Finalmente, mi intervención se centró en el tema de la violencia criminal en los procesos electorales estatales. Foto: Cuartoscuro

Hay una preocupación en los países más desarrollados por las noticias que llegan desde México.  La imagen de una sociedad corrupta, violenta y de baja calidad democrática, cuando no la percepción de que somos un Estado fallido, está en la conciencia de lugares distantes. Esa gente con frecuencia se pregunta en qué momento se torció nuestro país.

Las más acuciosos buscan documentar el quiebre y para ello con frecuencia invitan a los académicos para que expongan sus investigaciones. Acaba de suceder en Japón donde se celebró el 38 Congreso de la Asociación Japonesa de Estudios Latinoamericanos (AJEL) que preside el Dr. Takahiro Miyachi y asistimos como parte de una delegación de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas (AMECIP).

Se le pidió a nuestra asociación que enviara a quienes están trabajando dos temas especialmente sensibles: Uno, el de la calidad democrática, que la AMECIP trabaja desde de su fundación y el otro el de la violencia criminal en los procesos electorales.

Ya la selección de los temas evidencia la preocupación japonesa que afortunadamente se están estudiando en la academia mexicana. Así, fuimos a la Universidad de Tokio, seis miembros de la AMECIP provenientes de otras tantas instituciones educativas.

Jesús Tovar, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, dictó una conferencia magistral sobre la calidad de la democracia en América Latina que sirvió de techo teórico y empírico para inscribir las presentaciones sobre México. El académico destacó que en la región latinoamericana desde la democratización de República Dominicana en 1978, inicia un ciclo que perdura hasta la actualidad como la llamada tercera ola democratizadora.

A partir de entonces se alcanzan 19 democracias a inicios de la década del 2000 de un total de 20 países en esta región, las cuales más allá de compartir el requisito de que sus gobiernos surjan de elecciones competitivas y periódicas, manifiestan muchas diferencias entre sí, ya sea en cuanto a sus condiciones procedimentales (equilibrio de poderes, competencia, estado de derecho), como respecto de sus resultados, los cuales afectan la vida de los ciudadanos (libertad e igualdad).

La puerta de las presentaciones mexicanas la abrió nuestra colega Rosario Varela, profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Coahuila,  quien expuso el tema de la paridad de género y la calidad de la democracia en nuestro país. Para ello analizó el efecto de la sentencia 12 624 del TEPJ y la paridad de género, sobre la capacidad electoral de los partidos políticos para llevar mujeres al poder. El notorio incremento de mujeres en las dos últimas legislaturas demuestra que estas acciones han fortalecido la función de los partidos de ser vías de acceso de la ciudadanía al poder. Pero advirtió una zona de conflicto en la manifestación de la violencia política por razones de género, que algunas mujeres han experimentado, pues su presencia desestabiliza el statu quo del poder masculino.

Luego intervino Nelly Caro, investigadora de El Colegio Mexiquense, quien presentó en colaboración de Arlette Covarrubias una ponencia que aborda las diferencias entre diversos tipos de ciudadanías en México  y las del Estado de México, analizada a partir de diversos actores para reflexionar sobre la calidad de la ciudadanía, su relación con el grado de modernidad de los actores presentes en México y también sobre las desigualdades de género persistentes en el país.

José Manuel Luque, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, también en la línea de calidad democrática, señaló que México es ahora, con todos sus defectos, una democracia electoral o una poliarquía en el estado nacional y en 27 de los treinta y dos estados. No obstante, nos dice,  es una democracia demasiado imperfecta, con muchos más problemas de los que puede resolver en el corto plazo: Corrupción institucionalizada, malas prácticas electorales, violencia endémica contra la sociedad y contra los periodistas, crimen organizado, y un aumento constante de grupos a los que el italiano Luigi Ferrajoli denomina “poderes salvajes” esto es, grupos que se apropian para su propio beneficio de bienes públicos en sentido amplio, como las libertades, la seguridad y los espacios públicos, el erario y el capital generado por el trabajo.

Sergio Pacheco, presentó un trabajo en colaboración con Jesús Rodríguez, ambos de la Autónoma de Ciudad Juárez, destacando que estos estudios se han centrado en la esfera estatal-nacional dejando zonas grises poco exploradas en el nivel subnacional (municipios y estados).

Gustavo López, del Tecnológico de Monterrey, analizó el caso de las elecciones estatales de 2016 donde las razones de la alternancia dependen de cada entidad, pero en general puede advertirse que los estados con más pobreza, mantuvieron a los mismos partidos que gobernaban antes de la elección, con la clara excepción de Veracruz y, en menor medida, Oaxaca. Los estados, nos dijo, que tuvieron alternancia se caracterizan por tener mejores condiciones de desarrollo, pero mayor presencia de crimen, percepción de criminalidad y percepción de corrupción. Pero cualquier variable de estas, por sí misma, no explica la alternancia. Finalmente, la división interna en los partidos al seleccionar candidatos, la presencia de grupos políticos dominantes o la incapacidad para generar candidaturas a partir de alianzas electorales, limitaron la alternancia en otras entidades.

Finalmente, mi intervención se centró en el tema de la violencia criminal en los procesos electorales estatales, tome como base a Sinaloa pieza indispensable para explicar la actuación de los cárteles en la vida pública, ahí también se celebraron elecciones en 2016 bajo una atmosfera de violencia e intimidación. Partimos, para ello desde las teorías de comportamiento electoral especialmente la funcionalista y la económica, mejor conocida como teoría de la acción racional, ahí exploramos la persistencia de los sistemas políticos convulsionados por la violencia y los incentivos que tienen los ciudadanos para participar en los comicios sea a través de una militancia partidaria, como funcionario de casilla o simplemente como elector. Y es que encontramos en nuestras indagaciones una caída en la participación de la elección de gobernador, pero también incentivos, cuando hay candidaturas que generan confianza y animan la participación.

No puedo, dejar de reconocer que en Japón, hay una comunidad académica que estudia los temas de fondo de América Latina y eso ha favorecido la comunicación entre asociaciones afines, en septiembre próximo la AMECIP celebrará en Cancún su V Congreso Internacional con la presencia de los colegas japoneses pero, también, de otros miembros destacados de la ciencia política contemporánea que nos ayudaran a responder a la pregunta ¿Cuándo se torció México?