En México se conocen más de 500 casos de niños violados por sacerdotes católicos desde Marcial Maciel Degollado a la fecha, ante las sospechas de encubrimiento de la Iglesia y también de la justicia mexicana.

Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Alberto Athié Gallo tiene décadas denunciando casos de pederastia en la Iglesia Católica. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Ciudad de México a 11 de febrero (SinEmbargo).- Alberto Athié Gallo, ex sacerdote de la Arquidiócesis de México, no deja de luchar en contra de la pederastia en la Iglesia Católica desde 1994, cuando una víctima del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado, le contó su historia.

Rechazó ser Obispo a cambio de callarse y sorteó las presiones que, asegura, tuvo del Arzobispo Primado de México Norberto Rivera Carrera.

Exiliado en Estados Unidos, vivió de cerca el escándalo de los sacerdotes pederastas de Boston, Massachusetts, y el encubrimiento de la cúpula de la Iglesia Católica en esa zona. Luego de mucho andar y de conocer casos a nivel mundial, asegura en entrevista con SinEmbargo que México tiene  a los pederastas más crueles e importantes de la Iglesia. Todos impunes y libres, “gracias a un mecanismo protector, diseñado desde la Santa Sede, que les permite encontrar en el clero, el lugar perfecto para violar niños”.

Athié, dicen quienes son cercanos a él, ha librado en muchas ocasiones amenazas de demandas por parte de la Iglesia Católica. Gracias a él se han dado a conocer casos como el del cura Eduardo Córdova Bautista, en San Luis Potosí, quien presuntamente violó a más de 100 niños durante sus 30 años de ejercicio.

Actualmente, Athié lucha por dar a conocer el caso de Gerardo Silvestre, un cura señalado por abusar de niños indígenas en Oaxaca, gracias a que fue removido en siete ocasiones por la Iglesia. La carta de la madre de una de sus víctimas, asegura, será entregada al Papa Francisco en su visita a México.

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PROMO_PEDERASTAS

–¿Cómo se interesa en el tema de la pederastia?

–Estaba en ese tiempo dando clases en el Seminario de la Ciudad de Mexico y ejerciendo mi ministerio los fines de semana en una parroquia muy pobre de Iztapalapa. Una pareja que era muy amiga, el esposo había sido discípulo del entonces padre Juan Manuel Fernández, quien había sido en términos últimos el constructor del Colegio Irlandés y llegó a ser el Rector de la Universidad Anáhuac, la universidad de los Legionarios de Cristo. La esposa me pidió que si podía hablar con él porque se encontraba  muy enfermo en el Hospital Español. Fui a ver sin saber toda la historia que estaba detrás. En ese tiempo, 1994, el Papa acababa de reconocer al padre Maciel como ejemplo de la juventud. Le había hecho un reconocimiento público. Yo, con esa imagen de Maciel junto al Papa, me encuentro con uno de los que habían sido brazos derechos de Maciel muy enfermo, con una embolia y me cuenta  todo lo que le había hecho el padre Maciel desde que había sido niño en el seminario. Cómo había abusado de él en la enfermería. Cómo después había abusado de él varias veces en otro contexto y lo había utilizado a él para conseguirle drogas en España y dinero para la construcción de las escuelas.

–¿Cómo se decidió esta persona a hablar?

–Cuando él entra en una crisis muy grave de su vida. Él decide salirse y Maciel, primero lo convence de que no salga; le ofrece dinero, casas, coches y luego le dice: ‘Bueno si te quieres ir vete, pero si te vas y alguien sabe de lo que pasó entre nosotros, no respondo por tu vida’. Fue una amenaza de Maciel. En este contexto va y se casa con una mujer, se divorcia y termina abandonado y solo, ayudado por la hija de don Manuel Espinoza Yglesias [empresarios mexicano, dueño de Bancomer desde los años 50 hasta la nacionalización de la banca]. Cuando él me cuenta todo esto, le digo: ‘¿Me estás hablando del padre Maciel?’. Y me contesta: ‘Siempre ha tenido una doble vida, ha engañado a todos, ha sabido moverse bien en El Vaticano y con los Papas, pero es el monstruo que destrozó mi vida. Estoy a punto de morir, pero no quiero irme con este resentimiento, quisiera perdonar, pero que no quedará así’. Le dije que podría perdonar al padre Maciel y que juntos buscaríamos la justicia. El perdonó y me comprometí con él a buscar la justicia. Lo primero que me dijo fue que quería que yo celebrara la misma de cuerpo presente cuando muriera y que dijera a todos que perdonó, pero que quería justicia.

–¿Usted en la misa habló de Maciel?

–No, nada más dije: ‘Murió Juan Manuel y tiene un mensaje para ustedes. Les quiero decir que él ha perdonado, pero pide justicia’. Entonces veo unos rostros de los que estaban presentes que se ponen rojos, algunos se ponen a llorar. Al terminar la misa se me acercan y dicen: ‘entendemos el mensaje de Juan Manuel, nosotros también somos víctimas del padre Maciel’. De un caso me encuentro con ocho más. Nueve me cuentan sus vidas sin que yo les haya dicho nada de Juan Manuel y veo las coincidencias en la forma en que Maciel abusaba de ellos y luego los dividía, los separaba para que no se comunicaran. Me doy cuenta que el caso es grave. Es un hombre que era cercano al Papa, que utilizó ese espacio para promoverse como un gran misionero y santo. En ese tiempo era muy fuerte su figura y, por otro lado, tenía esta historial terrible.

–¿Qué hizo entonces?

–Yo lo que empecé a tratar de hacer era que se abriera un espacio en la institución para que se tratara ese asunto y cuando en 1997 explota en los medios de comunicación la noticia de los ex legionarios que habían hecho una entrevista larga en un periódico de Estados Unidos y habían contado sus historias ya públicamente, el Cardenal [Norberto] Rivera salió diciendo que todo era un complot, porque Salvador Guerrero, de La Jornada, le preguntó qué pensaba y le dijo que todo era mentira y le cuestionó cuánto te pagaron.

–Antes de que los ex legionarios contaran sus historias, ¿usted las conoció?, ¿usted se acercó al Cardenal?

–Me acerqué en 1997. Yo lo atendí en 1994, el murió en 1995. Del 95 a mayo del 97 yo estuve preguntando cómo se atendían estos casos adentro y siempre me dijeron que era muy difícil porque era un personaje muy importante y no se le podía tocar. ‘Lo más que puedes hacer’, me dijo un canonista fue, ‘escribe tu testimonio y llévaselo a la Arquidiócesis de México para que lo depositen en un archivo secreto que hay. Todas las diócesis tiene un archivo secreto, y cuando muera Maciel y quieran proponer su causa de beatificación, van a tener que buscar en los archivos si hay algo, que pudiera ser contrario al proceso. Ahí va aparecer tu carta y ahí valorarán si tiene o no sustento, elementos, para detener la causa del padre Maciel’.

–¿Eso es lo más que se podía hacer con un sacerdote acusado de abusar de niños?

–Sí, de un abusador serial de niños dentro de la Iglesia. Yo no conocía otros casos en este momento, si ves el contexto no había mucha información pública. Sí había información interna obviamente de muchos casos porque, ya la Iglesia en 1922 y luego en 1962 había emitido un documento interno de cómo tratar esos casos. Hay que decir que había un cúmulo de casos registrados y tenían que ver cómo resolver eso internamente para no crear escándalo. En 1997 todavía no explotaba al menos en ese nivel, a lo mejor en otros países ya empezaban a darse ciertos casos, pero en México no existían. Cuando salió en 1997 y dijo el Cardenal eso, yo dije: ‘Es mi oportunidad como sacerdote de irlo a ver y decirle que no todo es un complot. Que no todo son acusaciones falsas en contra de la Iglesia’.

–Y en ese lapso de 1995 a 1997, ¿no se supo entre los jerarcas de la Iglesia que Alberto Athié andaba preguntando y viendo ese tema?

–No, porque yo en ese momento no hablé con ningún Obispo, sólo con sacerdotes que conocía. Lo que sí te puedo decir es que cuando abordo al Cardenal le entregué una copia del periódico de Estados Unidos, no de la La Jornada, para que viera que había un testimonio, porque además estaban notariados. En Estados Unidos fueron ante un notario. Le traje esa copia y le dije: ‘Yo he atendido un caso y conozco estos ocho casos que están aquí, y le vengo a decir que hay una realidad detrás que hay que investigar’, pero no me dejó.

–¿Cuál fue la respuesta de Norberto Rivera?

–La respuesta fue muy tajante: golpeó su escritorio y me dijo: ‘Que no oíste que todo esto es un complot. No tengo nada más que decir padre Athié hasta luego’. Yo me quedé sorprendido por la actitud tan tajante y tan dura, rechazando cualquier posibilidad de comunicación, y me salí extrañado. Había un amigo común que me ayudó a tener la cita y me dijo que si me había dicho eso, quería decir que la situación estaba muy compilada adentro.

–¿Qué es lo que sucede cuando usted deja el sacerdocio y se va a Estados Unidos?

–Bueno la historia es que a partir de ese momento el Cardenal empieza a hostigarme mucho para tratar de marginarme, pero no me quedé ahí, hablé con el Nuncio Justo Muñoz. Hablando con él me dice que estos casos los lleva el Cardenal Ratzinger en Roma. Yo hago una carta pero no se la entrego en persona, intenté verlo, pero nunca pude. Se la entregué a Monseñor Talavera [quien fuera titular por varios años de la Diócesis de Coatzacoalcos]. Al leer mi carta Ratzinger dice que el caso del padre Maciel no se puede abrir, porque era una persona muy querida del Santo Padre y había hecho mucho bien a la Iglesia. Que no era prudente. Entonces yo me pregunté si estamos en una institución que maneja afuera un discurso crítico, duro, tirando dictadores, y por otro lado adentro, dice a quién sí y a quién no. Entonces la presión para callarme y que no tocara ese tema fue tan fuerte, que me tuve que ir de México.

–¿Cómo lo presionaron? ¿Lo amenazaron?

–Primero el Cardenal trató de sacarme de todos mis trabajos en el episcopado. Aquí me dicen los sacerdotes que a lo mejor me sacan del episcopado, porque me iban hacer Obispo y eso no se puede decir, porque es secreto pontificio. Te remueven, para promoverte, el dilema que tienes que interpretar siempre: te están llevando para allá, porque te van a promover o remover. Yo dije me están removiendo, porque yo estoy trabajando porque este tema se abra. El Cardenal me cita y me dice: ‘Tu como siempre entendiendo mal las cosas. Yo sé que hay obispos que te quieren hacer Obispo, pero a mi la Santa Sede me dijo que si yo no te hago Obispo, no te harán Obispo. Entonces antes, te voy a dar un cargo bajo mi autoridad y vas hacer sólo lo que yo quiera, y nada más. Si lo haces te hago Obispo, si no lo haces, no te hago’.

–¿Fue un chantaje? ¿Te hago Obispo, si te callas?

–Exactamente. Le dije no voy a obedecer. Ahorita tomaré un tiempo para pensar. Me retiro de la reunión y le llamo a Talavera. Me dice que obedezca y deje todo en manos de Dios. Y dije no lo voy hacer. No es cuestión de dejar las cosas en manos de Dios. Aquí lo que está en juego son niños que fueron abusados, que han luchado porque se les haga caso, y nunca en la vida, en 40 años, los han escuchado. No estoy de acuerdo. Fui a ver a Roma a ver a un Cardenal, regresando me habla el Cardenal Norberto y me dice: ‘Obedeces o te me vas de aquí, te doy una semana para que te vayas’. Encontré un sabático en Estados Unidos. Allá me encuentro con la noticia de que no es sólo un pederasta en México, protegido por el Papa y la Santa Sede, protegido por el Cardenal, por los medios pagados. Llego a Estados Unidos y revienta el caso de Boston. Yo estaba en Chicago en 2001.

–¿Qué porcentaje de los sacerdotes son pederastas?

–La Iglesia no va hacer estudios de eso, porque lo niega, porque no puede haber este tipo de acciones pecaminosas entre los miembros de la Iglesia, entonces no puede ser. La realidad no existe, es una negación brutal.

–¿Cuántos sacerdotes pederastas habrá a nivel mundial?

–Nada más la Santa Sede ha reconocido que ha atendido 4 mil casos en el mundo. De esos casos solo reconoce 400, el 10 por ciento, a los demás le llama ‘efebofilia’, que es la atracción homosexual entre adolescentes. ¿Cuál es el otro adolescente? ¿El padre? ¿El sacerdote?; hay una manipulación de la información al interior de la Santa Sede, pero ya reconocieron 4 mil casos, que entraron por acusaciones de abuso, pero ellos reconocen 400, como el caso de Gerardo Silvestre [señalado de abusar de 100 niños en Oaxaca y otros lugares], lo declararon inocente. Aquí está detenido y hay familias que lo acusaron. En Estados Unidos me encuentro que la Iglesia había pagado mas de mil millones de dólares en arreglos extrajudiciales para no ir a juicio y arreglarse con las familias antes. De manera que reconocían el daño, pero pedían el silencio para pagar. Detrás de eso había más de 3 mil casos de abuso sexual reconocidos, más de 500 sacerdotes sólo de Estados Unidos implicados y dije: ‘Aquí el problema no es de individuos perversos solamente. Aquí es de individuos con tendencias perversas, que están siendo protegidos institucionalmente’. Investigo y me encuentro con un documento de 1962 que habla que hay que evitar el escándalo a toda costa, entonces la finalidad es proteger la imagen de la institución.

–¿Cuántos papas han tenido en sus manos este tema de la pederastia?

–En 1922 con Pío XI es el primero que redacta un documento para tratar el tema en esa materia. En 1962 con Juan XXIII,  es cuando el documento adquiere ya una fisonomía mucho más clara y un protocolo más definido de acción. Luego Juan Pablo II con un documento sobre la sacralidad de los sacramentos en 2001 y luego, a partir de ahí él determina que todos los casos, porque antes cada Obispo llevaba el caso y lo trataba de manejar en su diócesis, él decide que se lleven en la Santa Sede. Eso significa que un sacerdote detectado por la Iglesia por acusaciones de los padres [de los niños], se abre un expediente local, escuchan a los padres, pero nunca entrevistan a las víctimas.

–¿No hablan con los niños?

–No, están abusando de niños y no saben qué daño les hacen. Esto lo sabe Francisco que habló con víctimas que llevan más de 30 años o 40 años de haber sido abusadas. Así ocurrió en Oaxaca: el Arzobispo abrió su investigación, más no quiso tratar con los niños. Llegó otro Obispo de Puebla y no habla con los niños. Abre su investigación y mientras la abre, el sacerdote sigue en funciones y como ya se creó un problema hay que cambiarlo. Hasta que no interviene la autoridad civil. Ellos van a llevarlo así durante todo el tiempo que sea posible y tratan de que la información no salga de su control, que las víctimas queden marginadas y guarden silencio, y que el sacerdote se quede en su ministerio, hasta que ya no sea posible.

–¿Esto de que los cambian de diócesis?

–A Gerardo Silvestre lo cambiaron siete veces. Y lo hicieron hasta decano de una zona.

–¿En los lugares a donde fue cambiado, estuvo abusando de niños?

–Claro. Es delicado porque son comunidades indígenas. Tienen un conflicto religioso muy grande, sienten que es traicionar la fe, pero por otro lado ven el daño a los hijos. Es un conflicto moral, de identidad religiosa. A mí me tocaron muchas familias así: como denunciar al padre, cuando era amigo de la casa, era de la familia, vivía en la intimidad de nosotros.

EL PATRÓN DE CONDUCTA

Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

La Iglesia es el espacio oportuno para cometer actos en contra de menores, aseguró el ex sacerdote. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

–¿Cómo es el modus operandi de los curas pederastas? ¿Hay diferencias?

–El patrón de conducta de los individuos, de las autoridades civiles y la Santa Sede, es casi homogéneo: el depredador encuentra un espacio de oportunidad en la Iglesia, para abusar, precisamente porque la Iglesia va a actuar no protegiendo a los niños y buscando contener al agresor. La Iglesia va a buscar descalificar a las víctimas y a sus familias y crear un espacio de protección para el agresor. Lo hace regañándolo, mandándolo a retiros espirituales, a terapia en sus centros que tiene la Iglesia. Y una vez que estas personas confiesan que ya se arrepintieron, que ya no lo van a volver hacer, con la confirmación de que recibieron un tratamiento, regresan al ministerio bajo secreto. No es que la institución diga: ‘Oiga, tenemos un sacerdote con estas tendencias, cuiden a sus niños’. Lo mandan a otra parroquia, diócesis y país esperando que el sacerdote haya garantizado su no repetición, cuando es falso.

–¿Ni siquiera informan a las diócesis a donde los envían?

–No, hasta que llega un momento que la acumulación de casos es tan grave. Lo de San Luis Potosí es así exactamente, cuando yo salí a los medios dice el Procurador que no tiene un solo caso de denuncia.

–¿Cuántos casos calcula que hay en México?

–Al Padre Maciel se le calculan más de 100 durante su vida. En ese periodo de vida se tienen casos no sólo mexicanos, también españoles e irlandeses. De esos casos, como siempre pasa, sólo unos casos se atreven a denunciar. En cuanto a Nicolás Aguilar, abusa aquí, luego se va a Los Angeles y abusa de 30 niños; hay más de 100 casos de abuso de él. Del padre Córdova, apoderado de la diócesis, son más de 100 casos y ahora Gerardo Silvestre, al que se le atribuyen más de 100 casos. Nosotros tenemos a los pederastas seriales más crueles y más importantes de toda la pederastia eclesial en el mundo.

–¿Tenemos a los más importantes en México?

–Tenemos el caso del padre Lawrence Murphy en los Estados Unidos, que abusó de 200 niños sordos, una tragedia horrible y que el Cardenal Ratzinger conocía, pero aún así no suspendió al padre, porque Murphy le escribió una carta pidiéndole morir como sacerdote, porque estaba muy enfermo. Lo dejaron en el ministerio después de haber abusado de 200 niños. Un sacerdote que muere sacerdote porque se lo pidió al Cardenal Ratzinger.

–Gerardo Silvestre está en la cárcel…

–Sí pero por un delito menor. Sólo un caso denunció, no los 100.

–¿Y porqué aquí la Iglesia no lo sacó de Oaxaca?

–Porque no lo alcanzaron a saber, si hubieran sabido, los sacan.

–¿No hay movimientos de la Iglesia para sacarlo, para que se los entreguen?

–No hay, pero sabemos que el Arzobispo lo ha ido a ver a la cárcel, pidió que le dieran un teléfono celular para que pudiera comunicarse desde la cárcel. Además algo pasó que permiten que haya niños que entren para  acompañarlo a celebrar.

–¿Pero cómo se entera Alberto de que le llevan niños a este hombre?

–La gente de Oaxaca me lo está diciendo.

–¿Quién los lleva?

–Como el padre está en proceso de sentencia, está acusado pero no está sentenciado. La gente me lo está diciendo.

–Si bien la Iglesia hace todo lo posible por ocultar los casos de pederastia al interior, ¿cómo se le permite hacerlo? La autoridad civil que es la policía, nuestro sistema de justicia…

–Hay una cultura, la Iglesia logró posicionarse mucho más en países como los nuestros en México. En el caso de Jesús Romero Colín, vas a ver en las actas ministeriales que al sacerdote no se le puede llamar a declarar, porque son personas públicas, como si tuvieran fuero. Hay que hablar de complicidad entre autoridades civiles y religiosas. Es la otra parte de la medalla. Hay una complicidad entre la Iglesia que no quiere que se sepa y la autoridad civil da oportunidad de que el padre Gerardo esté sin sentencia, por ejemplo.

–¿Qué está obligado a hacer el Papa Francisco?

–La pederastia sigue vigente porque Francisco no hace los cambios que tiene que hacer para que esto deje de suceder, solo él lo puede hacer. El mecanismo institucional del que te hablé, fue diseñado por la Santa Sede, autorizado por los papas, desde Pío Xl hasta Francisco que abrió un nuevo tribunal para juzgar a los encubridores, es juez y parte, ellos mandan el procedimiento, pero no toca el mecanismos encubridor, no termina con él, lo van tratando de mejorar en el tiempo. Es el primer Papa que recibe las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño [de la Organización de las Naciones Unidas] como ningún otro Papa lo recibió, no sólo no hizo caso, desacreditó el informe. Este Papa tiene un doble discurso: lo magnífico de sus expresiones ‘los pederastas son antropófagos, es como si celebraran misas negras, no toleraré, cero tolerancia a la pederastia’. Es sólo discurso, vamos a los hechos.

–¿Cómo se puede destruir este mecanismo de protección?

–Tiene que terminar con esa normativa, con el procedimiento y abrir los procesos para que las autoridades civiles investiguen.

–Es decir, se enteran de que un cura está violando niños y se lo entregan a las autoridades sin meter las manos.

–Sí, pueden nombrarle un abogado si quieren. No proteger en nada.

–¿Tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata?

–Yo te diría que el que jala la pata, en este caso, tiene mucha más responsabilidad que el que mata la vaca, en este caso que el que abusa de los niños.

–¿Cree que Francisco tenga la voluntad de hacer esto?

–Hasta ahorita no. No la tiene.


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