En 17 trimestres, desde enero de 2013 a marzo de 2017, la deuda pública ha estado en semáforo rojo en 15 ocasiones; es decir, su tasa de incremento fue mayor dos veces a la tasa de crecimiento del país, de acuerdo con una medición de la organización civil México, ¿Cómo Vamos?

El país, explicaron economistas, ha registrado un endeudamiento de hasta un 50 por ciento del PIB –más que en sexenios pasados– por el déficit público, que deriva de un desbalance entre un aumento en el gasto público de 2 por ciento del PIB durante este sexenio e ingresos tributarios y petroleros insuficientes.

La mayoría del gasto se deriva del pago de pensiones –que ha aumentado un 8 por ciento–, el crecimiento del costo de la deuda por la tasa de interés y las participaciones enviadas a las entidades federativas.

Ciudad de México, julio (SinEmbargo).– El pago de pensiones, los recursos enviados a los estados y el pago de intereses por la deuda suman las tres cuartas partes del gasto público, lo cual, al no ser compensado lo suficiente con los ingresos tributarios, que rondan el billón de pesos, genera un déficit público y ello una deuda pública que no da espacio para la inversión pública, clave para el desarrollo, de acuerdo con economistas.

“[El gasto] en las participaciones a estados y municipios y el pago de pensiones crecen, pero los ingresos petroleros no, por lo que la deuda pública sube y la inversión pública seguirá estancada. La inversión ha sido uno de los factores de ajuste al gasto y ha estado castigada”, afirmó Noel Pérez Benítez, director de finanzas del Instituto Belisario Domínguez.

En el Presupuesto de Egresos de la Federación 2017, Hacienda estima un gasto de 742 mil 566 millones de pesos para participaciones (15 por ciento del PEF), 720 mil 128 millones de pesos para pensiones (17 por ciento del PEF) y, en contraste, un ingreso petrolero por 400 mil 415 millones de pesos. Además, el costo de la deuda fue en 2016 por 473 mil 033 millones de pesos en intereses y en el primer trimestre de este año va en 100 mil 200 millones de pesos, principalmente por el dólar y el aumento a la tasa de interés referente.

Luis Foncerrada Pascal, Director General del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), destacó que, ante estos gastos comprometidos, desde hace cuatro años y medio el gasto público del gobierno federal ha aportado al crecimiento económico en 0.1 por ciento (2013), 0.0 por ciento (2014), -0.2 por ciento (2015), -0.2 por ciento (2016) y se estima un -0.2 por ciento (2017).

Sin embargo, la Secretaría de Hacienda prevé que México termine este año, el penúltimo del sexenio, debiendo más de 9 billones de pesos, el 48 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Esto en comparación al inicio de la gestión cuando se debían casi 6 billones de pesos, el 33.9 por ciento del PIB, esto es, 14 puntos porcentuales más.

“Esto es un aumento significativo y coloca al actual administración como la más endeudada de los últimos sexenios. Al término de su gestión, Ernesto Zedillo [1994-2000] había logrado colocar el saldo bruto de la deuda en 22.6 por ciento del PIB; Vicente Fox [2000-2006] en 21.4 por ciento del PIB; y Felipe Calderón [2006-2012] en 33.9 por ciento”, expuso Marcelo de la Jara, Director del Programa de Crecimiento Económico y Mercado Laboral del CEEY.

Además, si bien 26 países desarrollados de la OCDE están más endeudados que México, no es así frente a países emergentes como Brasil, Colombia y Chile, dijo Noel Pérez Benítez, director de finanzas de Instituto Belisario Domínguez.

En mayo de 2017 el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), la medida más amplia de deuda pública, ascendió a 9 billones 197.3 mil millones de pesos, el 44 por ciento del PIB.

Enrique Cárdenas, director del CEEY, explicó que el país ha registrado un endeudamiento por el déficit público, el cual viene principalmente por un desbalance entre un aumento en el gasto público de 2 puntos porcentuales del PIB durante este sexenio e ingresos públicos insuficientes. La mayoría del gasto se deriva del pago de pensiones, que ha aumentado un 8 por ciento; el crecimiento del costo de la deuda por la tasa de interés; y las participaciones enviadas a las entidades federativas.

Aunque la deuda como proporción del PIB ha subido considerablemente, el costo de esa deuda como proporción de los ingresos tributarios, para pagarla, ha bajado de 28 a 18 por ciento, matizó el economista José I. Casar Pérez, de la Academia Mexicana de Economía Política.

La dependencia a cargo de José Antonio Meade Kuribeña anunció que en marzo el Banco de México (Banxico) entregó 321 mil 653 millones de pesos al Gobierno Federal por concepto de su remanente de operación, proveniente de las reservas internacionales, de lo cual se emplearán 225 mil 157 millones de pesos, el 70 por ciento, “para la amortización de deuda contraída en años anteriores y/o para reducir el endeudamiento del año en curso”.

Pero los economistas coincidieron que al ser este un ingreso de solo una vez, no influye para una tendencia a la baja de la deuda pública.

“Este remanente ayudó a que se viera mejor la deuda del gGobierno federal, analizada por las calificadoras y eso es bueno para la calificación crediticia. Pero no hay una participación de la política fiscal para resolver los retos”, expuso Luis Foncerrada, del CEESP, al recordar que Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch izaron la bandera amarilla frente al acelerado incremento de la deuda.

Para combatir el endeudamiento, se necesita un menor gasto o más eficiente, así como recibir mayores ingresos. Sin embargo, aunque la caída de 5 por ciento del PIB de los ingresos petroleros fue compensada por el aumento en 4.5 por ciento por ingresos tributarios (IVA, ISR, IEPS) durante el sexenio, estos “no son suficientes; ya dieron lo que tenían que dar”, aseguró Enrique Cárdenas, director del CEEY.

De enero a mayo, los ingresos tributarios no petroleros ascendieron a 1 billón 235.6 mil millones de pesos, monto superior en 0.2 por ciento real respecto al mismo periodo de 2016, reportó Hacienda.

Noel Pérez Benítez, director de finanzas de IBD, expuso que los datos de Hacienda revelan que los ingresos tanto petroleros como tributarios se mantendrán planos en 21 por ciento del PIB. Pero al tener comprometidos los gastos en participaciones a estados y municipios, a las pensiones y al costo de la deuda, “ya nos comimos los ingresos públicos” y no pueden emplearse para saldar la deuda, remató.

LA DEUDA PÚBLICA EN SEMÁFORO ROJO

La deuda pública, los préstamos internos y externos contraídos por el sector público, es un mecanismo para generar obra pública e inversión que “no debe ser abusado”, ya que un saldo demasiado alto genera desconfianza por parte de inversionistas, explica México, ¿Cómo Vamos? Sin embargo, en 2016 la inversión pública cayó -8.3 por ciento y en los primeros cinco meses de este año un -20.7 por ciento, más que en sexenios pasados.

En 17 trimestres desde enero de 2013 a marzo de 2017, la deuda pública ha estado en semáforo rojo en 15 ocasiones, es decir, su tasa de incremento fue mayor dos veces a la tasa de crecimiento del país, ha medido la organización civil.

El economista José I. Casar Pérez, de la Academia Mexicana de Economía Política, expuso el lunes pasado durante un seminario que “el crecimiento del PIB es un determinante crucial del coeficiente del endeudamiento”. Pero ante la caída de los precios del petróleo y de los ingresos petroleros, desde 2014 la política fiscal “fue más agresiva”, pero la economía “no reaccionó” por la composición de la inversión pública, la cual se fue en picada y otra parte se fue a otros gastos.

Por ello, concluyó, para que la tasa de crecimiento económico sea mayor o similar a la de endeudamiento, se debe redireccionar la inversión pública.

Al cierre de 2013, dicen las cifras de Hacienda, la deuda pública se ubicó en el 35.3 por ciento del PIB y registró una tasa de aumento de 11 por ciento anual frente al 3.9 por ciento del crecimiento económico. Por otro lado, la inversión pública presentó solo un aumento de 4 por ciento frente a 2012, sobre todo en desarrollo social.

Al término de 2014, el endeudamiento ya estaba en el 38.4 por ciento del PIB mediante una tasa de incremento de 16.9 por ciento anual pese a un crecimiento del PIB de 7.5 por ciento. La inversión pública, por su parte, tuvo un aumento de 7.2 por ciento.

Al final de 2015, el saldo de deuda saltó a 42.7 por ciento del PIB al subir una tasa anual de 17.5 por ciento, pero un crecimiento del PIB de 5.5 por ciento. En tanto, la inversión pública cayó -8.3 por ciento, principalmente en desarrollo económico.

En el cuarto trimestre de 2016, la deuda pública estuvo en 46.7 por ciento del PIB con una tasa anual de aumento de 18.8 por ciento, pese a un crecimiento del PIB de 8.7 por ciento. Pero la inversión pública volvió a caer -8.3 por ciento.

México debe, pero al tener más gastos comprometidos que ingresos, no tiene margen para invertir ni para saldar esa deuda.