“¿Puede entonces el PRI pensar en ganar la elección para la presidencia de la república el próximo año? Sí. A pesar de los números, sí, y para ello están trabajando”. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro

No pocos mexicanos, incluso analistas políticos, creen que el PRI no tiene nada que hacer en las próximas elecciones. Y es que los datos, yo usaré los de la encuesta GEA-Isa de septiembre, vistos así en frío parecerían, para usar lenguaje priista, claros, contundentes e inobjetables. A saber: el PRI es el partido con más antipatía (42 por ciento); el que tiene el voto duro en contra más fuerte (46 por ciento); con una identidad en caída (perdió cuatro puntos entre los mexicanos que se identifican con el partido al pasar de 21 a 17 por ciento en dos años) y el partido con el peor balance entre opiniones positivas y negativas (-33 por ciento). Si a eso le sumamos al Presidente de la república peor evaluado de los últimos años, con una desaprobación de 78 por ciento y una credibilidad de apenas 4 por ciento, la conclusión inmediata sería apaga y vámonos; el último cierra la puerta y paga la cuenta. ¿Puede entonces el PRI pensar en ganar la elección para la presidencia de la república el próximo año? Sí. A pesar de los números, sí, y para ello están trabajando.

La elección del 2018 puede polarizarse de dos maneras: la primera es que se plantee como un referéndum AMLO o no AMLO, y la segunda es que se defina como una elección entre PRI o no PRI. En el primer escenario, que ya hemos comentado antes, lo que pasará entre marzo y abril es que se definirá quién será el retador de Andrés Manuel: el candidato del Frente o el candidato del PRI. La disputa es quién de los dos representará al voto útil contra Andrés Manuel. Será una elección muy parecida a la de 2006. De ahí el golpeteo, que raya ya en lo burdo, al más probable candidato del Frente, Ricardo Anaya.

Si la elección es PRI o no PRI la elección será muy parecida a la del estado de México. Esto es, la apuesta del partido en el poder no será a buscar un candidato que le dé puntos, pues en realidad ninguno le aporta nada. Con una marca tan golpeada y un techo electoral tan definido, el trabajo estará en el manejo de la elección, vulgo dividir el voto opositor tanto como sea posible para que con 28 o 30 por ciento se pueda ganar. Ahí se inscriben y se actualizan las candidaturas de Margarita Zavala o “El Bronco”, independientemente de las buenas o perversas intenciones de cada uno de ellos. Golpear, merecidamente, al PT, el único aliado de Andrés Manuel en este proceso es parte de la misma estrategia. La de 2018 será una elección quirúrgica, donde cada punto vale mucho y cuesta más.

Un presidente electo con el 30 por ciento de los votos augura una catástrofe en la gobernabilidad del país. Si, por supuesto, pero cuando se trata de ganar una elección y llegar al poder créame que nadie, pero nadie, piensa en eso. Ese será un problema que resolver a partir de julio.