“Decidí respetar a todos los animales sin escoger cuales se respetan en mi país, si no por que todos quieren vivir y tienen la misma capacidad de sentir dolor, es muy fácil cerrar los ojos y dejar de ver, pero una vez que los abres, no hay vuelta atrás”, escribe Blanka Alfaro de Mercy For Animals México.

Ciudad de México, 15 de julio (SinEmbargo).- No he sido vegana toda mi vida. Hace 13 años, al rescatar gatos y perros, comencé a hacerme más sensible al dolor de los animales y constantemente me decía a mí misma: “Algún día seré vegetariana”. Claro, me dije eso durante más de un año, pero cada vez que lo consideraba, pensaba, ¿cómo podré dejar la carne? Sobre todo los tacos, ¡tan ricos! Y, ¿comer solamente verduras y ensaladas? ¡Guac! Me parecía muy difícil.

Un día, fui a la fiesta de un familiar en la que sirvieron un espagueti con trocitos de carne que se veía delicioso. Estábamos todos en la mesa comiendo en silencio, cuando escuché la voz de un primo que me dijo en voz alta, mientras todos prestaban atención en la mesa: “Pues, ¿no que muy protectora de los animales? Y te comes una vaca”. Me quedé callada, sin poder darle otro bocado a mi comida y sonriendo como tonta, sin saber qué contestarle. En ese momento me di cuenta de que él tenía razón, y miles de preguntas se empezaron a formar en mi cabeza.

Pensaba, ¡claro que soy protectora de animales! Mientras veía cómo él seguía comiendo tranquilo, como si no me hubiera soltado una bomba. Claro, al pensar en animales, aunque sea una palabra con un significado tan extenso que incluye a todas las especies y a nosotros mismos, yo pensaba automáticamente en perros y gatos.

Marley, Molly, Lola. Foto: Santuario Libres al Fin!

Al comentarle a las personas sobre mi intención de dejar de consumir carne, incluso quienes apoyaban mi causa de defender a los perros y los gatos, me decían cosas como: “Bueno, es que lo de comer carne no es algo que hayamos inventado nosotras, siempre se ha hecho, para eso son…”.

Entonces, me puse a pensar, ¿cómo quiero educar a la gente para que no maltrate a los perros y los gatos, si en la noche yo me ceno a un cerdo, una vaca o un pollo? Pensaba, ¿cómo puedo ser una defensora de los animales si solo me preocupo por los perros y los gatos? La gente dice que las vacas, los cerdos y los pollos nacieron para eso. Pero, ¿quiénes inventaron eso, los humanos? Los humanos dicen que los perros y los gatos son nuestros, que deben servirnos, estar ahí a nuestra disposición y justifican su maltrato.

¿Qué diferencia hay entre un gato o un perro y un cerdo? A todos se les pueden enseñar muchas cosas, y la inteligencia de los cerdos es equivalente a la de un niño de tres años.

¿Qué diferencia hay entre el antirrábico y un matadero? En el primero, matan a cien perros al mes y en el segundo, al principio les disparan a los cerdos en la cabeza con una pistola de aire para después colgarlos boca abajo y, cuando aún están vivos, les hacen un agujero en el cuello para que se desangren, y no se lo hacen solamente a cien de ellos, como a los perros, sino a ¡miles, cada semana! Tan solo en México, se matan más de 1 mil 600 millones de animales confinados en granjas al año.

¿Con qué derecho criticaba a quienes explotan a una perrita hasta el cansancio en un criadero y la tiran cuando “ya no sirve”? Le quitan a sus cachorros al mes para venderlos, pero yo me tomaba la leche de una vaca que no conoce nada más que estar parada en un espacio que no es más grande que su propio cuerpo, conectada a un aparato para sacarle leche todo el tiempo, y que llora por días cuando la separan de sus terneros, a quienes venden como carne “tiernita”. Después de un par de años, se colapsan porque no aguantan vivir de esa forma mientras les siguen arrebatando a sus bebés.

Ramona. Foto: Santuario Libres al Fin!

¿Con qué derecho le pedía a la gente que tuviera compasión por los perros y los gatos? Ahora sé que al año, más de 190 millones de gallinas explotadas por la industria del huevo nunca verán ni sentirán el sol, ni extenderán las alas, ni respirarán el aire fresco. A los pollos, los engordan desde bebés para que crezcan muy rápido en un lapso muy corto, lo que causa que sus piernas se deformen y no puedan ni siquiera pararse a tomar agua o a comer. ¿Todo este sufrimiento para que yo pueda comer pollo? Al saber esto, se hizo muy difícil comer ese pollo sin pensar en que yo era cómplice de ese maltrato y que indirectamente estaba pagando para que alguien más los matara de esa forma.

¿Cómo podía decir que “para eso nacieron”? Sentía que podía escoger entre dos especies de animales y decir que debemos respetar y ayudar a algunos, mientras los demás, quienes los superan en número y sufrimiento, son asesinados para producir ropa o “comida”. ¿A quiénes sí tengo derecho de explotar sin sentirme culpable?

Después de analizar todo esto, me di cuenta de la incongruencia de mis actos y mis expectativas, y me di cuenta de que si no abría los ojos y empezaba a cambiar para, al menos, hacer lo que predicaba, nunca vería cambios en los demás. No puedo pedir que alguien cuide un animal cuando yo me como a otro, ¿cómo me quejo de que en China se comen perros y gatos y pienso que son personas malvadas? Yo he comido cerdos, pollos, vacas, lagartos, caballos y patos, ¿por qué unos sí y otros no? ¿Acaso no sufren igual? ¿No sienten dolor de la misma forma?

Eso dio vueltas en mi cabeza hasta que obtuve mi respuesta, decidí respetar a todos los animales sin escoger cuales se respetan en mi país, si no por que todos quieren vivir y tienen la misma capacidad de sentir dolor, es muy fácil cerrar los ojos y dejar de ver, pero una vez que los abres, no hay vuelta atrás.

Me siento físicamente mejor que nunca, éticamente, es de las decisiones más reconfortantes que he tomado, y descubrir la variedad y combinaciones de comida deliciosa que no tenía idea que existía, ha sido un verdadero placer.

Machete. Foto: Santuario Libres al Fin!

Es sólo cuestión de decisión.

Si quieres ayuda para hacer la transición a una alimentación sin productos derivados de la explotación animal, visita www.EligeVeg.com.