“El Mancera de hoy es más bien la presentación urbana del Layín de San Blas, Nayarit”. Foto. Cuartoscuro

Otra vez el tema de la participación del Ejército en tareas de seguridad pone a prueba la congruencia intelectual de nuestros políticos, con Mancera al frente.

La lógica de los gobernantes mexicanos como Mancera, ante la repetición constante de los mismos argumentos y sufrimientos de la población, está alterada por su ignorancia del buen Gobierno.

Con el silogismo que aprendí en 1965 se hace este razonamiento: Si la delincuencia se combate con una institución eficaz, y el Ejército es ineficaz para combatirla, entonces las fuerzas armadas deben ser retiradas del combate a la delincuencia.

Hasta el General Cienfuegos ha dicho y repetido lo anterior para justificar cada derrota táctica que sufre, y ha reiterado incesantemente que el Ejército no tiene facultades para las tareas que corresponden a la PGR.

Pero Mancera insiste en esto, no comprendo su lógica, y afirma que el Ejército debe seguir combatiendo la delincuencia porque la Policía civil no está preparada para ello.

Cuando lo eligieron Jefe de Gobierno, sus opiniones ante problemas complejos eran muy simples y daba la impresión de ser un maestro de primaria que usaba un lenguaje sencillo pero se le agradecía la didáctica; sin embargo el Mancera de hoy es más bien la presentación urbana del Layín de San Blas, Nayarit.

No advierte que, al justificar la intervención del Ejército por la ineficacia de la Policía civil, está invitando a militarizar la Ciudad de México con el siguiente razonamiento: Si fracasa la Policía ciudadana hay que llamar al Ejército, y la Policía ciudadana está fracasando en la CdMx, entonces hay que llamar al Ejército a las calles de la metrópoli.

¿Será que Mancera, en su angustia por la falta de poder político en la ciudad, está pensando en invitar a la Marina y a los soldados a encargarse de la Ciudad de México?

Ya se han cumplido 10 años de la intervención anticonstitucional y desastrosa de las Fuerzas Armadas en la cotidianidad de la sociedad mexicana y no sólo se ha demostrado que no alcanza los objetivos esperados, sino que es vulnerable al desarrollo tecnológico y táctico de la delincuencia organizada.

El Ejército que empezó a combatir delincuentes en 2006 sigue con su misma estructura, estrategias y prácticas de antaño, y la única ley que reconocen es la voz de mando y la convicción de la impunidad de sus actos. Así lo demuestra la ejecución extrajudicial hecha por un soldado convencido de que no le pasará nada, en Palmarito, Puebla.

Así eran en 2006 y siguen siendo en 2017.

Pero la delincuencia de 2006 evitaba enfrentarse frontalmente al Ejército, sólo asesinaban policías paisanos, ahora ya atacan a las fuerzas castrenses, de manera exitosa muchas veces, porque están mejor armados y son más flexibles en su despliegue de batalla.

Y considerando que las respuestas oficiales son muy agresivas contra la ciudadanía común, el Ejército pierde credibilidad cada día; la experiencia de Juárez es indiscutible, aquí sólo nos causaron perjuicios.

Por eso, con más de una década de malas experiencias, me sorprende que Mancera use los mismos argumentos que se usaron en 2006.

Dicen que Einstein dijo: “(Locura es) Hacer lo mismo esperando obtener resultados distintos”. Soy más benévolo en el juicio a Mancera y sólo lo califico de menso.