Un memorial recuerda los nombres de los integrantes de tres familias que murieron la madrugada del 9 octubre de 1997, cuando el huracán “Paulina” tocó tierra y demostró la fuerza que tiene el agua que arrastró a su pasó construcciones completas.

María, habitante de Acapulco, tardó un año en regresar a su vivienda y por un tiempo estuvo con la tranquilidad de que no pasaría nuevamente algo similar a la noche de “Paulina”, pero empezaron a ver que agua del río está socavando los muros de contención construidos cuando se amplió el cauce y los tirantes del puente están en riesgo.

En Acapulco todavía hay unas 15 mil familias que viven en zonas de alto riesgo, y de esas unas cinco mil están cerca del valle de La Sabana y con riesgo a una inundación.

Por Mariana Labastida y Aurora Harrison

Acapulco, Guerrero/Ciudad de México, 9 de octubre (El Sur/SinEmbargo).- A 20 años del paso del huracán “Paulina” algunos damnificados temen que vuelva a ocurrir una tragedia similar, mientras que otros confían en que por el ancho del río El Camarón ya no suceda.

“Son 20 años y todavía nos pega todo esto”, recordó Balbina Alvarado Sotelo con lágrimas en los ojos, mientras muestra el nivel que alcanzó la arena del río dentro de su casa ubicada en la esquina de las calles Zimapán y Acayucan, de la colonia Progreso.

En la esquina de calle Del Chica y Zimapán, un memorial recuerda los nombres de los integrantes de tres familias que murieron la madrugada del 9 octubre de 1997, cuando el huracán “Paulina” tocó tierra y demostró la fuerza que tiene el agua que arrastró a su pasó construcciones completas.

“Ahí están los que tenían dinero, a los pobres nadie los recuerda”, comentó un vecino al ver el memorial de azulejo blanco, escrito con letras azules, pues del resto de las familias que se llevó el río su recuerdo quedó reducido a la frase: “todos los que murieron por el huracán “Paulina””.

El memorial lo encabezan los nombres de los 12 integrantes de la familia Centell, que impactó por el número de decesos; después tres de la familia Gutiérrez y al último dos de la familia Pichardo.

Una calle arriba, en Río Balsas vive María y su casa está junto al cauce.

Ella recordó ese jueves de 1997 como un día “terrible, con mucha angustia”; ella quedó atrapada con otras tres personas en su casa, en el único espacio por el que no pasaba agua esperando a ser rescatados.

De las 3 de la madrugada que despertaron al oír el ruido del río, a las 10 de la mañana que fueron rescatados por marinos, vieron pasar junto a ellos carros y cosas.

María tardó un año en regresar a su vivienda y por un tiempo estuvo con la tranquilidad de que no pasaría nuevamente algo similar a la noche de “Paulina”, pero empezaron a ver que agua del río está socavando los muros de contención construidos cuando se amplió el cauce y los tirantes del puente están en riesgo.

“Han de estar esperando otra tragedia como ‘Paulina'”, dijo María al reprochar al Ayuntamiento la falta de atención a los reportes que han hecho para que revisen el estado de los muros de contención.

En la calle Acayucan, detrás de la casa de sus suegros estaba la de María Ester Cabrero Parra. Ella estaba despierta la madrugada de hace 20 años y alcanzó a salirse al ver que el agua había llegado al pasillo de su entrada principal.

“Se nos metió el agua por el lado de la calle, toda la calle Río Balsas se convirtió en río, y cuando se cayó la iglesia bloqueó el cauce y el agua buscó salida”, señaló.

María salió con su hija y su esposo a la casa de sus suegros, y de esa vivienda al ver que el agua seguía subiendo se movieron a otra de tres pisos y finalmente con una escalera se cambiaron a una más a resguardarse.

“Los carros pasaban flotando por la calle, era río, la pipa de gas, por eso nos daba el olor a gas, recordar nos hace sentir lo que vivimos”, dijo.

María no logró tener de nuevo la tranquilidad de vivir cerca del río, “ya no dormía en paz”, y en cuanto tuvieron la oportunidad de irse lo hicieron y ahora viven en la calle Sonora, lejos del cauce.

A 20 años del paso de “Paulina”, un área de la casa de Balbina Alvarado Sotelo sigue con recuerdos intactos. Ella tardó tres meses en sacar toda la arena que entró a uno de los departamentos que tiene acceso independiente de su casa. “Si quita la tapa sale arena”, dice señalando la instalación eléctrica que no volvió a funcionar.

El único apoyo que recibió fue dos semanas de pago para trabajos de limpieza que tardaron casi 10 semanas más.

Al empezar a recordar lo que vivió y mostrar el nivel que alcanzó el agua, a Balbina se le humedecen sus ojos y, aunque no quiere, escurren las lágrimas por sus mejillas que limpia rápidamente en un gesto de no mostrar el dolor que aún siente.

“Tengo la seguridad de que ya no va a pasar nada, antes era un canal ahora es un río”, dice mientras señala el cauce y la fachada de su casa, y recuerda en donde había viviendas de cuyas familias algunas supieron que vivían y de otras no.

Ángel Sánchez Salinas sigue en la misma casa de la que salió esa madrugada, antes de que entrara el agua. Aunque al principio el recuerdo era constante, encontró la tranquilidad al saber que el cauce del río fue ampliado, lo que disminuye la probabilidad de que nuevamente se desborde como lo hizo cuando el “Paulina”.

De esa madrugada sólo recuerda que estaba en la calle ayudando a sus familiares a pasarse a otra casa, cuando llegó como una ola que lo arrastró y quedó prensado entre un carro y madera en la pared de una vivienda. Luego el agua lo cubrió y su siguiente recuerdo es despertar arriba de la azotea de una vivienda. No sabe cómo lo rescataron.

En la calle Acayucan, los que vivieron el paso del “Paulina” no sólo tienen el recuerdo de lo que la naturaleza hizo con su poder, sino también de la falta de equidad para la entrega de ayuda.

Dijeron que les pagaron dos semanas para que ellos mismos limpiaran sus viviendas, que les dieron material para reconstruir pero no llegó a todos los afectados, algunos beneficiados, señalan, los vecinos no tuvieron afectaciones pero sí fueron de los seleccionados para recibir la ayuda que se destinó para las familias.

En las calles que fueron inundadas por la fuerza del río nuevamente se levantaron las viviendas, se reconstruyeron los espacios con nuevos recuerdos, entre ellos fotos de como quedó la zona luego del paso del huracán “Paulina”.

VECINOS RECUERDAN LA TRAGEDIA 

Crisanto Castañeda Castro es vecino de la colonia Generación 2000, que se ubica rumbo a la zona poniente, y recordó que hace 20 años, cuando pasó el huracán “Paulina”, el arroyo de esa zona creció y se llevó unas 25 casas cercanas a su cauce.

Actualmente son pocas las viviendas ubicadas cerca del arroyo, y la mayoría está en el cerro y las edificaciones se hicieron hacia la parte de arriba, por ello se llama Alta Generación 2000.

La colonia se ubica en la zona poniente, adelante del punto conocido como El Derrumbe, en el segundo puente que está frente a una tienda comercial. En ese asentamiento no se cuenta con agua potable ni drenaje. Las viviendas están en laderas y son de madera y lámina, otras de concreto, y unas 10 están cerca del arroyo.

Castañeda Castro recordó que “eran las 9 de la mañana y empezó a pringar, pero conforme pasaban las horas iba subiendo la intensidad del agua. En la madrugada empezó a desgajarse el cerro, se desbordó el río y se llevó las casas que se encontraban cerca del cauce pluvial”.

Dijo de ese día, 9 de octubre de 1997, lo acompañaban otros vecinos.

Señaló que no hubiera pasado ninguna desgracia si el proyecto que el gobierno pretendía llevar a cabo en la autopista se hubiera hecho bien, porque los tubos que se pusieron causaron un taponamiento y se desbordó empezó a crecer el río, “pero fue por culpa de la carretera”.

Foto del 9 de octubre de 2009 en la que el Arzobispo, Felipe Aguirre Franco y el alcalde  Manuel Anorve rindieron homenaje y colocaron una ofrenda floral a las víctimas del Huracán “Paulina” registrado el 9 de octubre de 1997. Foto: Marino D. Valdez, Cuartoscuro

“No fue culpa del aguacero, esas muertes y esa desgracia fueron por los tubos que se pusieron porque se iba a construir una carretera. Esa obra nada más se trazó, pero no se terminó el proyecto y la gente ya invadió porque el gobierno no hace nada, pero luego viene Fideicomiso y ya lo hace legal; la mayoría ya tiene escrituras”, indicó.

Castañeda Castro agregó que ocho personas fallecieron aquella ocasión, las cuales vivían cerca del cauce, y abundó que en la parte alta de la colonia hubo deslaves de tierra; “no fue tan feo como en la parte de abajo, el río se llevó una familia entera, además un señor y un niño quedaron atrapados en su casa”.

Después del “Paulina”, dijo, aunque ha llovido fuerte no ha pasado nada igual, “acaso algunos deslaves de tierra y en la calle principal, porque un tramo de unos 160 metros está sin pavimentar y es por donde pasa el arroyo”.

En tanto, el vecino Cándido Chávez, quien tiene más de 25 años viviendo en la colonia y es propietario de una tienda de abarrotes, contó que ese día “llovió todo el día y la noche, en media hora que arreció hizo un desastre muy feo”.

“Nosotros vivíamos en la parte alta y de allá se veía cómo se llevaba las casas, bajamos a auxiliar todos los que estábamos, pero ahorita somos poquitos los que vivimos eso, estuvo feo, se llevó a varias personas, algunos los encontramos y a otros no”, lamentó.

En esa ocasión, dijo, los ayudó el gobierno con maquinaria y personal, “y se encontraron primero dos personas y otras más cerca del mar, estuvo feo. Se llevó como unas 20 o 25 casas que estaban cerca del cauce pluvial”.

Cándido Chávez aseguró que la tormenta “Manuel” “no causó daños para nada, todo estuvo bien, y ahorita ha llovido fuerte pero nada, no ha habido nada que lamentar”.

Señaló que La colonia no cuenta con servicio de agua potable ni drenaje; “el agua la traemos del cerro por gravedad”, y recordó después del huracán “Paulina” la Comisión Federal de Electricidad aplicó un programa de electrificación. La última obra que se realizó en dicha colonia fue el año pasado cuando se pavimentó un tramo de la calle principal.

Actualmente el comité vecinal de la colonia junta firmas y copias de credenciales para hacer la gestión de la pavimentación de 160 metros de calle que es terracería, y para subir a ella cuentan con vehículos que hacen el servicio de ruta alimentadora.

FAMILIAS EN ZONAS DE RIESGO 

En Acapulco hay unas 15 mil familias que viven en zonas de alto riesgo, y de esas unas cinco mil están cerca del valle de La Sabana y con riesgo a una inundación, informó el coordinador de Protección Civil y Bomberos municipal, Sabás Arturo de la Rosa Camacho.

Lamentó que en otras administraciones no se dé continuidad a las acciones de protección civil, e informó que hoy lunes, que se cumplirán 20 años del paso del huracán “Paulina”, el Gobierno municipal hará algunas actividades para conmemorar esa fecha en la que el meteoro causó daños en cientos de casas y dejó decenas de muertos en la ciudad.

En los últimos años se incrementó el número de zonas de alto riesgo en la ciudad, recordó el funcionario. “Es mucho, recuerdo que en el 98, cuando se hizo un censo, eran cinco mil familias en zonas de alto riesgo, en aquel momento eran zonas de alto riesgo, y después de la tormenta tropical Manuel cambió el panorama porque son dos tipos de afectación, zonas inundables y otra es que están en zona de riesgo”.

Detalló que en el río de La Sabana hay cinco mil familias en riesgo de inundación, pero también hay otras que están en zona de menor riesgo, en total “estamos hablando de 15 mil familias y tenemos que estar muy atentos a eso”.

Justificó que antes del huracán “Paulina” los datos eran “variables” pero que eso no significa que hayan aumentado las familias, sino que en aquella época las zonas que resultaron afectadas estaban en el anfiteatro de la ciudad, colonias del centro y las partes altas, y después con Manuel fueron otras zonas; “son alrededor de 15 familias que están en zona de riesgo”.

De las colonias ubicadas en zonas de mediano y alto riesgo, indicó que entre ellas están Icacos, Palma Sola, Palma Sola Santa Cruz, Hermenegildo Galeana, María de la O, Jardín en sus tres secciones, parte alta del fraccionamiento Costa Azul, Alta Laja y Miramar, pues se encuentran en laderas o cerca de arroyos.

Sabás de la Rosa dijo que la cultura de protección civil se ha descuidado “no había continuidad en los trabajos, cuando llega un gobierno nuevo no le da seguimiento y ese es el gran problema que se tiene”.

Indicó que en este gobierno se hizo la “zonificación, censos de las viviendas, consejos ciudadanos de Protección Civil, simulacros y todas las medidas preventivas”.

Aseguró que ha habido inversiones en el área de protección civil como la compra de uniformes a trabajadores, y adelantó que se tiene planeada la construcción de “un edificio de protección”, pero no abundó más y sólo dijo que es una información que tendrá que dar a conocer el alcalde Evodio Velázquez.

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