Salinas defendió ayer concesión a Telmex; hoy dice: es un “monopolio, ineficiente y abusivo”

16/12/2014 - 10:08 am
El ex Presidente Salinas hizo una crítica a Telmex y a su dueño, el empresario Carlos Slim Helú. Foto: Cuartoscuro
El ex Presidente Salinas hizo una crítica a Telmex y a su dueño, el empresario Carlos Slim Helú. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 16 de diciembre (SinEmbargo).- Teléfonos de México (Telmex) no sólo es un monopolio privado, sino también una empresa “ineficiente y abusiva”, aseguró el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari en la segunda parte de un escrito que difundió con motivo de los 25 años de la privatización de la compañía que antes era propiedad del Estado.

Salinas escribió en dos entregas para el diario El Financiero 10 puntos sobre la privatización de Telmex. En los primeros cinco, publicados ayer, defendió la licitación y los lineamientos bajo los cuales se desarrolló. En su entrega de hoy no sólo critica la situación actual de la compañía sino que también señala a su dueño, Carlos Slim Helú, de ser un “empresario hábil” que “aprovechó la falta de regulación”.

En los dos puntos en los que Salinas hace una crítica a la situación de la empresa, dice de manera textual:

“’Telmex es hoy un monopolio privado’. CIERTO. La OCDE [Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos] documentó que, como ocurre en algunos países, ‘Telmex controla en México el 80 por ciento del mercado de telefonía fija y 70 por ciento de telefonía móvil. Es una empresa con poder dominante en todos los segmentos del mercado (redes fijas, móvil, banda ancha) y en todas las regiones del país’. La OCDE concluye que Telmex, operador dominante, ‘goza de un poder de mercado duradero que la competencia no está minando y que tampoco está limitado por la regulación de ninguna manera eficaz’”.

En otro punto expone: “’Telmex es hoy una empresa ineficiente y abusiva’.
CIERTO. El documento de la OCDE señala: ‘Sus precios son demasiado altos: los usuarios mexicanos pagan más que los de la mayoría de los demás países miembros de la OCDE. El caso de la banda ancha, la más importante tecnológicamente, es el peor: los precios se cuentan entre los más altos y la tasa de penetración es la menor con velocidades muy lentas. Telmex tiene márgenes de utilidad que duplican a los de la OCDE, y a cambio ocupa los últimos lugares en penetración y el último en inversión per cápita. Altos costos, precios elevados, mala calidad, pocas opciones actúan contra el bienestar de todos los mexicanos’”.

Sobre el dueño de la empresa, Slim Helú, afirma que “no heredó su fortuna de Telmex, sino que aprovechó la falta de regulación neoliberal para consolidarse en el surgimiento de un nuevo sector, la telefonía móvil”.

En los años posteriores a la privatización, escribió, la empresa promovió un “impresionante” programa de inversión que elevó inmediatamente la calidad del servicio y el desarrollo del sector. A finales de los ochenta se invertían en Telecomunicaciones sólo 16 dólares per cápita. Con la privatización subió a 24 dólares. Eso permitió para 1994 casi duplicar el número de líneas por habitante. El tiempo de espera por una línea se desplomó, pues los usuarios pasaron de esperar dos años por una línea a sólo cinco días. En esos años, Telmex invirtió más de 10 mil millones de dólares y el sector de telecomunicaciones creció en promedio siete veces más que la economía en su conjunto.

La productividad por trabajador, continuó, casi se duplicó. Sus precios bajaron 17 por ciento y en esos años Telmex “no ejerció poder de mercado”.

Sin embargo, argumentó que a partir de 1996, tras la falta de regulación y “un proceso judicial ineficiente, Telmex aflojó el paso de sus inversiones para mantener la calidad del servicio, y fue entonces cuando decidió llevar sus capitales a otros países, por lo que para 2010 sólo invertía 7 dólares per cápita, la penetración de líneas por habitante seguía siendo muy baja (la mitad de la OCDE y menor que en la mayoría de los países que tienen el mismo desarrollo de México) y en estados como Chiapas y Oaxaca era la misma que 20 años antes. “La autoridad no logró imponer ninguna sanción ante el poder dominante, y desde 1998 el Regulador no obligó a Telmex a cumplir con la publicación de sus Índices de Calidad”.

A manera de conclusión, sobre este tema, resume que “los hechos duros comprueban que el deterioro actual de Telmex proviene de la ausencia de regulación durante el neoliberalismo, y no de la privatización bajo el Liberalismo Social. Después de la privatización y durante la instrumentación de esta reforma, el régimen neoliberal permitió durante casi 20 años que Telmex abusara de su posición dominante de mercado. Repetidas violaciones y abusos no tuvieron sanciones graves, como regulación asimétrica ni se exigió separación estructural, de funciones o contable, a pesar de su condición de dominante. La autoridad tampoco exigió que respondiera a las solicitudes de interconexión como establecía el Título de Concesión. El señor Slim resultó un empresario hábil que aprovechó la débil regulación del Estado para establecer la posición dominante de Telmex. También tuvo suerte al entrar al mercado Latino Americano de telefonía móvil cuando estaba barato. Su fortuna descomunal exhibe a gobiernos neoliberales permisivos que durante años mantuvieron una regulación ausente que facilitó su acción monopólica”.

EL DINERO DE LAS PRIVATIZACIONES

El ex mandatario negó que los recursos obtenidos por las desincorporaciones durante su sexenio (1988-1994) hayan desaparecido y explicó que tanto los recursos obtenidos de la privatización de Telmex, como los de la banca y el resto, se utilizaron todos para amortizar la deuda pública interna mediante el Fondo establecido en la Tesorería de la Federación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

“Con estos pagos, el saldo de la deuda interna se desplomó, pues bajó de 17.5 por ciento del PIB [Producto Interno Bruto] en 1988 a sólo 4.6 por ciento en 1994. Esto permitió un ahorro permanente en el pago de intereses que absorbían la mitad del presupuesto; al final de mi gobierno sólo eran la décima parte. Con el pago de la deuda interna se redujo lo que generaciones anteriores contrataron y las futuras hubieran tenido que pagar”, publicó.

Según Salinas, se ha documentado que al privatizarse, esas empresas dejaron de recibir subsidios públicos equivalentes al 12 por ciento del PIB “y se convirtieron en importantes contribuyentes del fisco”. Con ese ahorro permanente derivado de ingresos que ocurrían una sola vez, pudimos duplicar el gasto social sin déficit fiscal. Para reducir la deuda interna recurrimos a las privatizaciones y para reducir la deuda externa pusimos en marcha el Plan Brady. El efecto combinado de ambos permitió reducir el saldo total del endeudamiento: en 1988 la deuda pública representaba 59.3 por ciento del PIB y para 1994 se desplomó a sólo 19.1 por ciento del PIB. “La evidencia confirma que lo único que se ‘volatilizó’ fue la ‘inteligencia’ del que lo afirmó”.

También rechazó que las privatizaciones haya permitido que la riqueza del país se concentrara en manos de unos cuantos y citando cifras de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), aseguró que entre 1989 y 1994, los años de las privatizaciones, el 40 por ciento de la población más pobre vio crecer su participación en el ingreso nacional, mientras que el sector con mayor poder económico registró una participación menor, tanto en las áreas urbanas como en las rurales. La CEPAL documentó que “entre 1989 y 1994 se produjo en México un descenso en la pobreza”.

El ex Presidente afirmó que el Banco Mundial también reconoció que durante esta etapa del Liberalismo Social disminuyó en siete puntos porcentuales el número de personas en pobreza extrema y moderada. Es decir, contrario al estereotipo, durante las privatizaciones entre 1989 y 1994 casi tres millones de mexicanos salieron de la pobreza, se redujo la desigualdad y se revirtió la concentración del ingreso.

“Un juicio importante sobre la reforma de las privatizaciones se lo podemos dejar a un intelectual orgullo de México. Octavio Paz, premio Nobel de literatura, señaló en 1993: ‘El proceso de privatización ha desplazado a políticos y burócratas de posiciones clave en el control de la economía. Esto contribuyó a abrir el camino a la democracia’”, concluyó el ex Presidente.

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