacer un Festival Internacional y si bien no es el primer encuentro de novela negra que se hace en México, sí es el primero internacional”, agrega.

La idea del festival vino en 2015, cuando yo estuve en algunos eventos en Europa, dice Mauricio Montiel. Foto: SinEmbargo

La novela negra habla del presente, de lo que pasa hoy y como tal cuando uno llega a un país es probable que una historia del género describa esencialmente esa nación. Así lo cree Montiel, quien asegura que “sí hay una novela negra que se caracteriza por la actualidad, por un presente pasado según el caso, que es muy vital para un país. El género construye un gran fresco social, a la par que va desarrollando una intriga y es la mejor que ha sabido abrevar de la realidad pura y dura”.

“Me interesó ofrecer un abanico lo más amplio posible de todas las manifestaciones de la novela negra. Del alemán Stefan Kiesbye me interesó el filón gótico que él explora en sus novelas. Está Marçal Aquino, el gran heredero de Rubem Fonseca, el brasileño más importante a nivel de novela negra. El caso de Antti Tuomainen (Finlandia) me parece particular, pues es el representante más joven de esta gran ola escandinava que viene empujando muy fuerte, desde Henning Mankell y Stieg Larsson, los dos nombres canónicos de la literatura policial”, cuenta Mauricio Montiel.

“Hay un horizonte vastísimo, de muchos escritores que no pudieron venir, casi todos por agenda, John Connolly, John Nesbo, Joel Dicker, pero tienen contratos muy esclavizadores de entregar una novela por año”, agrega.

“En los nacionales, uno piensa en novela mexicana y piensa en narco-novela, por supuesto que es un filón muy importante, pero hay otras cosas, tenemos el caso de Juvenal Acosta, que tiene esta trilogía que roza lo policíaco, sin estar insertado en dicho género. Quería demostrar al lector que hay un amplio abanico de la novela policial o negra”, afirma el titular de la Coordinación Nacional de Literatura (CNL) del INBA.

“No olvidar a Fernando Ampuero, de Lima, que exploró el lado negro de la capital peruana, un autor muy prolífico, que al lado de Ernesto Mallo, constituyen la parte destacada de la literatura sudamericana en la novela negra”, concluyó.

LA NOVELA NEGRA, COMO FORMA DE REALISMO LITERARIO

¿Es la novela negra una manifestación del realismo literario? Así lo piensa el escritor argentino Ernesto Mallo, quien considera que para que una novela sea negra tiene que incluir elementos políticos y sociales, por lo que en el caso de América Latina estamos ante una forma de realismo literario.

“El problema es que se cree que con poner un detective con un pasado tormentoso y una chica guapa que lo contrata ya vamos a tener novela negra y no es así, es más complicado”, dijo el autor de La aguja en el pajar, Delincuente argentino, El Relicario, y la reciente La Conspiración de los Mediocres, entre otras.

El ganador del Premio Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón, España 2015, aseguró que si bien la realidad es más negra, se puede contar una verdad con ayuda de la ficción e incluso, contar lo que en otros medios es casi imposible.

La novela negra como realismo literario: Ernesto Mallo. Foto: SinEmbargo

“La novela negra es uno de los géneros más difíciles que hay. Lo interesante es ver cómo los jóvenes continúan experimentando y observando. Somos bombardeados con información banal que pasa y se olvida rápidamente. Es interesante que se puedan salir de ahí y ejercitar la capacidad de observación, ver el comportamiento de la gente y cómo se conduce y funciona en la calle”.

“Hay muchas personas que les gusta ser más escritores que escribir y quieren posar y en el Facebook se ponen ‘José López, escritor’, pero tú no lo dices, son los demás los que te lo deben decir”, afirmó.

De acuerdo con el autor de las novelas del comisario Lascano, una de las preocupaciones de las nuevas generaciones de escritores es la publicación de sus trabajos cuando lo importante es escribir.

“Si la obra vale, se abre paso y no hay más remedio que llegar a la publicación porque el mundo tiene la necesidad de esa obra, el problema es escribir libros que sean necesarios”.

“Borges dijo que la novela policial se nutre de la delicada transgresión de sus propias reglas. Los géneros tienen que ver más con la crítica literaria y el marketing que con la literatura en sí. Para mí sólo hay tres géneros de novela: la buena, la mediocre y la mala”, dijo.

“No sé si la novela negra habla del presente totalmente, pero sí describe una realidad. Como ahora, que sólo hay narcotraficantes al sur del Río Bravo, pero el 90 por ciento del dinero de la droga queda en el país de consumo. Es un negocio de los propios americanos y que ellos protegen”, afirma Mallo.

“Cuando yo escribí mi novela Aguja en el pajar, pude hablar de la Dictadura en Argentina, que era algo que estaba prohibido. Esa novela tuvo la virtud de abrir las puertas a las editoriales y luego vinieron muchas otras relacionadas con la Dictadura”, cuenta.

“La novela negra tiene un tinte moral. Están el bien y está el mal, el problema es que el autor no puede ponerse como el que juzga moralmente, sino que el juicio es el terreno del lector. Escribir una novela teniendo en cuenta todas estas cosas, es muy difícil”, advirtió.

“Liliana Escliar, Juan Sasturain, Pablo De Santis, Horacio Convertini, me parecen los grandes autores del género en Argentina. Yo antes organizaba un Festival allí, pero ahora el Gobierno ha quitado el apoyo para hacerlo, así que sé lo que cuesta organizar un encuentro de esta naturaleza y San Luis Potosí me parece espectacular”, concluyó.

El periodismo me ayudó muchísimo en mi literatura, dice Marcal Aquino. Foto: SinEmbargo

EL MONSTRUO PENTÁPODO Y CÓMO HACER UNA NOVELA

La escritora mexicana Liliana Blum participó en el Festival Internacional de Novela Negra Huellas del Crimen con el taller “La oveja negra: cómo hilvanar una novela negra de principio a fin”.

“Están participando criminólogos, que no necesariamente escriben, muchos lectores de novelas de detectives que les interesa el tema y jóvenes que tratan de escribir su primera obra”, dijo la autora de Pandora y El monstruo pentápodo, entre otras.

“Es enriquecedor porque descubres nuevos escritores, nuevos libros y se vuelve importante no sólo para los que nos dedicamos al género, sino también para la gente que empieza a escribir y para los lectores”, dijo la escritora, quien también dirigió la charla magistral del finlandés Antti Tuomainen.

El finlandés Antti Matuoney, representante de la onda escandinava. Foto: SinEmbargo

Autor de El sanador, su única novela traducida al español, un personaje ficticio de Finlandia pero que bien podría ser mexicano y que ya fuera llevada al cine, la novela transcurre en medio del mundo, que está sufriendo las consecuencias del cambio climático. Tras meses lloviendo sin parar, Helsinki presenta un aspecto postapocalíptico: los túneles del metro están inundados, hay miles de refugiados y se suceden los brotes de nuevas enfermedades como la tuberculosis, la malaria y el ébola.

En medio del caos, un asesino en serie asesina con la premisa de que es el “sanador” de un mundo enfermo que se encamina a su propia destrucción. Una periodista se interesa por la historia y decide investigarla, pero desaparece sin dejar rastro.

“Fue una novela que hice en medio de un mundo distópico, próximo a terminar y si bien me ha dado muchas satisfacciones, el libro preferido mío es El hombre que murió, que va a estar disponible en octubre en inglés, que representa para mí un nuevo comienzo. Ya había escrito cinco libros que fueron muy oscuros y quería hacer algo diferente”, comenta Antti Tuomainen.

El hombre que murió es una combinación de novela noir y comedia y ahora es mi favorito. Escribo en finlandés. No podría escribir ni inglés ni en español, pero estoy muy contento con la tradición escandinava y me gusta mucho Sofi Oksanen, que fue la que prologó uno de mis libros”, afirmó.

“Estoy muy feliz de estar aquí, jamás hubiera pensado estar en San Luis Potosí y todo esto es por los libros. Todo es muy nuevo, pero fantástico para mí”, dijo Antti.

LA SORPRESA DE PERRA BRAVA

Orfa Alarcón estuvo invitada en el Festival Huellas del crimen por su gran novela Perra Brava, que publicó hace siete años. “Es una gran sorpresa para mí, no es algo que yo hubiera esperado”, dice la autora de una historia inolvidable, que abrió un poco el estilo a lo que se llamó luego “narco-novelas”.

En el Monterrey de los narcos, el reggaetón y el hip hop, ella es una joven universitaria, pero también una reina entre las de su clase, la novia de un jefe de sicarios del narcotráfico, al que sirve como su esclava, cuenta la historia de Perra Brava, que acaba de salir en alemán y pronto saldrá en francés.

“Es una novela, se nota que es una primera, intensa y todavía tiene la vigencia del México violento que presenta. Había muchas situaciones que anticipo en mi novela, hay una escena por ejemplo que aparece una cabeza cercenada dentro de la cajuela y al poco tiempo comenzaron a aparecer cabezas cercenadas en serio”, dice Orfa Alarcón.

Su novela, Perra Brava, sigue conquistando lectores. Foto: SinEmbargo

En estos siete años, la autora ha vivido en Monterrey, junto con su esposo Antonio Ramos Revillas, sus perros y sus gatos. Ha hecho su libro juvenil Bitch Doll y acaba de terminar una novela que verá la luz el año próximo.

“Trata sobre la hija de un gobernador un tanto ranchero, pero una de estas personas autoritarias y prepotentes. Su hija, en algún momento de su vida, decide rechazar todas sus riquezas y vivir la existencia tal cual es”, cuenta Orfa.

“Es una historia de transformación, no en el sentido positivo, sino sencillamente un cambio”, dice la escritora, feliz por estar en un Festival que “está muy bien, porque representa la posibilidad de que los escritores puedan entablar el diálogo con los lectores, me parece una gran retroalimentación”, asegura.

LA NOVELA NEGRA, NOVELA DE PERSONAJES

César Silva Márquez unió periodismo y policial, algo muy común en la novela negra, para hacer La balada de los arcos dorados (Almadía), una gran historia ganadora del Premio Nacional de Novela.

“Soy feliz de pertenecer a algo, la primera novela que escribí se llama Los Cuervos y me involucraba con un detective, que era un ingeniero y que quería encontrar a un vampiro. Siempre había detectives en mis novelas, hasta que decidí poner un detective en toda la historia y así nació La balada de los arcos dorados”, dice César Silva.

“La mancuerna que se hace entre el policía y el periodista es muy importante; de alguna manera caza muy bien al personaje que están matando en México con otro personaje a prueba de balas, con toda su corrupción, tratando de proteger a este escriba, que por otro lado es muy joven”, cuenta.

“Ahora escribo una novela continuación de La balada…con ambos personajes. También hay un elemento fantástico, que empieza por sueños en Luis Kuriaki. Lo que interesa en la novela negra es el personaje, más que el caso que vaya a resolver”, expresa Silva Márquez.

La mancuerna que se hace entre el policía y el periodista es muy importante, dice César Silva Márquez. Foto. SinEmbargo

“Es como el timbal, que en las canciones de salsa casi no se escucha, pero cuando se oye, es muy estruendoso, tiene que brillar. De alguna manera eso es una novela negra. El ejemplo es Parque Gorki, de Martin Cruz Smith, que pasa en los tiempos del Kremlin. Es muy divertida, muy sabroso y busco eso con las novelas. Está John Connolly, que es un poco pastoso, pero su personaje es muy bueno, siempre como un Batman, un poco vengativo”, afirma.

“El Festival de Novela Negra le está dando un espacio al género que se merece. En este México tan intelectualizado, con la alta poesía, con Octavio Paz, llegan estos espacios que ayudan mucho a aterrizar a la literatura. No toda la literatura tiene que transcurrir en el DF ni ser afrancesada o gringa o inglesa y somos muchos los lectores de novela negra en nuestro país”, expresa César.

NOVELAS POLICÍACAS O NOVELAS SOBRE POLICÍAS

“Yo siempre le digo a los editores que quiero escribir novelas policiales, pero termino escribiendo sobre policías”, dice Martín Solares, autor de No manden flores, que como diría el crítico y escritor Iván Farías, “nos lleva de la mano a territorio Zeta, sin nunca mencionar una palabra clave, narco”.

“Llegué a conclusión debido a que los escritores que manejan la novela negra dicen que lo que hago es muy literario y los que están en lo muy literario dicen que lo que hago es policial. Estoy en una especie de tierra de nadie, donde nadie respeta lo que estoy haciendo, ni siquiera yo. A lo mejor ese lugar se llama Tampico”, dice Martín.

“Las últimas novelas escritas sobre Tampico las escribió Bruno Traven, en 1930, y a partir del Tesoro de la Sierra Madre había una gran laguna que había que llenar. Para los que vivimos en Tamaulipas y nos interesaba contarlo, está el caso de Cristina Rivera Garza, de Liliana Blum, de Roberto Wong, de mí, la novela de Augusto Cruz, Londres después de medianoche, abarca Tampico y también la huasteca potosina, me encanta porque cuenta cómo vive en ese llamado baño sauna permanente, habitado por petroleros, contrabandistas, que han vivido más de tres décadas del contrabando y que hoy representan al Cártel del Golfo y Cártel de los Zetas y una versión local del priísmo que hasta hace poco llevaba ochenta años en el poder”, expresa Solares.

“Mis dos novelas son absolutos fracasos”, dice en broma Martín Solares. Foto: SinEmbargo

“Me impresionó mucho una nota roja que leí cuando era un niño, donde leí la nota sobre El Chacal, un asesino de niñas que fue tristemente celebre en los 70. A partir de eso empecé a escribir Los minutos negros, sobre el Tampico de mi infancia. Cuando escribí esa novela, quise tomarme un poco de descanso, pero regresé a México y escuché cómo se iba transformando Tamaulipas en una zona de guerra y modifiqué seriamente mi imaginación”, afirma.

“Fue entonces que escribí No manden flores, una novela sobre Tamaulipas actual, pero sobre todo el Tamaulipas del futuro, si todo sigue por la misma senda, de impunidad y corrupción, es lo que le pasará a la ciudad. Creo que es una zona donde le quiebran los nudillos a los reporteros si escriben sobre el contrabando, el lado científico de la policía es inexistente y los intereses industriales deciden la vida de toda una sociedad. Donde no se usan las palabras justicia ni ley”, dice Solares.

“La literatura más barata y más olvidable es la que cuenta todo desde el tiempo pasado. Los narradores que van a perdurar, como Yuri Herrera, como César Silva, como Augusto Cruz, como Liliana Blum, como Fernanda Melchor, que se preguntan que podría suceder o que podría haber sucedido. Están buscando otras ramas de la literatura”, concluye Martín.

EL FUTURO DE LA NOVELA NEGRA MEXICANA Y EN EL MUNDO

En medio de tantos autores mexicanos, sobresalió en el Festival Huellas del Crimen la presencia de Juvenal Acosta, sobre todo por haber publicado una trilogía (Vidas menores) en forma reciente y además porque no vive aquí, sino en los Estados Unidos.

“Hay reglas, pero yo no las sigo. Hay muchas maneras de hacer novela negra; los que hacemos novela negra ahora estamos un poco tratando de salirnos del margen, impuesto por la tradición de la novela británica y norteamericana. Los escandinavos han roto la forma y el contenido y han iniciado una nueva tradición”, dice Juvenal Acosta.

“La influencia de los escandinavos está muy presente en Latinoamérica, tenemos el caso de Leonardo Padura, Paco Ignacio Taibo II, aunque ellos siguen el modelo tradicional del detective. Estoy cansado de leer imitadores de Wallander, de que buscan reescribirlo”, afirma.

“Estoy cansada del detective”, dice Juvenal Acosta. Foto: SinEmbargo

“Mi trilogía es negra de otra manera, no es novela de detectives. Hay un crimen y una investigación, estoy más interesado en la novela psicológica, que descubrí muy joven con El Túnel, de Ernesto Sábato, con El Extranjero, de Albert Camus, no sé si comencé escribiendo una novela negra en forma consciente, pero fue lo que se abrió en ese momento”, continúa.

Fue con Terciopelo violento, donde Juvenal prueba su constancia y su mérito con la novela negra. Vivir en los Estados Unidos le ha permitido explorar la calidad de un inmigrante sofisticado, un profesor universitario, con una identidad trasnacional, que se desplaza muy libremente de un lugar a otro.

“Mi primera novela fue autobiográfica, cuando me di cuenta de eso me hice el propósito de no hacerlo otra vez. Escribo como mexicano que vive en México y tengo gran ilusión por la novela en México”.

“Vive en un avión desde San Francisco, con Stefan Kiesbye, que es un alemán que escribe en inglés –otra anomalía-, que escribe una novela muy anómala, con criaturas de horror, y nos reconocimos en un nivel de extranjería y nos convertimos en muy amenos. Estos festivales sirven también para eso”, concluyó Acosta.

Aquí soy del crimen, allá soy de horror, dice Stefan Kiesbye. Foto: SinEmbargo

Kiesbye no es un representante de la literatura alemana o estadounidense. Su novela es góticamente negra. Allí, en San Francisco, se lo ve como un escritor de horror y en ese sentido es “anómalo” para el género.

Creció leyendo a Dashiell Hammett y a Raymond Chandler y su obsesión son los personajes, como esa mujer que encontró y que había matado a nueve de sus hijos. “Era una alemana y tenía la calavera de los nueve”, cuenta Stefan.

“Normalmente escribo sobre lo que me gusta, más allá de las etiquetas y lo que me interesa de las novelas negras es que hablan de lo que pasa ahora, no les interesa lo que pasó antes”, concluyó el autor de Una puerta al infierno (Almadía)

El gran heredero de Rubem Fonseca es el brasileño Marçal Aquino, para quien el periodismo ha hecho mucho por su literatura. “Mi experiencia como periodista me permitió conocer a muchas personas, vivir grandes situaciones en San Pablo, una ciudad enorme y fue vital cuando me dediqué a escribir literatura policial”, dice el autor de El Invasor y Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios, ambos editados por Océano.

“Lo que pasa en Brasil es que tenemos muy pocos escritores de novela negra. Por supuesto, está Rubem Fonseca, pienso ahora en Luis Alfredo García Roza, Patricia Melo, pero no hay más. Son narraciones del cotidiano de las personas con una presencia muy fuerte del crimen, pero no novela negra. Hay muchos lectores del género, pero pocos escritores”, dice Aquino.

“En Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios, la historia es de amor, pero como transcurre en una de las zonas más violentas de Brasil, se acerca a la narrativa negra”, dice el autor brasileño.

La tercera edición se llevará a cabo en septiembre del año próximo. Mientras tanto a leer novela negra, que son muchas y muy variadas.