Washington, 16 jun (EFE).- La colisión de una estrella y un enorme agujero negro ha desatado una de las mayores y más brillantes explosiones espaciales jamás registradas, cuyo destello viajó a 3.800 millones de años luz hasta llegar a la Tierra.

Así lo indica un estudio publicado hoy por la revista Science y en el que han colaborado científicos españoles del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Los científicos investigaban el origen de un haz de rayos gamma que fue observado el pasado 28 de marzo desde el satélite Swift de la NASA, un fenómeno que bautizaron como Sw 1644+57.

En un principio, pensaron que podía tratarse de un estallido de rayos gamma, pero la persistencia de la luminosidad, que en esos fenómenos suele disiparse rápidamente, y el hecho de que se reactivara tres veces en apenas 48 horas llevó a los investigadores a buscar otra hipótesis.

“Era algo totalmente diferente que cualquier explosión que hubiéramos visto antes”, dijo en un comunicado Joshua Bloom, científico de la Universidad de Berkeley (California) y uno de los autores principales del estudio.

Bloom sugirió que la causa podía haber sido la caída de una estrella del tamaño del Sol en un agujero negro un millón de veces mayor, lo que generó “una cantidad tremenda de energía a lo largo de mucho tiempo”, en un fenómeno “que aún persiste dos meses y medio después”.

“Eso se debe a que el agujero negro desgarra la estrella, su masa gira en espiral como el agua que entra en un desagüe, y este proceso libera muchísima energía”, explicó el investigador.

Alrededor del 10 por ciento de la masa de esas estrella se convirtió en energía irradiada como rayos X y gamma, que podían verse desde la Tierra porque el haz de luz apuntaba hacia la Vía Láctea, indica el estudio.

Al repasar el historial de explosiones en la constelación Draco, donde fue observado el fenómeno, los científicos determinaron que se trata de un acontecimiento “excepcional”, dado que no encontraron indicios de otras emisiones de rayos X o gamma.

Lo más fascinante, según Bloom, es que el fenómeno comenzara en un agujero negro en reposo, que no estaba atrayendo materia, como lo están casi todos los que se encuentran en el centro de cada galaxia.

“Esto podría pasar en nuestra propia galaxia, donde hay un agujero negro que vive en quietud en el centro, y que borbotea ocasionalmente, cuando traga un poco de gas”, aseguró.

No obstante, Bloom subrayó que le sorprendería ver otro fenómeno similar en el cielo “en la próxima década”.

La explosión es algo “nunca visto” hasta ahora en la longitud de onda de los rayos gamma, por lo que lo más probable es que sólo se produzcan “una vez cada 100 millones de años, en cualquier galaxia”, calculó.

El estudio estima que las emisiones de rayos gamma, que comenzaron el 24 o 25 de marzo en una galaxia no identificada a unos 3.800 millones de años luz, se disiparán “a lo largo del próximo año”.

“Creemos que este fenómeno se detectó en su momento de mayor brillo, y si realmente se trata de una estrella destruida por un agujero negro masivo, predecimos que nunca volverá a ocurrir en esa galaxia”, aseveró Bloom.