Ni abandonar la carne, ni consumir refresco light ni fiarse de las barritas nutritivas, son la clave de una buena alimentación. De acuerdo con las expertas, lo ideal es encontrar un balance y sobre todo, preferir los productos frescos sobre los procesados, aun cuando parezcan los más sanos.

Ciudad de México, 10 de noviembre (SinEmbargo).– La publicidad, los empaques y las viejas creencias pueden jugar en contra de lo que significa tener una buena alimentación.

Al tener tanta información, puede resultar complicado tomar las decisiones que beneficiarán la salud y se puede caer en afirmaciones dietéticas inexactas, falsas o con verdades a medias.

A continuación, 10 creencias que más vale analizar.

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Productos light

Las etiquetas “bajo en grasa”, “sin calorías” o “cero azúcar” pueden parecer muy atractivas pero también resultar muy engañosas.

El principal problema, de acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) es que las personas creen que al tener dicha etiqueta, tales alimentos no sólo no los engordarán, sino que adelgazan.

Por definición, los alimentos light, son aquellos cuyos componentes se han modificado, ya sea porque tienen menos hidratos de carbono, azúcares o grasas y por lo tanto su aporte calórico es menor, no así inexistente.

Por ello, con frecuencia, se consumen en exceso, con el consecuente incremento de peso, incluso mayor que si se hubieran ingerido los productos convencionales, indica la Profeco.

Otro error común es creer que por el hecho de que un producto se ostente como light, y aunque efectivamente reduzca su porcentaje calórico, no significa que éste sea bajo, tal es el caso de los chocolates, mermeladas, cajetas o miel maple, esto debido al contenido elevado de grasas saturadas y azúcares que por naturaleza poseen.

 

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Colesterol

Durante años, el colesterol se pintó como el peor enemigo de la buena salud, parecía el culpable de infartos, muertes y obesidad. Después, se supo a nivel internacional que la industria azucarera financió durante mucho tiempo estudios científicos que deslindaron al azúcar de toda culpa.

Ahora, si bien se sabe que en algunas circunstancias (sobre todo cuando se come en exceso)el colesterol puede ir hacia la sangre, acumularse en las arterias y causar un infarto, también es conocido que si está tan presente en la sangre es porque es uno de los metabolitos más importantes para el ser humano, pues interviene en la construcción de la membrana de las células, en la composición de las sales biliares, es precursor de la vitamina D, también de las hormonas sexuales así como de las corticoesteroildales y finalmente, es un importante alimento de la flora intestinal.

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Los tipos de azúcar

Aunque parezca más saludable, el azúcar moreno es tan poco recomendable como el azúcar refinado o blanco, pues ambos son fuente de calorías vacías y disruptores del metabolismo. Esto debido a que el moreno, sólo es azúcar convencional teñida con melaza, cuyo aporte en vitaminas y minerales de no compensa el daño que puede causar.

Asimismo, y aunque en los últimos años se han exagerado sus beneficios, la miel tampoco es una buena sustituta, pues está compuesta en un 18 por ciento de agua y el otro 82 por ciento de azúcares, la mayor parte de ellos glucosa y fructosa, hablando de las elaboradas de manera artesanal, pues las industriales pueden ser agua con azúcares, colorantes y compuestos aromáticos.

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Barritas saludables

Es fácil ceder ante la tentación de un comercial televisivo con jóvenes delgadas y atléticas desayunando barritas de cereal, con productos que se ostentan como “barras de trigo con rellano de fruta natural” o “barras de granola con avena y miel”, sin embargo, el número de ingredientes contenidos y su cantidad de azúcares y sodio, sobrepasa cualquier recomendación.

En sus radiografías, la organización El Poder del Consumidor analizó la línea Frutela de Nutri Grain de Kellogg’s, en la cual una sola barrita tiene 14 gramos de azúcares añadidos, lo que equivale a 2.8 cucharadas cafeteras de azúcar, principalmente jarabe de maíz de alta fructosa y jarabe de maíz, que son endulzantes con mayor impacto metabólico y provienen principalmente de maíz transgénico.

Además, contiene en total 38 ingredientes, entre los que se encuentran cuatro distintos tipos de azúcares, diferentes sales, aditivos (colorantes, saborizantes, conservadores) y almidones o espesantes.

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Jugos

Años y años de creencias, de comerciales, de falsa publicidad, de botellas atractivas con personajes carismáticos, han tenido a miles de niños y adultos creyendo que los jugos son una alternativa saludable, pero no es así.

“En el caso del jugo natural como tiene un dulzor muy elevado llega a un punto pico que el cuerpo dice ‘ya no puedo más’, él mismo alerta. Pero en el caso de las bebidas azucaradas tienen otros ingredientes que esconden el dulzor, mientras que los ácidos y las sales lo hacen adictivo, entonces el niño en lugar de rechazarlo,  pide más […] inhibes centros de saciedad, se eleva el apetito”, dijo anteriormente la nutrióloga Xaviera Cabada, a SinEmbargo.

Por su parte, los jugos naturales pueden ser una buena alternativa, pero en cantidades moderadas, pues puede tener tanto aporte calórico como uno industrializado y a diferencia de una fruta completa, aporta más calorías, menos fibra, menos saciedad y la posibilidad de excederse en vitaminas.

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Cereales

Gracias a la publicidad y producto de una tradición heredada de países desarrollados, es común que desde niños nos alimentemos con cereales, pero no naturales, si no aquellos que vienen empaquetados, con azúcar y colorantes añadidos.

Aún cuando una gran mayoría de ellos se promocionan como un desayuno saludable y que aportará la energía necesaria para empezar el día, sobre todo dirigido a niños y niñas, la realidad es que “son de los productos menos saludables por la cantidad de azúcar, sodio y colorantes que contienen, además por su falta de fibra. Por lo tanto es importante ver más allá de esta publicidad”, de acuerdo con información de la Alianza por la Salud Alimentaria.

Y no sólo se habla de Zucaritas y Froot Loops, también los que se promocionan como una alternativa saludable para incluso bajar de peso, como el Fitness Fruit de Nestlé, que con un plato estándar de se cubre el 85 por ciento de la cantidad total de azúcar diaria que puede consumir una mujer, del 106 al 141 por ciento de la cantidad máxima tolerada para un niño y el 61 por ciento de la cantidad máxima tolerable para un hombre.

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Superalimentos

Desde hace algunos años, dietistas, nutriólogos, health coaches y demás divulgadores del estilo de vida saludable, han concentrado una serie de frutas, verduras, semillas y aceites en un grupo llamado “superalimentos”, los cuales tienen como característica principal que concentran una amplia variedad de nutrientes que favorecen la salud.

No obstante, la publicidad y amplia difusión que estos alimentos han tenido no solamente los ha puesto de moda sino que ha creado una confusión entre los consumidores que pueden recurrir a ellos como una solución “mágica” para ser sanos, jóvenes y delgados, no como un complemento de una alimentación saludable y una vida activa.

“Ningún alimento por sí mismo es completo o totalmente garantizado para hacernos saludables. El único que tiene esa propiedad es la leche materna, para lactantes de cero a seis meses, fuera de eso el humano necesita una variedad de alimentos que se van complementando”, dice Fiorella Espinosa, investigadora en salud alimentaria de El Poder del Consumidor

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Dietas exclusivas

Aunque a veces parece que lo ideal es renunciar a la carne, a los carbohidratos o a las grasas, la recomendación general de los expertos es la dieta variada, balanceada y fresca.

“La recomendación siempre va a ser basar la alimentación en una dieta variada, que incluya alimentos frescos, una adecuada cantidad de verduras y frutas, que en cada comida que realice incluya por lo menos una verdura o fruta. Regresar a la leguminosas (frijoles, lentejas, habas, garbanzos) y grasas saludables. Ahora mucha comida rápida la base son harinas refinadas y grasas hidrogenadas, por ello hay que retomar los alimentos como nos los ofrece la naturaleza.

En el caso de los granos, los estamos consumiendo refinados, pero se recomienda volver a los integrales. Ahorita está de moda la quinoa, que no es del todo accesible para la gente, pero ¿por qué no regresar al maíz entero? Una forma de consumirlo es la tortilla de maíz, que luego se le cataloga como que engorda pero es un alimento completo en el sentido en el que se hace a partir de un grano que no ha sido refinado”, dice Fiorella Espinosa

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Alimentos integrales

Si bien es cierto que los granos enteros como el trigo, el maíz, el centeno, la avena, el arroz o la cebada, conservan las tres partes que los componen, es decir, el salvado, el endoespermo y el germen, y por lo tanto mantienen todas sus fibra, antioxidantes, proteínas y vitaminas, no significa que los productos que dicen ser “integrales”, sean más saludables que los comunes.

Incluso se puede decir que el pan blanco y el integral, engordan igual, ya que aportan carbohidratos en forma de almidón, que es una reserva de azúcares. La ventaja del pan integral es que además aporta fibra vegetal, procedente de la cáscara del grano y es buena para mejorar la digestión y alimenta a la flora intestinal. En términos relativos, una rebanada de pan integral sí es cierto que tiene algo menos de proporción de hidratos debido al porcentaje de fibra, pero no es una gran diferencia.

 

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Ensaladas

Lechuga, arúgula y algunos jitomatitos cherry, quizá unas tiras de pechuga de pollo y trocitos de queso feta. Ya encarrerados, agrega unos gramos de tocino y quizá unos crutones para dar sabor, y para rematar, un aderezo que termina de convertir las buenas intenciones de una saludable ensalada en una bomba de calorías.

Por ejemplo, un aderezo para ensalada Ranch, hecho a base de mayonesa, ajo y queso, aporta en una sola cucharada 73 calorías, y en 100 gramos contiene 484 calorías, de acuerdo con el sitio web FatSecret.

Este tipo de condimentos, sobre todo aquellos de consistencia cremosa, tienen la peculiaridad que se les agrega aceite, yema de huevo y almidones durante su fabricación, lo que aumenta significativmante el aporte calórico.

Espinosa apunta que las mejores opciones son los que están hechos a base de aceites vegetales y sin agregar ingredientes que los hagan cremosos, “serían aderezos lo más caseros posible, evitar los industrializados porque a estos se les agregan una numerosa cantidad de aditivos y de azúcar añadido”.

 

-Con información de ElDiario.es