El Cairo, 10 jun (EFE).- El Ejército sirio comenzó hoy el asalto de la localidad de Yisr al Shugur (noroeste), donde el pasado día 6 murieron 120 personas, coincidiendo con una nueva jornada de represión, en la que murieron más de 15 manifestantes, según grupos opositores.

El Ejército sirio, apoyado por tanques, comenzó hoy el asalto de Yisr al Shugur, en la provincia de Idleb, y de las poblaciones de los alrededores después de acusar a grupos terroristas sin identificar de la muerte, el pasado lunes, de 120 personas, en su mayoría militares.

Sin embargo, los grupos opositores sirios niegan la existencia de grupos armados y han sugerido que el asalto de esta zona del noroeste se debe a la deserción de varias unidades del Ejército que se han unido a los manifestantes.

Una información que no se ha podido constatar independientemente, debido al total control informativo del régimen y que se apoya, principalmente, en la aparición de varios vídeos de oficiales del Ejército sirio en el canal de televisión Al Yazira, que han anunciado su deserción y han condenado la represión contra los ciudadanos.

Unos vídeos cuya veracidad ha puesto en duda el aparato informativo del régimen.

La preparación de este ataque, que ha durado varios días, ha extendido el miedo entre los habitantes de esta zona, fronteriza con Turquía y al menos 3.000 refugiados han cruzado la frontera con el país vecino hasta hoy, según fuentes oficiales turcas.

En el asalto de Yisr al Shugur, campos de cultivo y zonas de bosque han resultado quemadas, por el Ejército según la oposición y por grupos terroristas, según la televisión siria, que se dedica a desmontar y desmentir las informaciones de la oposición o la ofrecida por otros medios, especialmente por el canal qatarí, Al Yazira.

Mientras continúa el asalto militar, decenas de miles de manifestantes volvieron a salir hoy a las calles en numerosas ciudades del país tras el rezo musulmán del mediodía para pedir la renuncia del presidente sirio, Bachar al Asad, en una nueva jornada de protestas bautizada como el “Viernes de los Clanes”.

Los manifestantes han coreado gritos como “Vete, vete” y “El pueblo quiere la caída del régimen” en ciudades como Damasco, Qamishly, en el noreste;, Deir al Zor, en el este;, Alepo y Latakia, en el noroeste;, Hama y Homs, en el centro, y Deraa en el sur, entre otras.

No obstante, la televisión estatal, que ha hecho un seguimiento continuo de la jornada, ha informado que sólo se han producido algunas concentraciones limitadas tras la oración, y ha insistido en que grupos armados en distintas poblaciones han disparado contra las fuerzas de seguridad y la población civil.

Al menos quince personas murieron hoy y varias decenas resultaron heridas por la represión de estas concentraciones, según activistas opositores y una ong siria.

La agrupación opositora siria “Sham” aseguró que cuatro manifestantes murieron en la localidad de Ariha, cerca de Yisr al Shugur (noroeste), donde irrumpieron las fuerzas del Ejército.

Esta organización denunció también en su página web de Facebook la muerte de tres personas en el barrio de Qabun, en Damasco, así como de otras dos personas en Latakia (noroeste) y otras dos en Basr al Harir, en la zona de Huran, al sur de la capital.

Por su parte, el también grupo opositor Flash habla de otra víctima en Al Sarmaniya, también cerca de Yisr al Shugur.

La ONG el Observatorio Sirio denunció por su parte la muerte de 15 personas: seis en Latakia, cinco en la provincia de Idleb, dos en el barrio damasquino de Qabun y otras dos en Basr al Harir.

Además, Sham ha asegurado que las fuerzas de seguridad han disparado desde helicópteros contra la población en la ciudad de Maarra al Neeman, situada en la provincia de Idleb, y que hay un número indeterminado de muertos y heridos.

Según la versión de la televisión estatal, varios miembros de las fuerzas de seguridad de esta población han muerto o han resultado heridos en un ataque de grupos terroristas armados contra una comisaría.

Desde que estallaron las protestas políticas, a mediados de marzo pasado, el régimen de Al Asad ha tratado de aplacarlas sin éxito mediante la fuerza y con la adopción de varias medidas liberalizadoras.

Más de mil manifestantes han fallecido como consecuencia de la represión de las protestas, que se han intensificado y extendido por todo el país, y de las que el régimen responsabiliza a grupos armados terroristas y a una conspiración internacional.