No hay horizonte, ni dirección, si en cambio continúas rupturas y violencia creciente. Foto: Especial.

Para  Alberto Athié, infatigable en el camino de la justicia.

 

La vida pública de México esta desarticulada y va a costar tiempo y trabajo rehacerla.

La clase política fragmentada, que se sabe vulnerable ante el caos que comienza a dominar en el quehacer cotidiano de los asuntos políticos, lucha por su sobrevivencia.

No hay horizonte, ni dirección, si en cambio continúas rupturas y violencia creciente. Las elecciones expresan una gran ambigüedad, entre convertirse en un desgastado distractor o en la oportunidad de reordenar todo el escenario nacional, lo que implica necesariamente grandes sacrificios que muy pocos están dispuestos a asumir.

Las alianzas y demás frentes pretenden ignorar lo fundamental: asumir el estado de emergencia en el que se encuentra el país y que obliga a hacer una profunda limpia en todas las fuerzas políticas para sacudirse el crimen que las cercena.

Política y crimen en nuestro país se han vuelto inseparables, son la ecuación de una democracia fallida. Resolver eso es el primer paso para impulsar cualquier frente político o alianza o coalición. No obstante se pretende obviar todo ello, y reducir la impunidad y la corrupción a escándalos mediáticos de temporadas electorales y elegir algún candidato que por arte de magia extinga la criminalidad sistémica que afecta a sustratos importantes de las instituciones políticas, de justicia, económicas y de seguridad.

Los tiempos electorales van estar sometidos a una gran presión social debido a esta descomposición pública, que advierte ya de una insurgencia cívica que comienza a emerger en diferentes lugares y de diversas formas.

La ejemplar lucha de Alberto Athié y quienes lo acompañan, es una señal de la capacidad de organización de los ciudadanos, que como él, han vencido el miedo, la amenaza, la diatriba y se enfrentan a la cúspide de la élite que representan ciertos sectores del clero católico, mismos que han tejido una red de intereses con grupos económicos y políticos poderosos.

El surgimiento en San Luis Potosí del Frente Ciudadano contra la Corrupción que puso en evidencia la estructura criminal de los “moches y chantajes” como una pretendida normalidad al ejercer los cargos de representación popular; es otro ejemplo de las acciones ciudadanas que se expresan a lo largo y ancho del aún territorio nacional.

Las movilizaciones de la nación Zoque para evitar el despojo de sus tierras en aras de la venta de los recursos energéticos del país, expresan otros ángulos y rostros de este ánimo nacional que está más allá de las apuestas electorales y advierte de definiciones  más profundas que habrá que asumir.

La erosión del entramado social es grave y amenazante, ha herido a millones de familias y el dolor es profundo. No hay negociación política posible sin justicia y ello implica replantear desde sus raíces el sistema político en conjunto.

El Estado Nacional ya no está como lo conocíamos, atravesamos un periodo de mutación sociológica, caracterizado entre otras cosas, por la globalización tecnológica y la hegemonía de una fugacidad alimentada por la obesidad del poder del dinero, que carcome los cimientos de la política. Ojala tengamos todavía capacidad de entendernos.