Levantarme, llegar temprano, hacer tiempo entre los tiempos, sólo para ver otro capítulo más de aquella serie que no nos deja dormir.

Así fue el año pasado. Que Orange is the new black, que House of cards, que ¿cómo hago para ver Juego de Tronos si ya no tengo HBO?

Parecía que la vida iba a detenerse entre las series. ¿De qué me pierdo si no vi The Walking Dead?

Cuando estuve enferma lo único que hacía era mirar series. Hasta una turca con capítulos infinitos, que parecía que iba a terminar en happy end, venía una chiripiorca de la protagonista y otra vez a empezar.

Leía todo sobre las series. La última ropa de Robin Wright para ejercer su mandato de segunda en House of cards, ¿cómo se llama ese actor llamado Jaime Lannister, al que le falta un brazo en Juego de tronos? Ah, es dinamarqués, se llama Nikolaj Coster-Waldau, tiene 46 años y está más que de buen ver.

Ese enano de Game of thrones, qué buen intérprete es.

Hasta le prometí a una amiga que iba a ver La reina del sur. Juro que vi unos cuantos capítulos, pero nada, no la puedo tragar a Kate del Castillo ni mucho menos a esos actores segundones de España, esa no la vi como lo había prometido.

¿Y ahora?

No lo sé.

Tengo Claro, me asocié a Amazon, por supuesto que tengo Netflix: ¡Ya me vi toda la quinta temporada de House of cards! Y sin embargo, no pasa nada. Al menos no esa emoción que me caracterizaba antes.

Para colmo, Netflix ha cancelado la elaboración de Sense8, de las Hermanas Wachowski y el comunicado final nos demuestra hasta qué punto esta firma adorada por nosotros en el principio, es otra más, sólo le interesa ganar dólares.

“A nuestros sensates…Hemos visto las peticiones, hemos leído sus mensajes. Sabemos que quieren que #RenewSense8 se convierta en realidad. Si tardamos en responder es porque hemos estado pensando arduamente en cómo lograrlo, pero desafortunadamente no podemos”, dice la nota.

Una vez, leí algo sobre un pueblo perdido en Alemania, adonde habían dejado de transmitir televisión. Los divorcios, las peleas, las reconciliaciones, los encuentros y desencuentros, se expresaban sin pausa. ¿Será eso?

¿O será que tengo que volver a los libros, esa locura siempre a mano y que nunca se funde ni se cancela?

No tengo todavía opinión justa. Ni firme. Sólo que si hay algún día que me despierte y no vea más series, mi biblioteca esté ahí, esperándome, graciosa y ansiosa como siempre.