Trump se declara en contra de las medidas que protegen el ambiente y la salud y que afectan los intereses económicos, se declara contra la propia Agencia de Protección Ambiental y los Institutos de Salud de los Estados Unidos. Foto: AP.

Trump declaró en su campaña que limpiaría las cloacas de la Casa Blanca, refiriéndose a los cabilderos y todos los intereses que estaban influyendo e interfiriendo buena parte de la política estadounidense. Al contrario de lo que prometió, de las cloacas de la Casa Blanca brota la mierda como nunca, como nunca los poderes de las grandes corporaciones se imponen por encima de los intereses de la gente y de las futuras generaciones. Trump se declara en contra de las medidas que protegen el ambiente y la salud y que afectan los intereses económicos, se declara contra la propia Agencia de Protección Ambiental y los Institutos de Salud de los Estados Unidos. En unos pocos meses, comienza la destrucción de instituciones que tardaron generaciones en edificarse.

Lo hemos visto rodeado de mineros del carbón anunciando que tiraba al cesto de la basura el Acuerdo de Paris frente al cambio climático y lo vemos ahora, ir contra la salud de los propios niños estadounidenses al darle, ni nada más ni nada menos, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) a una aliada de Coca Cola, en el país que tiene la mayor incidencia de obesidad infantil, de acuerdo a un artículo científico publicado recientemente en el New England Journal of Medicine.

El nombramiento de Brenda Fitzgerald al frente del CDC se vuelve otra afrenta contra la salud pública en los Estados Unidos, una salud pública que va de mal en peor. A la expulsión de los servicios de salud de millones de estadounidenses pobres, como consecuencia de la guerra de Trump y los republicanos contra el Obamacare, ahora se suma la entrega del CDC a una aliada de las empresas refresqueras.  Ante la designación, Rhona Applebaum, directora de la oficina de Ciencia y Salud de Coca Cola, de manera inmediata, aplaudió el nombramiento en su cuenta de tweet: “Es una elección excelente”.

Brenda Fitzgerald, como funcionaria en el Estado de Georgia, al lado de su Gobernador, Nathan Deal, lanzó la campaña Shape, para combatir la obesidad infantil en ese Estado que tiene uno de los mayores índices de incidencia de obesidad en los Estados Unidos. La campaña Shape fue diseñada y patrocinada por la empresa Coca Cola. Su enfoqué, como el de la refresquera, se dirige a promover la actividad física, dejando de lado cualquier acción dirigida a bajar el consumo de bebidas azucaradas.

Como la iniciativa Global Energy Balance (GEB), patrocinada también por Coca Cola, el programa Shape que promovió Fitzgerald se enfoca en decir que el problema de la obesidad es un asunto de responsabilidad personal, y tiene que ver únicamente con un desbalance entre lo que se consume y lo que se gasta de energía, y no en el tipo de productos que se consumen. La iniciativa GEB dirigida por un grupo de investigadores que se presentaban como independientes, desapareció cuando se conoció que el financiamiento venía de la refresquera. Los documentos internos demostraban que GEB se establecía bajo el acuerdo previó de que los investigadores exculparían a las bebidas azucaradas como causa de la epidemia de obesidad, a pesar que estas bebidas son la principal fuente de azúcares añadidos en la dieta de los estadounidenses. El escándalo público de la iniciativa GEB lo desataron una serie de artículos en el New York Times y otros medios que se convirtieron en un escándalo para la empresa refresquera.

Frente al escándalo provocado por la iniciativa GEB, el propio CEO de Coca Cola global, Muhtar Kent, anunció que se publicaría la lista de organismos que Coca Cola estaba financiando, donde aparecieron, posteriormente, diversas sociedades médicas, profesionistas, organizaciones de minorías, es decir, actores sociales que en algún momento podrían enfrentar los intereses de la empresa pero que a través de los financiamientos eran neutralizados. Cuando se publicó la lista, se informó que varios beneficiados no autorizaron que se dieran a conocer sus nombres.

El propio Muhtar Kent participó al lado de Fitzgerald y el Gobernador del estado de Georgia promoviendo la inciativa Shape que había recibido patrocinio de Coca Cola. La liga entre Coca Cola, Shape y Fitzgerald se hace más evidente al considerar que Clyde Tuggle que dirigía las acciones de cabildeo de la empresa refresquera, fue seleccionado al consejo asesor para evaluar la estrategia antiobesidad del propio estado de Georgia. Algo similar a lo que ha hecho la Secretaría de Salud en México al crear el Observatorio Mexicano de Enfermedades No Transmisibles (OMENT) con miembros de la propia industria de bebidas y alimentos, encargados de evaluar la propia política que les puede afectar.

Brenda Fitzgerald es muy bien estimada por Coca Cola, es una buena aliada para los intereses de la empresa, aunque contraria a las políticas de la salud pública que los organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, recomiendan para bajar el consumo de bebidas azucaradas. Su postura es contraria a los funcionarios, profesionales e instituciones enfocadas en la salud pública en los Estados Unidos que están promoviendo, como medida estratégica básica para combatir la epidemia de obesidad, diversas políticas públicas para reducir el consumo de las bebidas azucaradas, especialmente las medidas fiscales.

La evidencia en el mundo y, de manera especial, en los Estados Unidos, tanto epidemiológica como clínica, muestra claramente que el nivel actual de consumo de bebidas azucaradas en países como Estados Unidos y México se relaciona con la epidemia de obesidad y sus consecuencias: la diabetes, las enfermedades del riñón, las enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer e hipertensión.

La directora del CDC se pone del lado de la industria de bebidas azucaradas que ha gastado 61 millones de dólares en campañas dentro de los Estados Unidos enfocadas a bloquear las políticas públicas dirigidas a reducir el consumo de las bebidas azucaradas, especialmente los impuestos. A pesar de ello, en los últimos años, cinco ciudades estadounidenses han aprobado esta medida fiscal. Mientras, en un par de años el impuesto ha avanzado a escala internaciona:l en Portugal, el Reino Unido, en el estado de Kerala en la India y en Cataluña, se ha aprobado poner un impuesto a estas bebidas.

Con la expulsión de millones de pobres estadounidenses del sistema de salud, con los ataques que Trump ha realizado a los Institutos de Salud y con la entrada de una aliada de las refresqueras al frente del CDC, uno más de los indicadores de bienestar social de los Estados Unidos continuara descendiendo aceleradamente. Los más pobres, los hispanos y los afroamericanos, serán los que más sufrirán los daños de una ausencia de política públicas que combata el consumo de estas bebidas y su falta de acceso al sistema de salud.

Sin embargo, afortunadamente existe una fuerte resistencia en diversos Estados de la Unión Americana, en diversas ciudades que defienden la salud pública, en las cuáles se están implementando muy diversas políticas para modificar el ambiente obesogénico: llevando alimentos saludables a las escuelas, conectando a las escuelas y los estudiantes con los productores locales, sacando las bebidas azucaradas de las escuelas y los edificios públicos, estableciendo impuestos a estos productos, instalando fuentes de agua potable en espacios públicos, realizando campañas efectivas de educación en alimentación saludable, entre otras medidas.