Atenas, 14 jun (EFE).- Una nueva emisión de Letras del Tesoro griego logró recaudar hoy 1.625 millones de euros, a un interés algo más elevado que el de la anterior colocación, pese a que la agencia Standard & Poor’s hundió el lunes la calificación de la deuda griega a niveles cercanos a la quiebra.

Las demanda de la letras a seis meses subastadas hoy fue 2,58 veces superior al volumen ofertado, aunque los intereses que Grecia tendrá que pagar subieron hasta el 4,96 por ciento, frente al 4,88 de la última emisión, en mayo.

Pero más aún que la rentabilidad aumentó la permuta de incumplimiento crediticio (CDS en siglas inglesas) de Grecia a cinco años, un instrumento financiero para asegurar el pago de la deuda, que se disparó hasta los 1.600 puntos básicos.

Igualmente, el diferencial del bono griego a diez años, respecto al referente alemán, llegó hasta los 1.437 puntos básicos, con un aumento diario de 35,8 puntos.

Con todo, la Bolsa de Atenas terminó la jornada con unas ganancias del 1,16 por ciento respecto a ayer.

El economista griego Alekos Lidorikis dijo a Efe que “el riesgo no es tan grande considerando que las letras son a corto plazo” y destacó lo atractivo de la alta rentabilidad.

De hecho, casi el 40 por ciento de los bonos fueron adquiridos por inversores extranjeros, un porcentaje superior al de la última emisión.

La subasta de letras coincide con el anuncio por parte del Gobierno de que el Parlamento tramitará en los próximos días la prórroga para devolver los 80.000 millones de euros que la Eurozona aportó al rescate internacional aprobado hace un año junto al Fondo Monetario Internacional (FMI).

El reintegro del crédito, que hasta ahora estaba previsto hasta 2014, se extenderá hasta 2017, según los datos aportados por el ministerio, mientras que el tipo de interés medio baja en un punto porcentual, hasta el 4 por ciento.

Además, los ministros de Finanzas de la Eurozona mantienen hoy en Bruselas una reunión extraordinaria para consensuar una solución a la crisis griega y la posibilidad de una segunda inyección de ayuda, que podría llegar hasta los 90.000 millones de euros.

Mientras en los despachos se discute cómo dar más ayudas a Grecia, en las calles del país mediterráneo se suceden las protestas contra las medidas de austeridad impuestas por la UE y el FMI para conceder esos préstamos.

Los principales sindicatos han convocado para mañana la tercera huelga general del año, para denunciar el último paquete de ahorro con el que Gobierno quiere añadir 78.000 millones de euros a las cuentas del Estado, mediante privatizaciones, recortes salariales, cierre de empresas públicas y aumento de impuestos.

A la movilización sindical se une el movimiento de los “indignados” griegos, que desde hace 20 días se manifiestan pacíficamente en las principales plazas del país.

Para mañana han llamado a formar una cadena humana en torno al Parlamento, coincidiendo con el debate para aprobar esas medidas de ahorro.

Unas medidas que también han encontrado rechazos en el seno del gubernamental Partido Socialista, con el anuncio de uno de sus diputados de que romperá la disciplina de voto y se opondrá al paquete de austeridad.

Pese a que la semana pasada el Gobierno anunció que el grupo parlamentario socialista apoyaba las medidas, los medios griegos aseguran que las divergencias internas han obligado al primer ministro a modificar algunas medidas impopulares.

Entre ellas se cuenta el calendario de privatizaciones de empresas públicas, un proceso que la Eurozona y el FMI quieren que se lleve a cabo lo antes posible.

Papandréu tiene aún hasta finales de mes, cuando se espera que se vote el paquete de medidas, para asegurar el apoyo de sus 156 diputados, de un total de 300, para aprobar las medidas.