El cadáver de un hombre fue encontrado sobre un sillón donde fue abandonado en plena calle en Ciudad Juárez, Chihuahua, el pasado 10 de mayo. El asesinado presentaba al menos un disparo y una bolsa de plástico en la cabeza, además tener un cinto al cuello. Foto: Nacho Ruiz, Cuartoscurco

Ciudad Juárez ha enfrentado circunstancias muy difíciles que le han dificultado seguir adelante y progresar, como administraciones de Gobierno que no hacen más que estorbarle a una población trabajadora que se activa desde las cuatro de la mañana y termina su movimiento hasta las dos de la mañana, cuando regresan a casa los obreros del segundo turno.

No son parranderos trasnochados, sino hombres y mujeres que salen a producir infinidad de mercancías para que las empresas trasnacionales aquí instaladas mantengan sus índices de ganancia, y lo hacen por menos de un dólar la hora de trabajo, comida y aire acondicionado en la fábrica; por eso cuando a esta población se le carga la mano de la muerte, es adecuado decir que el Gobierno ya entregó la ciudad a los delincuentes.

El último fin de semana viajé de Chihuahua a Juárez entre las 11 p.m. y las 3 a.m. y, aunque acababa de pasar el día 10 de mayo (fecha que muchos aprovechan para visitar a sus madres fuera de la ciudad) y entre ambas urbes deben existir cerca de 600 mil vehículos con derecho a transitar entre sí, cuando llegué a mi destino, después de 360 km de carretera, caí en cuenta que me tocó ver un solo automóvil particular (aparte de tráileres y vehículos de carga). Nadie viajó entre una ciudad y otra en un día de fiesta por el que normalmente se abarrotarían las carreteras.

Es porque se vive bajo el miedo y el terror.

Durante la semana, entre el lunes y el jueves se reportaron nueve homicidios y el fin de semana se registraron 28 más; en Jiménez dos niños de 10 años que acudían a la escuela primaria fueron alcanzados por el fuego cruzado, uno de ellos murió.

La situación en el Estado de Chihuahua es otra vez de emergencia, otra vez es un Estado sin Gobierno y la delincuencia actúa impunemente, y otra vez debemos encerrarnos en nuestras casas. Pero Juárez también tiene la fuerza del Fénix, para levantarse de sus cenizas en el fuego del verano.

La fórmula juarense es sencilla, aunque requiere que todas las partes cumplan; debe iniciarse un proceso de contención del delito mediante una estricta colaboración entre la ciudadanía organizada y las autoridades federales, estatales y municipales, con un plan específico de acción y medición. Si no se logra esta colaboración, no funciona el modelo que ya nos rescató una vez de la violencia.

Pero, aunque tenemos la fórmula y las rutas críticas a seguir para recuperarnos, las autoridades de los tres niveles simplemente no se comunican entre sí. Recientemente se dio una confrontación a raíz de la orden de un juez de la Ciudad de México de trasladar a “La Coneja” Gutiérrez para allá: Policías estatales arriesgaron su pellejo enfrentando a los federales que estaban a cargo de llevar al señalado al aeropuerto. Y el día siguiente el gobernador Corral envió un mensaje enérgico jurando a los chihuahuenses que defenderá, con todos los recursos legales a su alcance, el derecho de Chihuahua a enjuiciar y sentenciar a La Coneja.

Nada dijo toma de la toma del Estado por la delincuencia; ni él, ni el secretario de Gobernación, ni el presidente municipal se dieron por enterados de la cantidad de homicidios sucedidos en estos días.

Parece que en Chihuahua vale más una coneja que la vida de sus habitantes.