El líder de El juguete rabioso y quien ha sacado recientemente un disco en solitario elige sus libros favoritos. Además de un compositor de música bastante conocido, también ha ganado premios en poesía, una afición que no cesa y lo acompaña a diario.

Ciudad de México, 12 de agosto (SinEmbargo).- Gracias por la invitación al juego de los 10 libros favoritos. ¡Lo duro del juego es lo que uno deja afuera! No hay criterio posible para mitigar esa injusticia, así que pienso instintivamente en diez títulos evocando el impacto que me produjeron en su primera lectura y la capacidad que han tenido de quedarse retumbando en mi memoria. Soy respetuoso de la regla propuesta: se pregunta por libros, no por obras literarias aisladas. Así quedan afuera poemas o cuentos maravillosos, que por sí solos merecerían escoger al libro que las contiene.

Iluminaciones, de Arthur Rimbaud

Fue el primer libro de poesía que compré y leí por iniciativa propia. No porque me lo ordenaban en la escuela. Recibí entonces a la poesía como exaltación. Me abrió el cerebro con imágenes prodigiosas. No creo haberlo entendido pero me llenó de palabras y paisajes que me invitaron a buscar con avidez otros mundos poéticos.

Veinte años después, de Alexandre Dumas

Dumas es parte de la identidad de mi familia; heredo el amor de mis abuelos y mis padres por él. Su exaltación del honor y la amistad me marcan hasta el día de hoy. Si bien las otras dos novelas de la zaga de los mosqueteros deberían estar. en esta lista, “Veinte años después” me cautivó particularmente. Con escenas inolvidables. Allí se expresa también el Dumas afecto a lo tenebroso. El capítulo donde los cuatro viejos amigos están a punto de cruzar sus espadas y solo la voz superior de Athos los detiene (personaje sin igual), todavía me emociona.

El Conde de Montecristo, de Alexandre Dumas

Otra vez Dumas. No hay novela que se lea con mayor fervor que esta. Dumas se esconde bajo el disfraz del autor de aventuras, pero nada de liviano tiene.

Farenheit 451, de Ray Bradbury

Mi autor preferido, que en realidad se comería esta lista si yo fuera del todo honesto. Poeta disfrazado de cuentista; gigante a la altura de Dos Passos, Twain, Wolfe y tantos otros compatriotas que le quitaron el rol de “gran autor” gracias al prejuicio de los que lo consideraron un “escritor de ciencia ficción”. Esta novela está hecha de infancia, evocaciones, pesadillas. Yo encontré en ella mis propios terrores y sueños. Si yo fuera un hombre-libro como los personajes de Farenheit 451 sería un libro de Bradbury.

La metamorfosis, de Franz Kafka

Este cuento largo de Kafka es el máximo exponente de un tema que me fascina pero que muy pocos pueden tratar con ingenio: la autocompasión. Escritor magnético, misterioso y susceptible. Me identifico con la soledad de Gregorio Samsa y su alejamiento de los humanos.

Sombras de antepasados olvidados, de Carl Sagan y Ann Druyan

Este libro se pregunta si la raza humana tiene escapatoria al propio problema que se ha creado. Sondea en nuestra historia como especie y ese camino le sirve de excusa a Sagan, que fue el gran divulgador científico del siglo XX, para hacer un viaje fascinante por la historia de la vida. Nunca una lectura filosófica-científica me ha entusiasmado y enriquecido como esta.

El lobo estepario, de Hermann Hesse

De joven me cautivó Demian, de Hesse, y leí ya de grande El lobo estepario. Demian (que como “El gran Meaulnes” de Fournier nos habla de esa frontera extraña que separa al niño del adulto) también debería estar en esta lista. La melancolía de la lucidez, esa es la frase que se me ocurre para describir a El lobo estepario. Solo la combinación de sensibilidad e inteligencia puede producir una obra así (final fallido o no); profunda, terrible y a la vez amorosa.

El idiota, de Fyodor Dostoyevsky

Esta novela es una reducción al absurdo (algo que siempre me fascina). El personaje no puede existir, es una psicología que en sí representa una gran provocación moral. Poner un alma de esa pureza en el mundo es un juego casi morboso. Yo siempre me busco en el “Idiota”.

El que acecha en el umbral, de H.P. Lovecraft y August Derleth

Lovecraft: otro de mis autores preferidos. Esta novela (editada y terminada por August Derleth) contiene lo que más me gusta de Lovecraft: su capacidad de generar atmósferas, paisajes perdidos, escenografías que nos transportan a una región fascinante. Los primeros capítulos, donde se nota su mano, son un mapa en metáforas para llegar al mundo de los sueños, lo que hacía tan bien una de las mayores influencias de Lovecraft: Lord Dunsany.

Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar (traducción de Cortázar)

Un gran poema, más que una novela, un repaso desde la mirada de la vejez a los esplendores de la vida, y sus traiciones también y las cicatrices de haber enfrentado y sentido este paso por la casualidad tan intensamente.

Termino la lista y constato con vergüenza que no hay un solo título latinoamericano o por lo menos en español. Por no dejar hago una lista alternativa: 1) El rayo que no cesa / Miguel Hernández; 2) Pedro Páramo / Juan Rulfo; 3) Las uvas y el viento / Pablo Neruda 4) El libro de arena / Jorge Luis Borges / 5) Cien años de soledad / Gabriel García Márquez / 6) El Ciervo / León Felipe; 7) La memoria en donde ardía / Miguel Bonasso; 8) Rayuela / Julio Cortázar; 9) Los heraldos negros / César Vallejo; 10) Los últimos soles / Enrique Molina