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Peniley Ramírez Fernández

17/08/2016 - 12:00 am

Los amigos del Presidente

Dicen quienes lo conocen que el Presidente Enrique Peña Nieto es un buen amigo, un hombre de esos que no teme mostrarse generoso y afable con quienes quiere. Al interior de su círculo más íntimo, gusta de las explicaciones simples, las ideas concretas y no teme rodearse de personas con mayor grado de estudios, mejor […]

A pesar de los problemas, las disculpas y las bajas en la popularidad, el Presidente sigue siendo un buen amigo de sus amigos.  Foto: Cuartoscuro
A pesar de los problemas, las disculpas y las bajas en la popularidad, el Presidente sigue siendo un buen amigo de sus amigos. Foto: Cuartoscuro

Dicen quienes lo conocen que el Presidente Enrique Peña Nieto es un buen amigo, un hombre de esos que no teme mostrarse generoso y afable con quienes quiere. Al interior de su círculo más íntimo, gusta de las explicaciones simples, las ideas concretas y no teme rodearse de personas con mayor grado de estudios, mejor dominio de los idiomas o, incluso, mayor tolerancia a las malas noticias.

Un empresario que negoció con él como Gobernador del Estado de México me contó que, desde aquel momento, rehuía abordar temas de gobierno que versaran sobre violencia o narcotráfico, porque prefería concentrarse en otros más positivos, como el empleo.

Los reporteros que cubrieron la campaña presidencial coinciden en esta visión; afirman que Peña Nieto recorría el país con sus promesas de mejoras económicas bajo el brazo, y soslayaba las notas sobre el número de muertos que se ha acumulado en México en los últimos tres lustros, como una plaga que se antoja indetenible. En los primeros meses de su gobierno, parecía como si una mano invisible barriera las noticias sobre desapariciones y asesinatos debajo del periódico, hasta hacerles un hueco fuera de los titulares principales.

Quienes le ofrecieron planes de seguridad en ese momento, recuerdan que Peña Nieto los veía con un gesto de resignación, como una tarea que debía cumplir, pero no le entusiasmaba.

En esa época como gobernador, Peña Nieto viajó desde el Estado de México en diciembre de 2007 hasta Piedras Negras, una pequeña ciudad fronteriza, colindante con Texas, para la boda de uno de sus amigos.

En las fotos que publicó la Revista Caras, medio que tuvo acceso exclusivo al evento, el ahora Presidente se ve más joven y, como es usual, luciendo un peinado perfecto. Lo presentan como “uno de los más fotografiados”. Comparte páginas el ex presidente del PRI Manlio Fabio Beltrones, el ex Presidente de México Carlos Salinas y otros mandos locales.

El luto que aún se vive en esa ciudad de calor intenso y paisaje cortado por el paso incesante de trenes de carga, contrasta con la impactante fiesta, de mil invitados, que protagonizó allí el amigo de Peña Nieto, Humberto Moreira, en ese momento el Gobernador de Coahuila. Más de 300 soldados custodiaron carreteras, caminos y calles, para que los invitados estuvieran seguros. Al concluir la fiesta, los militares se marcharon y, cuentan allí, continuaron las extorsiones, las desapariciones, los homicidios.

Por aquellos años Peña Nieto viajó a China con otro de sus amigos, Ricardo Pierdant, quien dice que lo conoció en la Universidad Panamericana cuando ambos estudiaban, aunque en los registros públicos de México no hay ningún rastro de que Pierdant se haya titulado allí, ni en alguna otra universidad del país.

En una conversación telefónica con Gerardo Reyes, uno de los periodistas más temidos por los políticos de Latinoamérica y quien dirige la unidad de investigaciones donde trabajo en Univision, Pierdant se ufanó de que su relación con Peña Nieto era tan buena, que incluso lo invitaba regularmente a unas fiestas que organiza el Presidente con sus amigos de generación.

La pista más certera sobre los negocios de Pierdant en México surgió casi como una casualidad, en el último de los debates entre los coordinadores de campaña presidencial en 2012, en el programa de radio matutino de Carmen Aristegui. Casi al final de la transmisión y en el límite para la veda electoral, el coordinador de la campaña de López Obrador, Ricardo Monreal, dijo al aire que mostraría una prueba de cómo el PRI había hecho doble contabilidad en 2011, durante la campaña que llevó a Eruviel Ávila al gobierno del Estado de México.

En la pantalla detrás de los entrevistados comenzó a flotar un documento con el nombre de Jorge Pierdant, hermano de Ricardo, y la cifra de 9.5 millones de pesos, por haber surtido memorias USB para la campaña.

Aunque el documento no contenía el nombre de Ricardo, sino únicamente de su hermano Jorge, el empresario aceptó a Reyes que él había formado parte de ese negocio. Lo hizo, quizá, desde una oficina muy discreta, repleta de cámaras de seguridad, que posee en el sur de la ciudad de México. O, tal vez, desde un negocio en una zona humilde en el oriente de la capital, en una pequeña calle de fachadas grises, donde su familia ha registrado direcciones fiscales durante años.

En el mismo año cuando Pierdant surtía artículos promocionales al PRI, él y Peña Nieto cumplían su primer aniversario como vecinos. Según la versión de ambos, fue una coincidencia que Pierdant comprara en 2010, en efectivo y cuando enfrentaba una demanda millonaria por deudas, un departamento justo encima del que Angélica Rivera había adquirido en 2005, primero con una hipoteca y que luego liquidó de contado, dos meses después de su pomposa boda con Peña Nieto en Toluca.

También sería otra coincidencia que Peña Nieto viajara a la ciudad de Miami justamente en los días de enero de 2010 en que se compró el departamento. Mejor aún, que el viaje fue a bordo de un avión privado, de la flota de otro de sus amigos, Juan Armando Hinojosa, quien ya en ese momento era el dueño oficial de la residencia de siete millones de dólares que usaba la primera dama y su familia.

Pero a pesar de los problemas, las disculpas y las bajas en la popularidad, el Presidente sigue siendo un buen amigo de sus amigos. Esta semana, simultáneo al escándalo sobre el departamento en Miami, otro de ellos ocupó los titulares de prensa, desde tierra carioca.

Alfredo Castillo, amigo y colaborador cercano del presidente, primero en la Procuraduría del Estado de México, de la que salió después del caso de la niña Paulette; luego como sus ojos y oídos en Michoacán, de donde salió luego del asesinato de civiles por policías federales en Apatzingán, respondía a la derrota de México en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que la institución a su cargo no era sino una agencia de viajes.

El cupo de dicha agencia, llamada oficialmente Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, incluía hasta quienes no eran miembros por méritos de la delegación olímpica, como la pareja de Castillo.

Este amigo se mantiene en su puesto, sonríe erguido y de vez en cuando se filtra en la prensa que llegará a un puesto de mando en el área de seguridad, en la que ciertamente cuenta con mayor experiencia que su nueva aventura deportiva.

Luego de escándalos de corrupción, que incluso le tuvieron durante una semana detenido en España, Moreira tampoco parece preocuparse. Unos días después de que se conocieran acusaciones de corrupción en cortes de Texas, contra su círculo más cercano por parte de ex miembros del cártel de Los Zetas, Moreira bailaba y celebraba su cumpleaños, como vimos en un video que uno de sus hijos subió a Youtube.

Pierdant tampoco luce demasiado preocupado por las inquietudes de los reporteros sobre sus propiedades. Incluso, le ofreció a Gerardo Reyes, que si quería podía venderle su departamento, el 404 de Crandon Boulevard en Key Biscayne, vecino al de la familia presidencial.

Si la popularidad en caída libre del Presidente Peña Nieto se midiera por la lealtad a sus amigos, otra historia contarían hoy los titulares de prensa, y las agencias internacionales asentadas en México.

 

 

Peniley Ramírez Fernández
Peniley Ramírez Fernández es periodista. Trabaja como corresponsal en México de Univisión Investiga.

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