Mientras el Titanic se hundía y las mujeres y los niños abordaban los botes salvavidas los chelistas y violinistas de la banda musical del barco permanecieron y tocaron. Murieron cuando éste se hundió. Los hombres permanecieron en cubierta fumando puros, también fallecieron. Este comportamiento dejó perplejos a los economistas a quien les gusta pensar que la gente tiende a actuar de acuerdo a sus intereses personales.
“No hubo empujones y alboroto”, dice David Savage un economista de la Universidad de Queensland en Australia quien ha estudiado los testimonios de los sobrevivientes. “Se trataba de un comportamiento ordenado, muy ordenado”.
Savage ha comparado el comportamiento de los pasajeros del Titanic con los de Lusitania, otro barco que se hundió cercano a esas fechas. Pero cuando éste sucumbió los pasajeros entraron en pánico. Existieron muchas similitudes entre ambos eventos, ambas naves eran cruceros de lujo, y tuvieron un número similar de pasajeros y un número igual de sobrevivientes.
La gran diferencia concluye Savage, fue el tiempo. Mientras el Lusitania se hundió en menos de 20 minutos, al Titanic le tomó dos horas y media.
“Si tienes un evento que dura dos horas y media, el orden social se hará cargo y todos se comportarán de una manera civilizada”, explica Savage. “Si te hundes en menos de 17 minutos, básicamente todo es instinto”. En el Titanic imperó al principio el orden social y fue mujeres y niños primero. En el Lusitania, insisto “se impuso el instinto, los sobrevivientes eran en su mayoría quienes pudieron nadar y llegar a los botes salvavidas.
“Si somos egoístas”, dice Savage. Pero también somos parte de una sociedad, si tenemos tiempo, las convenciones sociales se imponen nuestro natural individualismo.
Hace 100 años, mujeres y niños siempre tenía prioridad. Los hombres eran estoicos. En el Titanic, hubo suficiente tiempo para que estas normas pudieran reafirmarse. Savage cuenta la historia de un hombre que sobrevivió al naufragio. Esperó a que las mujeres y los niños subieran a los botes salvavidas, con el bote a punto de hundirse había otro cercano a él con un asiento libre, la gente a bordo de él le pidió que se subiera, y renuentemente lo hizo.
Cuando regresó a casa, dice Savage fue visto como un cobarde, fue ridiculizado por la prensa y por todo el país, por el resto de su vida.
Una de tantas historias del Titanic, fueron las de “Louis y Lola” que en realidad eran Michel y Edmon Navratil, de 4 y 2 años de edad. Fueron conocidos como los huérfanos del Titanic, los únicos niños rescatados sin un padre o tutor. Tras el choque del barco su padre colocó a Michel y Edmon en el último bote salvavidas que partió con éxito de la nave. Michel posteriormente dijo recordar a su padre diciéndole “Hijo mío, cuando su madre venga por ti, como seguramente lo hará, dile que la quise mucho y aún lo hago. Dile que yo esperaba que nos siguiera para que todos pudiéramos vivir juntos en la paz y libertad del nuevo mundo”.
“M. Navratil, murió durante el hundimiento, ya que los niños eran tan pequeños y no hablaban inglés, no pudieron identificarse. Una pasajera de habla francesa de primera clase llamada Margaret Hays cuidó de los niños en casa hasta que su madre, Marcel pudo ser localizada. Este hecho dio como resultado decenas de artículos periodísticos con sus fotografías. Marcel zarpó hacia la ciudad de Nueva York y se reunió con sus hijos el 16 de mayo de 1912.
Durante la II Guerra Mundial, Edmon peleó con la armada francesa, fue capturado y hecho prisionero de guerra. Logró escapar del campamento donde se encontraba cautivo, pero su precaria salud provocó su muerte a los 43 años de edad.
Por su parte, Michel, el hermano mayor, fue profesor de filosofía y murió en Montpellier, en el 2001 a los 92 años de edad. Michel viajó a Wilmington, Delaware para conmemorar el 75 aniversario del hundimiento, su primer visita a los Estados Unidos desde 1912. En 1996, Michel junto con otros supervivientes viajaron en un crucero hacia la ubicación del naufragio, donde se hicieron intentos para lograr sacar parte del casco de la nave a la superficie. La hija de éste escribió un libro Los niños del Titanic, sobre las experiencias de su padre, tío y abuelo.

Fuentes: retronaut.com y npr books.