“El compromiso de los bancos en esta materia es urgente, porque miles de personas en diferentes lugares del mundo siguen siendo víctima las violaciones a los derechos humanos y las injusticia que derivan de explotar las arenas bituminosas”. Foto: cuartoscuro

Por Carlos Samayoa

Es interesante entrar a las instalaciones corporativas de los grandes bancos. Parece que la regla de oro es la pulcritud, la limpieza y el lujo. El personal ejecutivo viste con mucha formalidad. Mientras más grande y poderoso es el banco, más suntuosos, altos e imponentes son sus edificios. Con ello, los bancos buscan proyectar a sus clientes, inversionistas y competidores una imagen corporativa de éxito, poder, profesionalismo, seriedad y responsabilidad, pero ¿hay congruencia entre la imagen que proyectan y sus acciones?

En más de una ocasión, los altos niveles de estas corporaciones han decidido financiar proyectos de infraestructura que difieren mucho de la pulcritud; por el contrario, son proyectos que dejan severas huellas de contaminación y daño ambiental. Un ejemplo es la participación de los bancos en la financiación de oleoductos de arenas bituminosas, un tipo de hidrocarburo cuya extracción involucra procesos altamente tóxicos y deja severos estragos en la tierra, el agua y el aire. Los oleoductos repercuten en una afectación grave a los derechos humanos de millones de personas y en fuertes daños para el medio ambiente.

Proyectos como el oleoducto Trans Mountain Pipeline Expansion Project (TMPEP) o el Dakota Acess Pipeline (DAP) son muestras del incremento de infraestructuras que se construyen sin el consentimiento de cientos de pueblos originarios en Estados Unidos y Canadá.

A los bancos transnacionales que continúan financiando este tipo de operaciones ya se les conoce como la Docena Sucia [1] . Por ello, Greenpeace les está pidiendo tener compromisos más fuertes con el medio ambiente y los derechos humanos. Cada banco define su nivel de compromiso. Para algunos, significa dar un paso inicial para evitar que se proporcionen recursos para la construcción de oleoductos, y para quienes ya avanzaron en eso significa comprometerse a no proveer servicios financieros a empresas que directa o indirectamente puedan apoyar la adquisición, construcción, expansión u operación de cualquier ducto de arenas bituminosas.

BBVA es uno de los bancos que sigue sin comprometerse a no financiar estos proyectos. Por eso, el martes pasado acudimos a su filial mexicana BBVA Bancomer, una de las más importantes, e hicimos notar que este banco transnacional, a pesar de que ha tenido ciertos compromisos ambientales y de derechos humanos, aún no ha dado el paso definitivo y necesario para evitar financiar proyectos contaminantes. Esperamos ver a la brevedad un plan más ambicioso de este banco para lograr un progreso notorio.

El compromiso de los bancos en esta materia es urgente, porque miles de personas en diferentes lugares del mundo siguen siendo víctima las violaciones a los derechos humanos y las injusticia que derivan de explotar las arenas bituminosas. Esto es: la falta de consulta sobre los proyectos que afectarán sus territorios ancestrales, desplazamientos o la contaminación de su agua.

Más allá de la responsabilidad social, los grandes bancos deben asumir su responsabilidad corporativa y ser conscientes de que fuera de los grandes centros financieros donde toman decisiones existen otras realidades, otros mundos en los que el común denominador no es el traje de corte inglés, la vida acelerada y el consumo como hobby. La otra realidad son los pueblos que aún viven del fruto de sus tierras y que en ellas reproducen su cultura y su vida. Asumir como banco su responsabilidad corporativa significar reconocer que el mundo es diverso y que el beneficio económico no está por encima de la salud ni del bienestar de nadie.

[1] Barclays – UK; JP Morgan Chase – US; Toronto Dominion – Canada; Royal Bank of Canada – Canada; Citibank – US; Credit Suisse – Switzerland; Deutsche Bank – Germany; Bank of Tokyo Mitsubishi – Japan; Crédit Agricole – France; Wells Fargo – US; BBVA – US, Spain; and Mizuho – Japan.

Carlos Samayoa es responsable de la campaña Revolución Urbana de Greenpeace México

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