En cuanto a la medicación, el estudio demuestra que ésta suprime los síntomas, pero no tiene ningún efecto sobre el volumen cerebral de las personas con TDAH, es decir, no cura el problema original.

De acuerdo con un estudio, los padres deben estar conscientes del trastorno que padecen sus hijos. Foto: EFE.

Por Imane Rachidi

La Haya, 17 de febrero (EFE).- Los niños hiperactivos y con déficit de atención sufren “un trastorno cerebral” producto de la lentitud en el crecimiento neuronal, según un estudio internacional publicado en Holanda que pide poner fin al estigma tradicional de “mala educación” para explicar el comportamiento de esos pequeños.

“Hay una base neurobiológica que explica el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Y eso los padres deben tenerlo claro y aprender a lidiar con sus hijos”, explica a Efe Marcel Wortel, del hospital universitario de Nijmegen, en Holanda, que dirigió esta investigación.

Hay cinco puntos o regiones visibles en el cerebro que muestra una lentitud en el crecimiento neuronal en las personas con TDAH, lo que no ocurre con los que no lo sufren.

Uno de los trastornos más evidentes localizados por los científicos está en los ganglios basales, la parte del cerebro involucrada en el control de la emoción y la cognición, y que se encuentra cerca de la base del cerebro, dentro del telencéfalo.

Esto muestra que el volumen total del cerebro es menor en personas con TDAH, en comparación con personas totalmente sanas.

Dos de los puntos visibles de tamaño reducido están también en la amígdala y el hipocampo.

En la amígdala radican las emociones básicas como el enfado o el miedo; es decir, la región del cerebro que desempeña la regulación de las emociones.

El papel del hipocampo está menos claro -explican los investigadores- pero “posiblemente tenga también que ver con la motivación y la regulación emocional”.

En cuanto a la medicación, el estudio demuestra que ésta suprime los síntomas, pero no tiene ningún efecto sobre el volumen cerebral de las personas con TDAH, es decir, no cura el problema original.

Según el estudio, las diferencias son aún más evidentes en niños y adultos jóvenes, que en personas más mayores, y por ello los investigadores asumen que el retraso en el desarrollo del cerebro es una característica del TDAH.

La investigación se basó en el mayor estudio de neuroimágen realizado hasta la fecha en personas con déficit de atención.

En total se compararon imágenes de mil 713 personas con TDAH y mil 529 personas sin este trastorno, todos en edades comprendidas entre los 4 y los 63 años.

“Las diferencias que hemos encontrado pueden explicar el retraso en el desarrollo cerebral que caracteriza este trastorno de atención”, aseguran los científicos del centro Radboud de Nijmegen.

El TDAH se caracteriza por síntomas de falta de atención, impulsividad e hiperactividad, y lo sufren uno de cada veinte niños (menores de 18 años) en todo el mundo, y dos tercios sufren sus efectos o mantienen signos en su vida adulta.

“Este es un trastorno del cerebro al igual que lo es la depresión clínica, la esquizofrenia y el trastorno bipolar, también asociados con los volúmenes cerebrales anormales”, explica la investigadora Martine Hoogman, del centro médico de Nijmegen.

Los resultados de esta investigación, resalta, exigen poner fin a los estigmas tales como que el TDAH está causado por “la mala educación” o que los niños “son difíciles” de educar, ya que solo es cuestión de que el cerebro madura a otro ritmo.

La investigación, dirigida por la científica holandesa Barbara Franke, ha sido publicada en el último número de la revista Lancet Pschiatry.

Según la publicación, en investigaciones anteriores se solían detectar “diferencias conflictivas” en los cerebros de un grupo de personas con TDAH, probablemente -añade- debido al uso de una población de estudio muy pequeña y poco comparativa.

Sin embargo, las causas siguen siendo objeto de controversia, por eso los autores de esta investigación piden “no estigmatizar” a los pequeños con hiperactividad y déficit de atención, a la espera de encontrar remedio a este trastorno, si lo hay.

“Sólo hemos encontrado las diferencias, no las causas de estas diferencias o los efectos de un tratamiento”, lamenta Wortel, ante la pregunta de cómo deberían lidiar los padres con los niños que sufren este trastorno.