Felipe Calderón, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, las autoridades del TEC de Monterrey, el Ejército comandado por Cuauhtémoc Antúnez: todos tienen su culpa en la muerte y la mancha del buen nombre de Javier Francisco Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso. Así lo muestra el documental y su director, Alberto Arnaut.

Ciudad de México, 17de mayo (SinEmbargo).- Durante mucho tiempo, los parientes de las víctimas fueron acusando al Ejército y a la policía como una fuerza bruta que a cambio de combatir al narcotráfico pasaban a diestra y siniestra por todo lo que se le pusiera enfrente.

Una muestra de eso es el documental Hasta los dientes, de Alberto Arnaut, que muestra como los estudiantes Javier Francisco Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso fueron asesinados por un operativo comandado por el general Cuauhtémoc Antúnez, quien en 2015 recibió el cargo de secretario de Seguridad Pública del gobierno de Jaime Rodríguez, El Bronco, candidato hoy a la Presidencia de México.

Arredondo tenía 24 años. Mercado, 23. Dice uno de los padres que si él se muriera no pasaría nada, pero ellos “con tantos sueños”. Fueron abatidos por los militares que se enfrentaban con pistoleros en los alrededores del Campus Monterrey del Tec, en la Avenida Garza Sada, en Monterrey, Nuevo León.

Para Alberto Arnaut, durante la primera parte de la llamada Guerra del Narco, “en Monterrey el Ejército usaba la fuerza bruta” y nombra casos parecidos, en un proceso que él cree que es “como el Holocausto, como las dictaduras latinoamericanas, ese es nuestro drama”.

Los chicos asesinados por el Ejército. Foto: Especial

La producción, cuyo título se refiere a la versión inicial, en la que se les identificaba como sicarios armados, incluye testimonios de familiares, testigos y autoridades, y se basa en el expediente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que confirmó que los estudiantes abatidos fueron golpeados, se les sembraron armas y la escena del crimen fue alterada.

Alberto Arnaut es egresado de Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana, donde se especializó en Cine Documental. Ha participado como asistente de dirección y editor en diversos documentales sobre derechos humanos dirigidos por María del Carmen de Lara.

–Se ha llamado el crimen perfecto por parte del Ejército al asesinato de tus dos amigos

–No tiene nada de perfecto. Han dejado varias huellas, todo el tiempo. Lo que pasó es que el Ejército en esos momentos estaba protegido por las autoridades de todos los niveles. Las autoridades del Tecnológico de Monterrey, pasando por las autoridades del gobierno estatal, por supuesto por el Gobierno central y también por los medios de comunicación. Los periodistas tenían la consigna de no hablar mal del ejército. Poco a poco ese cerco mediático se ha ido rompiendo. En aquel momento, la CNDH, después de sucedidos los hechos, sacó una recomendación a distintos niveles de Gobierno y ya hablaba ahí de lo que hablo en el documental. Sin embargo, no se le dio demasiada difusión ni tanta mella en la opinión pública. Mi película se basa en esa investigación y es complementada por los parientes de los chicos, con testigos de los hechos, por los testimonios de los guardias de seguridad del Tecnológico de Monterrey y las cámaras de seguridad de la escuela, que se vieron recién ahora.

–¿Fue un doble homicidio y la afrenta de los buenos nombres de Javier Francisco y Jorge Antonio?

–Lo que pasó esa vez en términos generales es que ellos iban saliendo de estudiar a altas horas de la noche, se encuentran con tiroteos entre el Ejército y los Zetas, deciden esconderse detrás de un puente y cuando ven que ya no hay tiros se dirigen a la escuela. Cuando van regresando, en ese momento hieren a Javier y Jorge al ver que su compañero está herido se regresa, lo hieren a él también y en lugar de aceptar su error, lo que deciden es asesinarlos, desfigurarles el rostro y sembrarles armas para hacerlos pasar por sicarios. Ellos iban a formar parte de la desaparición forzada, sus cuerpos, sin que nadie los reconociera iban a ir a la fosa común y las familias no iban a saber nada qué pasó con ellos. Esta película lo que buscaba era lavar el buen nombre de los chicos, no eran sicarios, sino víctimas inocentes de esta guerra y cuando me voy enterando de cómo fueron los hechos decido profundizar para demostrar todo.

Esto es el Holocausto, es nuestra dictadura latinoamericana, nuestra Guerra Civil Española. Eso es, dice Alberto Arnaut. Foto: Facebook

–¿Lo que uno puede inferir es que el Ejército siempre mata a víctimas inocentes?

–Ese fue uno de los casos más sonados, porque fue en el Tecnológico de Monterrey, una de las escuelas más prestigiosas de México, donde estudian las élites políticas del país. Sin embargo, hay muchos otros casos que sucedieron con semanas de diferencia, donde el Ejército hizo exactamente lo mismo. Una semana antes, en la Anáhuac, fue asesinada una pareja, Juan Carlos y Rocío, que se encontraba en medio de una balacera, los hieren, cuando Rocío dice: Ey, estamos heridos, entonces deciden asesinarlos, dejarles armas y hacerlos pasar por sicarios. Pocos meses después, sucedió el caso del médico Jorge Otilio Cantú, que fue perseguido en su camioneta por los militares y cuando entró en pánico, lo masacraron. En Monterrey, esa época, era un modus operandi del Ejército. No es un caso aislado el de Jorge y Javier.

–¿A quién echarías la culpa: A la Guerra de Calderón, a las autoridades del TEC de Monterrey, a Jaime Rodríguez “El Bronco”, al Ejército?

–Todos ellos que mencionaste tienen su grado de responsabilidad. En el caso del TEC de Monterrey ellos contribuyeron a la mentira del Ejército, diciendo que eran sicarios. En el caso del Bronco, que terminó garantizando la impunidad de Cuauhtémoc Antúnez, al ascenderlo a la Secretaría de Seguridad, pero sí creo que hay una responsabilidad mayor de Felipe Calderón, en el momento que decide sacar al Ejército a las calles sin tener un diagnóstico claro de la situación de seguridad pública en el país. Nos puso a todos los ciudadanos en riesgo, el Ejército no estaba capacitado y sigue sin estar capacitado para hacer labores de seguridad pública, para defender los derechos humanos, para cuidar la integridad de las personas. Hasta los dientes es una muestra clara de eso. Esto es el Holocausto, es nuestra dictadura latinoamericana, nuestra Guerra Civil Española. Eso es.

–¿Cuál ha sido la actitud del Tecnológico de Monterrey con respecto al caso y a la película?

–El TEC no se ha manifestado frente a la película. En torno al caso le rinden un homenaje a los chicos, sin medios, sin difusión, del que nadie se entera. El TEC ha sido muy insensible hacia el dolor de las familias y no veo por ningún lado que vaya a cambiar su postura. No solo cometieron el error de decirles a las familias que sus hijos habían sido asesinados, ellos sabían todo desde el primer momento, sino que después, por la influencia cultural que tienen y todo el poderío económico, no contribuyó a la familia para que buscaran verdad y justicia. Eso es algo que nos sigue indignando.